Bajo presión
Enamorarse es exponerse al ridículo. Al mostrar una vulnerabilidad absoluta ante el amado bajamos la guardia; la intensidad de la emoción nos lleva a actuar de formas ilógicas y nos deja expuestos al dolor, al rechazo o al juicio ajeno. Los audios y videos filtrados de la consejera presidenta del Instituto Nacional Electoral, Guadalupe Taddei, se han empleado de la manera más morbosa posible: no para documentar un ilícito, sino para ridiculizar a una mujer que ríe, viaja, convive y se enamora. Un expediente público transformado en telenovela.
Hay acusaciones contra Taddei de supuestos actos de corrupción, conflicto de interés y uso indebido de recursos públicos. La ASF abrió una investigación de oficio al INE por estos hechos. Sin embargo, lo que circula en redes y notas no son pruebas del ilícito, sino la escena de la mujer enamorada. En los titulares, esa escena basta para desplazar la pregunta incómoda: no si la presidenta del INE tiene una vida afectiva, sino si el árbitro electoral permitió que una red de proveedores se instalara en el corazón de sus decisiones.
Los audios y videos importan sólo en un punto: la cercanía personal con un empresario vinculado a contratos del instituto puede configurar un conflicto de interés. El amor no es un delito y la vida privada de una funcionaria no es asunto público, las fechas que establecen la relación con el proveedor sí. Una cosa es la intimidad de una consejera y otra, muy distinta, la posibilidad de que el dinero público haya encontrado en las proximidades del poder un atajo hacia los proveedores. Los presuntos actos de corrupción no comienzan con un video ni con un audio íntimo: comienzan con preguntas sobre papel, tintas, urnas, mamparas y empresas que durante años cobraron del erario electoral.
El 20 de octubre el caso llegó a la mañanera. Ante los señalamientos periodísticos sobre contrataciones del INE, la presidenta Claudia Sheinbaum dijo que pediría a la ASF revisar si hubo uso indebido de recursos públicos. No era aún una investigación formal; fue una orden política de mirar debajo de la alfombra.
Taddei rechazó tener proveedores favoritos y sostuvo que empresas como Corporativo Zeg y Cajas Graf ya prestaban servicios al INE antes de su llegada a la presidencia del instituto, en abril de 2023. Su defensa tenía una lógica jurídica: había que demostrar que ella intervino, ordenó o se benefició, pero dejó intacta la pregunta incómoda: ¿por qué personas cercanas a la presidencia aparecían vinculadas, por empleo, representación legal o poderes notariales, con empresas que recibían contratos del propio instituto? Entre los nombres señalados por la prensa están Jonathan Navarrete Torres, identificado como chofer de la consejera presidenta y apoderado de Corporativo Zeg desde el 28 de junio de 2023, y Jesús Octavio García González, exdirector de Administración del INE y anterior representante legal de esa misma empresa.
El 23 de octubre, la ASF anunció la investigación de oficio. Dijo contar con indicios de irregularidades en diversas contrataciones, posibles conflictos de interés, colusiones y triangulación de recursos, y que la revisión alcanzaría al instituto, a los Organismos Públicos Locales Electorales, a empresas proveedoras y a servidores públicos relacionados. Ese mismo día se conocieron las cifras: de acuerdo con reportes periodísticos que retomaron elementos de la indagatoria, la ASF habría detectado presuntas irregularidades en contratos por 514 millones de pesos vinculados con empresas relacionadas con José Alfredo Hernández Casillas. TOL Producciones habría recibido más de 300 millones de pesos del INE durante 2025 y otros 30 millones de OPLEs; Corporativo Zeg habría obtenido 184 millones pese a tener apenas cinco empleados registrados, y habría transferido 167 millones a otras cuatro compañías. Si eso se comprueba, no estaríamos ante una simple mala compra, sino ante la simulación de competencia, una de las formas de saquear el dinero público.
Esa es la conversación que debimos tener, no la que destaca un audio íntimo filtrado. Otra vez, una conversación melosa valió más que un expediente; el video de un hotel y unas botellas de champagne desplazó el interés por un contrato de 514 millones de pesos. Nos encanta vejar al amante: señalar a una mujer que se ríe antes que preguntar quién cobró, quién licitó y quién simuló competir.
Hay algo más en esa fruición. Imaginemos el mismo expediente con un hombre al frente del INE y una relación sentimental con un proveedor. Habría escándalo, sí, pero no esta burla, no esta pedagogía del ridículo que se ensaña con las emociones de una mujer para dudar de su capacidad. Cuando el enamoramiento de una funcionaria se vuelve prueba de su incompetencia, lo que se cuestiona no es sólo a ella: es la paridad, la idea de que una mujer puede ocupar el poder sin que sus afectos sean tratados como un defecto de origen.
Nada de esto exime a Taddei. Que no haya firmado un contrato no la libera de explicar cómo se cruzó el entorno de la autoridad con el dinero de las licitaciones, y la presunción de inocencia tampoco la protege de esas preguntas. Responderlas corresponde a la ASF, con documentos, flujos bancarios y declaraciones patrimoniales, y no a la rechifla. Los audios pueden explicar la cercanía; no explican la triangulación. Pueden encender la indignación; no sustituyen la auditoría.
Taddei anunció su renuncia a la presidencia del INE y aseguró que lo hace para “proteger al Instituto (que) debe estar por encima de cualquier interés personal o coyuntural”. Llega tarde, y no apaga el morbo que despierta victimizar a una mujer enamorada, usar sus emociones para golpear a la institución. El peligro no es que la presidenta del INE se haya enamorado. El peligro es que, mientras nos reímos de ella, nadie pregunte cómo se compraron las urnas.
Coda. No dude que ahora que Juan Gabriel está de moda, porque quieren darle la medalla Belisario Domínguez post mortem, los consejeros conspiradores del Instituto Estatal Electoral de Aguascalientes usarán Inocente pobre amigo para impulsar la renuncia de Clara Beatriz Jiménez González y comparar su caso con el de Guadalupe Taddei. Ya los oigo cantar: “Te pareces tanto a mí, que no puedes engañarme. Nada ganas con mentir, mejor, dime la verdad, sé que me vas a abandonar y sé muy bien por quién lo haces”.
@aldan