¿Lo dije o lo pensé?
Lo que está pasando en el INE da tristeza y, sobre todo, coraje. Los señalamientos sobre contratos y posibles conflictos de interés han provocado una crisis que exige explicaciones. Guadalupe Taddei presentó su renuncia a la presidencia del organismo el 26 de octubre tras graves señalamientos de corrupción en las contrataciones.
Una renuncia no aclara cómo se gastó el dinero ni quién autorizó cada decisión, pero sí sospechas de culpabilidad. Para eso están las investigaciones, que deben hacerse con pruebas y cuyos resultados tienen que conocerse.
Cuesta aceptar que esto ocurra después de tanto esfuerzo por tener una autoridad electoral respetable y con autonomía. Hubo años de discusiones, participación ciudadana y exigencias para que los votos se contaran con reglas aceptadas por quienes competían.
Construir una institución fuerte lleva décadas. Hay que formar personal, establecer reglas, corregir errores y conseguir que la gente confíe en ella, peroes evidente que destruirla puede tomar mucho menos tiempo. Una institución puede conservar sus oficinas, su presupuesto y sus empleados mientras pierde la credibilidad necesaria para cumplir su tarea. Después, recuperar la confianza cuesta años, aunque los responsables del deterioro ya se hayan ido.
Se supone que los procedimientos existen para detectar abusos, incluso cuando alguien tiene un cargo importante. Si hubo irregularidades, habrá que saber quién tenía la obligación de advertirlas, qué información recibió y cómo actuó. La revisión debe incluir a quienes debían supervisar.
El INE anunció una revisión de sus cargos de decisión, así como cooperación con las investigaciones del Órgano Interno de Control y la Auditoría Superior de la Federación. El comunicado de poco servirá si todo sigue igual. Ahora nos toca exigir resultados y medidas concretas para evitar que algo semejante se repita.
También preocupa que esta crisis pueda utilizarse para justificar más control político. Cualquier reforma que se proponga tendría que explicar cómo mejora la vigilancia del gasto y protege la autonomía del INE y la independencia de sus decisiones.
Morena tampoco puede desentenderse del respaldo que le dio a Taddei. López Obrador, Adán Augusto López e Ignacio Mier impulsaron recurrir al sorteo. Además, Morena y sus aliados aprobaron la designación de tres de los siete integrantes del comité evaluador que la incluyó entre las candidatas. Después, Mario Delgado celebró su llegada y López Obrador defendió su honestidad. Ahora Ariadna Montiel busca deslindar al partido y Sheinbaum insiste en que Taddei llegó por sorteo. Es cierto, pero también lo es que Morena tuvo mucho que ver en el proceso y respaldó el resultado. A Lorenzo Córdova lo tacharon de corrupto; a Taddei la defendieron como una funcionaria honesta. Ahora les corresponde reconocer ese respaldo y exigir que las investigaciones lleguen hasta donde tengan que llegar.
A quienes hemos considerado necesario defender al INE nos corresponde exigirle cuentas con la misma firmeza. Sería absurdo pedir transparencia a otras instituciones y conformarnos aquí con explicaciones opacas.
La fragilidad institucional también tiene que ver con nuestra costumbre de olvidar los problemas. Nos indignamos, comentamos unos días y luego dejamos de preguntar,pero esamala costumbre facilita que las investigaciones se alarguen y que al final nadie explique en qué acabaron.
Hacer que una institución funcione y merezca confianza exige años de trabajo; echarla a perder puede tomar apenas unas cuantas decisiones. Por eso, la renuncia de Taddei no puede cerrar este asunto. Faltan las explicaciones, los resultados y las sanciones que correspondan. Si todo termina en relevos y deslindes, habremos aceptado que destruir lo que tanto nos costó construir salga gratis.