¡Pum! Vas manejando, caes en un bache y haces algo que todos conocemos: bajas el volumen de la música para escuchar si acabas de romper algo del coche. En ese segundo no piensas en ideologías ni en partidos. Piensas en la llanta, la suspensión y en cuánto te va a costar el golpe.
Pero hay una pregunta que debería dolernos tanto como el impacto: ¿cuántas veces pagamos por el mismo bache?
Primero pagamos impuestos para tener calles transitables. Después pagamos la reparación del vehículo cuando el pavimento falla. Y, si el problema reaparece y se interviene otra vez, volvemos a financiar la obra con dinero público. No afirmo que toda reparación se haga mal; digo que la ciudadanía tiene derecho a saber cuánto dura lo que paga.
El dato más reciente ayuda a entender el tamaño del hartazgo. En la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana de septiembre de 2026, 91.4% de las personas consultadas en Aguascalientes identificó los baches como un problema de su ciudad. No significa que 91.4% de las calles estén dañadas. Significa algo políticamente mucho más incómodo: prácticamente todos reconocen el problema en su vida diaria.
Y no es una percepción aislada. En septiembre, el secretario de Obras Públicas del municipio capital informó que recibían entre 100 y 120 reportes diarios: unas 700 a 750 solicitudes por semana, cerca de tres mil en cuatro semanas. Detrás de cada reporte hay alguien que se cansó de esquivar un hoyo o de ver cómo se deteriora la calle por la que pasa para trabajar, estudiar o volver a casa.
Aquí conviene ser justos. Hay cuadrillas trabajando, se atienden reportes y existen programas de rehabilitación. Negarlo sería tan fácil como injusto. Pero reconocer el esfuerzo no nos obliga a confundir actividad con resultados. La pregunta no es cuántos parches se colocaron, sino cuántas calles dejaron de necesitar otro parche.
También sería simplista culpar de todo a la lluvia. El agua acelera el deterioro, sí, pero influyen la edad del pavimento, el tránsito pesado, los materiales, las fugas subterráneas y el mantenimiento oportuno. Cuando una calle se abre para reparar una tubería y después vuelve a abrirse para atender el pavimento, no estamos viendo solamente un problema de asfalto: estamos viendo un problema de coordinación.
En septiembre se anunciaron 24 millones de pesos para rehabilitar tramos completos en la capital, precisamente porque en algunas vialidades el bacheo aislado ya no era suficiente. La decisión puede ser correcta. Lo que falta exigir es una respuesta pública y verificable: ¿qué tramos se intervendrán, qué empresa los realizará, qué calidad se supervisará y cuánto tiempo se espera que duren?
Porque el dinero público siempre tiene un costo de oportunidad. Cada peso que vuelve a destinarse a una falla prematura es un peso que no llega a otra necesidad. Y mientras discutimos cómo reparar por tercera vez una avenida, hay familias que todavía esperan la primera pavimentación de su calle.
Propongo cuatro reglas sencillas. Primera: transparencia. Que cualquier vecino pueda saber cuánto costó la reparación, quién la hizo y qué garantía tiene. Segunda: calidad. Que se mida la reincidencia de fallas, no solamente el número de reportes cerrados. Tercera: prevención. Que las áreas de agua, drenaje y obras públicas planeen juntas para no romper dos veces la misma calle. Cuarta: prioridades justas. Que se explique con criterios claros por qué se atiende primero una vialidad y otra debe esperar.
Esto no es una exigencia contra un color. Es una exigencia a favor de quien paga. Un bache no pregunta si el automovilista votó por el PAN, Morena o Movimiento Ciudadano. Tampoco distingue entre el taxi, la ambulancia, la motocicleta del repartidor o el coche de una familia.
En política nos hemos acostumbrado a inaugurar, fotografiar y presumir lo que se hizo. Tal vez deberíamos empezar a reconocer también lo que, gracias a una buena obra, ya no necesita hacerse de nuevo.
No queremos más fotografías de parches. Queremos calles que duren. Porque una buena obra no es la que más veces se anuncia, sino la que menos veces necesita repararse.
Y si mañana volvemos a caer en el mismo hoyo, que por lo menos no olvidemos algo: ¡esa calle ya la pagamos!
Fuentes: INEGI, ENSU, septiembre de 2026; declaraciones de la Secretaría de Obras Públicas del Municipio de Aguascalientes reportadas por medios locales en septiembre de 2026.