La profecía del poder: paz, salud y el arte de no renunciar

Desde el segundo piso

La política tiene debilidad por los adivinos. Cada seis años aparece uno que anuncia el futuro, promete la transformación definitiva y asegura que ahora sí encontramos el camino. Cambian los colores, los personajes y los discursos. La fe permanece intacta.   Por eso viene a cuento Profecía, de la filósofa Carissa Véliz (Debate, 2026). Su planteamiento incomoda: los antiguos oráculos ahora tienen servidores y algoritmos capaces de anticipar nuestras decisiones y, de tanto predecirlas, terminan condicionándolas. Confundir predicción con conocimiento es una manera sofisticada de renunciar al pensamiento. Véliz advierte que la democracia necesita incertidumbre para seguir siendo libre.   Hasta ahí la filosofía. Vayamos a la paz.   La paz es la profecía favorita de cualquier gobierno: siempre está por llegar. Y sería mezquino desconocer los avances. Según el Secretariado Ejecutivo, el promedio diario de homicidios dolosos pasó de 86.9 en septiembre de 2024 a 42.2 en septiembre de 2026, una reducción de alrededor de 51%. Negarlo por conveniencia política no es análisis, es militancia.   Pero el INEGI muestra la otra cara. La ENVIPE 2026 estima 23 millones de víctimas durante 2025 y una cifra negra de 93.4%: delitos que no se denuncian o que nunca llegan a investigarse. Podemos tener menos homicidios y seguir padeciendo extorsiones, robos y fraudes. Matar menos es indispensable, pero todavía no significa vivir en paz.   Porque la paz también consiste en denunciar sin miedo, encontrar justicia sin influencias y saber que una desaparición provoca una búsqueda, no otro expediente condenado al olvido. Eso no se decreta ni cabe cómodamente en una conferencia.   La economía tampoco escapa a las profecías. En el segundo trimestre el PIB creció 1.4% frente al trimestre previo y 1.9% anual, según cifras revisadas del INEGI; en agosto había 60.7 millones de personas ocupadas. Son datos relevantes, pero tener empleo no equivale a construir patrimonio. Para miles de jóvenes, conseguir trabajo es posible; comprar una vivienda empieza a parecer ciencia ficción.   Y llegamos a la salud, donde las promesas suelen tener domicilio en el Seguro Social.   Durante años hemos escuchado anuncios de modernización, digitalización y mejores sistemas de distribución de medicamentos. Hoy el IMSS reporta un abasto promedio de 94% y asegura surtir recetas a 769 mil personas cada día. Son cifras importantes, pero los porcentajes tienen una limitación: no sienten dolor. Para quien necesita un medicamento, el promedio nacional ofrece poco consuelo.   Más grave es lo ocurrido en las unidades neonatales. En Guadalajara, el IMSS reconoció seis fallecimientos en los que una infección hospitalaria figura entre las causas de muerte. En Durango murieron otros cinco recién nacidos durante septiembre. Las investigaciones deberán establecer causas y responsabilidades. En Guadalajara hubo denuncias de familiares, separación temporal de directivos y una auditoría independiente. La pregunta incómoda es por qué la reacción institucional parece llegar siempre después de la tragedia.   ¿Debe renunciar Zoé Robledo? Una renuncia no surte recetas ni esteriliza terapias neonatales. Pedir cabezas sin investigar es tan cómodo como defender funcionarios sin exigir resultados. Sin embargo, siete años al frente de una institución bastan para asumir tanto los aciertos como los fracasos. Si una investigación independiente acredita omisiones previsibles, la renuncia dejaría de ser una exigencia partidista para convertirse en un mínimo de responsabilidad pública.   Mientras tanto, llama la atención que hicieran falta protestas de trabajadores para que la dirección anunciara visitas a 277 hospitales con el fin de conocer sus necesidades. Después de siete años, descubrir carencias mediante recorridos es turismo administrativo.   Los trabajadores también exigen la salida de su dirigente sindical. Renunciar está de moda; asumir responsabilidades, bastante menos.   Un gabinete debería servir para advertir al poder cuando las cosas marchan mal, no para enterarse de los problemas cuando aparecen manifestaciones, denuncias o tragedias. Excelente asistencia a la conferencia matutina; desempeño todavía sujeto a evaluación.   Y mientras todo esto sucede, la clase política ya contempla 2027. Las encuestas se leen como sentencias, las aspiraciones como derechos adquiridos y los seguidores digitales como votos escriturados. Conviene recordar que una encuesta no sustituye a las urnas y que millones de reproducciones tampoco hacen una mayoría electoral.   La incertidumbre democrática no es una amenaza. Es precisamente lo que impide que alguien se considere propietario del futuro. Ningún partido tiene garantizada la victoria, ninguna transformación es irreversible y ninguna paz permanece por decreto.   Las profecías tienen una ventaja extraordinaria: siempre prometen resultados para mañana.   La paz, la salud y el buen gobierno se comprueban hoy y temprano, que para eso hay agenda.  
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