Cuando el adolescente se encierra en su cuarto

Entre neuronas

Cuando una mamá o un papá llega preocupado por su hijo adolescente, la queja suele sonar parecida: ya no habla, se encierra, contesta de mala gana, duerme todo el día o casi no duerme. Y casi siempre viene con una duda que da pena preguntar en voz alta: ¿esto es normal o le está pasando algo?

La respuesta honesta es que puede ser cualquiera de las dos, y al principio cuesta distinguirlas.

La adolescencia es una etapa de cambios grandes en el cerebro. Las zonas que ayudan a planear, a frenar impulsos y a pensar en las consecuencias siguen madurando hasta entrados los veinte años, mientras que los sistemas ligados a la emoción y a la recompensa ya están muy activos. Por eso un adolescente puede reaccionar con muchísima intensidad a algo que a un adulto le parece menor, y por eso lo que piensan sus amigos les pesa tanto. No lo hacen para fastidiar. Su cerebro todavía se está armando.

También cambia el sueño. El reloj interno se recorre y a esa edad es común que el cuerpo pida dormirse más tarde y que levantarse temprano cueste el doble, justo cuando la escuela empieza a las siete. Buena parte de lo que se lee como flojera tiene que ver con eso.

Dicho esto, hay un dato que conviene tener presente. La OMS y UNICEF calcularon en 2024 que alrededor de 1 de cada 7 jóvenes de 10 a 19 años vive con algún problema de salud mental, sobre todo ansiedad, depresión y problemas de conducta. Además, un tercio de estos problemas aparece antes de los 14 años y la mitad antes de los 18. Es decir, la adolescencia es justo la etapa en que las cosas empiezan, y también en la que más fácil pasan desapercibidas, porque todo se atribuye a "la edad".

En consulta vemos muchos jovenes que estan ansiosos o deprimidos y que no querien hablar con sus papas, no saben como expllicarles como se sienten o bien sus padres minimizan los que ellos estan sintiendo y esto temina haciendolos sentir mas ansiosos o deprmimidos.

Entonces, ¿qué conviene mirar? Más que una conducta aislada, los cambios que se sostienen. Si lleva semanas así, si hay un antes y un después claro, si se nota en la escuela, en las amistades, en el apetito o en el sueño, o si dejó de disfrutar cosas que antes le gustaban. Querer más privacidad es normal. Alejarse de todos y dejar de hacer lo que le gustaba ya merece una conversación y, si hace falta, una valoración con un profesional.

Y sobre cómo hablarles, algo que ayuda mucho es no esperar el momento solemne de sentarse a platicar. Muchos adolescentes hablan más cuando van en el coche, cuando cocinan juntos o cuando están ocupados con otra cosa, porque no sienten que los estén interrogando. Ayuda preguntar en abierto, escuchar hasta el final y dejar el consejo para después. Si lo primero que reciben es un sermón, la siguiente vez cuentan menos.

Una idea sencilla para esta semana: hacer una sola pregunta abierta, algo como "¿cómo te fue de verdad hoy?", y quedarse callado un rato a escuchar la respuesta, aunque sea corta.

Fuentes

  • OMS y UNICEF (2024). Mental Health of Children and Young People: Service Guidance. Comunicado del 9 de octubre de 2024.

Karla Cassio Maestra en Psicología Humanista | Directora de Mental Flow / Fundación DEAS | Especialista en Neurofeedback

Entre Neuronas acerca la psicología y la neurociencia a la vida cotidiana, para comprender mejor nuestra mente y promover una cultura de salud mental basada en evidencia.

 

 

OTRAS NOTAS