Aguascalientes, AGS; En Aguascalientes, la expansión urbana avanza con rapidez, pero no siempre con planeación. Cada año, nuevos fraccionamientos y desarrollos inmobiliarios se levantan sobre terrenos que antes eran espacios naturales o agrícolas. El costo silencioso de ese crecimiento es la pérdida constante de áreas verdes, vitales para la calidad del aire, la infiltración de agua y la salud de quienes habitan la ciudad.
Según datos del Programa de Desarrollo Urbano 2040, la mancha urbana de Aguascalientes abarca 13 mil hectáreas, de las cuales apenas mil están consideradas como áreas verdes. Eso representa alrededor de 13 m² por habitante, aunque en colonias como Insurgentes, Ojocaliente o Cumbres esa cifra puede bajar a menos de 1?m², muy por debajo del mínimo recomendado por la Organización Mundial de la Salud, que es de 9 m² por persona.
Para Carlos Romo, presidente del Colegio de Ciencias Ambientales del Estado, muchas de las áreas clasificadas como verdes son en realidad lotes sin vegetación o cauces secos. “Se cuentan como áreas verdes terrenos baldíos, pero no cumplen una función ecológica real. No hay árboles, no hay sombra, no hay nada que regule el microclima”, advierte.
Un caso emblemático es el del bosque urbano La Pona, una de las pocas reservas naturales dentro de la ciudad. Aunque aporta millones de litros al acuífero cada año y tiene un importante valor ecológico, ha sido objeto de intentos de desincorporación para uso inmobiliario. Su situación legal sigue sin resolverse del todo, pese a años de lucha por parte de colectivos ciudadanos y ambientalistas.
Frente a este panorama, expertos y habitantes coinciden en que Aguascalientes necesita un modelo de desarrollo más justo y sustentable. Menos expansión horizontal sin sentido, y más espacios públicos reales, cuidados, arbolados y accesibles para todos. Porque construir ciudad no solo es levantar casas: es garantizar bienestar, sombra, aire limpio y espacios para vivir, no solo para habitar.