-Guillermo Del Toro habló de una película que quiere escribir sobre el secuestro de su padre y de cómo sus vivencias aparecen en su cine.
Guillermo del Toro quiere llevar al cine lo que sintió durante el secuestro de su padre en 1998, una experiencia que ya había influido en El Espinazo del Diablo (2001) y en un guion inédito para adaptar El Conde de Montecristo.
En la reciente edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), donde recibió la Medalla Filmoteca UNAM, el director mexicano mencionó ese proyecto.
"Tengo una película que no es de terror, pero que habla de lo que yo sentí como mi vivencia durante ese tiempo por mi papá", comentó.
También expresó su deseo de volver a escribir en español, después de los años que le tomó aprender a hacerlo en inglés, su segunda lengua.
"Me urge volver a escribir diálogos que me suenen, que no tenga que pensar cinco veces en la rítmica", señaló el cineasta tapatío, quien vive fuera de México desde 1998 y divide su tiempo entre Los Ángeles y Toronto.
Días antes, en una entrevista con Los Angeles Times, Del Toro había adelantado su interés en rodar un drama en México, para el que imagina una escena de secuestro narrada desde tres perspectivas, aunque no aclaró en Morelia si se trataba del mismo proyecto.
"Es una escena de secuestro desde tres puntos de vista: la víctima, quienes llevan a cabo el secuestro y otro componente que no voy a revelar", explicó al diario estadounidense.
Desde la entraña
En Morelia le preguntaron por las adaptaciones literarias que ha realizado y por su interés en contar historias nacidas de su propia imaginación, pero Del Toro consideró que ambas formas de hacer cine tienen un componente personal.
"Incluso trato de que la película hable de algo que me duele en el momento en que la hago. Para mí El Laberinto del Fauno era una declaración de principios muy importante en ese momento. La Forma del Agua igual", dijo.
Al referirse a Pinocho (2022), que codirigió con Mark Gustafson, explicó que en su versión de la obra de Carlo Collodi reunió la fábula con asuntos políticos y experiencias propias.
"La realidad es que al adaptar va la entraña, ¿me entiendes? [...] Es un poquito como la voz del cantante cambia la canción. Y para mí, no soy arreglista. No tomo lo que ya existe y lo parafraseo".
En una charla del Museo Hammer contó que, al convertirse en padre, descubrió que había repetido errores que antes reprochaba al suyo, por lo que en su película es Geppetto quien debe aprender a aceptar a Pinocho tal como es, sin exigirle que se parezca al hijo que perdió.
Con Frankenstein (2025), su experiencia como padre también modificó la manera en que entendía la historia, pues de niño se identificaba con la criatura abandonada y, con los años, comenzó a reconocer sus propios errores en Víctor, según ha contado en entrevistas sobre la película.
En la capital michoacana también retomó sobre El Gigante Enterrado, adaptación animada que prepara de la novela de Kazuo Ishiguro y que, según adelantó, reflejará quién es a sus 62 años.
Explicó que la estructura de la obra, construida alrededor de un viaje, requirió cambios para llevarla al cine.
"Yo no puedo hacer solo esto, tengo que ponerle motores para que camine como película. Yo trato de transformarlo en lo que se necesita".
El niño que fue
Al preguntarle qué le diría al niño que fue si pudiera hablar cinco minutos con él, Guillermo Del Toro recordó sus primeros años como la etapa más infeliz de su vida, marcada por castigos físicos, el miedo al pecado que le inculcó su educación católica y la dificultad para comunicarse con los adultos.
"Entonces me gustaría mucho explicarle que está muy bien estar mal, que es normal sentirte mal, que es normal sentirte bien, que no hay ninguna emoción innecesaria en el catálogo de las emociones humanas.
Todas son necesarias, porque no somos de un color o dos, somos policromos".
También le habría gustado que algún adulto le asegurara que, con el tiempo, podría aprovechar aquellas experiencias, por difíciles que fueran.
Veinte años después
A dos décadas del estreno de El Laberinto del Fauno (2006), ambientada en la España franquista, Guillermo Del Toro reconoció su preocupación por el regreso de discursos de odio y estrategias políticas que buscan enfrentar a distintos grupos de la sociedad, prácticas que creía superadas cuando realizó la película.
"Yo nunca pensé que todo lo que se había ganado en alguna forma se iba a volver a perder, como está ahorita. O sea, el lugar donde nos encontramos rebasa la posibilidad de entenderlo en aquel entonces. La tristeza y la desesperación de entonces la reconozco ahorita", comentó.
Su voz se quebró cuando habló del futuro de los jóvenes y de la responsabilidad que atribuye a las generaciones anteriores por las condiciones en que les entregan el mundo.
"Lo que pasa es que como generación me duele muchísimo ver que una, dos o tres generaciones le fallaron completamente a esta generación. O sea, se entrega a la generación que viene un mundo en ruinas, moral, social, espiritualmente desintegrado el tejido que alguna vez nos permitió articular una fábula o una parábola", comentó.
Sin embargo, el director se resistió a aceptar que el escepticismo sea la única respuesta posible ante ese panorama.
"Es más fácil parecer inteligente siendo un hijo de la chingada que un solidario. Es mucho más fácil parecer inteligente siendo un escéptico cabrón que un creyente que quiere sostener una fe en que podemos unirnos. Los que creemos eso parecemos ingenuos".
El ganador de tres Premios Óscar consideró que los adultos podrían comenzar por reconocer ante los jóvenes el daño que les han causado.
"Creo que si podemos decirle a los jóvenes 'lo siento', con amor, puede funcionar".