Entre Neuronas
Es una frase que escucho mucho en consulta, casi siempre dicha con una media sonrisa: "ya estoy muy grande para esto". Puede ser aprender inglés, cambiar de trabajo, manejar una app nueva o hacer algo distinto con las emociones. Detrás hay una idea bastante extendida: que el cerebro se "termina de armar" en la juventud y después solo queda mantenerlo.
La ciencia lleva años mostrando que eso no es del todo cierto. Al cerebro adulto le cuesta más que al de un niño, sí, pero sigue cambiando con lo que hacemos. A esa capacidad le llamamos neuroplasticidad.
Uno de los estudios que más me gusta para explicarlo es el de los taxistas de Londres. Para sacar su licencia tienen que aprenderse unas 25,000 calles y alrededor de 20,000 lugares de referencia, un proceso que dura de tres a cuatro años y que solo aprueba cerca de la mitad de quienes lo intentan. Las investigadoras Katherine Woollett y Eleanor Maguire, del University College London, les hicieron resonancias magnéticas a un grupo de aspirantes antes de empezar, y los compararon con personas que no eran taxistas. Al inicio no había diferencias entre ellos.
Años después, quienes aprobaron mostraban más materia gris en la parte posterior del hipocampo, una zona muy ligada a la memoria y a la orientación en el espacio. En quienes no aprobaron, y en el grupo de comparación, ese cambio no apareció (Woollett y Maguire, 2011, Current Biology). O sea que no se trata solo de que los taxistas "ya fueran así": el cerebro se modificó en el camino, mientras aprendían algo difícil.
Hay que decirlo con honestidad: el estudio no resuelve si quienes aprobaron tenían de entrada un cerebro más adaptable. Las propias autoras dejan esa pregunta abierta. Lo que sí muestra es que, ante un reto sostenido, un cerebro adulto puede reorganizarse.
Lo que yo me llevo de ahí para la vida diaria es que la plasticidad no se activa con ejercicios sueltos ni con "trucos para la memoria". Parece responder a aprender cosas que cuestan, con constancia y durante tiempo. Algo que nos saque un poco de lo que ya hacemos en automático.
Algo que veo en consulta, por ejemplo en pacientes que se animan a aprender o a cambiar un hábito después de los 40 o 50, lo que más les cuesta trabajo es aprender algo que se les dificulta o que hay una barrera por sus creencias pero cuando lo logran , se quedan llenos de satisfacción.
También aplica a lo emocional. Aprender a respirar distinto cuando hay ansiedad, a pausar antes de reaccionar o a pedir ayuda son aprendizajes, y como cualquier otro necesitan repetición y paciencia. Nadie los domina a la primera semana, y eso no quiere decir que uno no sea capaz.
Si hoy estás pensando en aprender algo que habías descartado por la edad, mi invitación es empezar pequeño y sostenerlo: veinte minutos, tres veces por semana, durante unos meses. Es poco, pero es justo el tipo de esfuerzo repetido que el cerebro parece tomar en cuenta.
Si sientes que te cuesta mucho aprender o concentrarte y no sabes por qué, vale la pena consultarlo con un profesional de la salud mental.
Fuente: Woollett, K. y Maguire, E. A. (2011). Acquiring "the Knowledge" of London's layout drives structural brain changes. Current Biology, 21(24), 2109-2114. https://doi.org/10.1016/j.cub.2011.11.018
Karla Cassio Maestra en Psicología Humanista | Directora de Mental Flow / Fundación DEAS | Especialista en Neurofeedback