Hay una frase que escucho mucho en consulta y que casi siempre llega con una risita: "es que ya no puedo con el trabajo, pero bueno, así es". Se dice como quien comenta el clima. A veces no pasa de ahí, pero otras veces atrás hay algo que ya no se arregla con dormir hasta tarde el sábado.
Primero hay que separar dos cosas. Estar cansado del trabajo es normal: hay cierres de mes, jefes difíciles, semanas que no se acaban. Lo que se llama burnout, o desgaste profesional, es otra cosa, y la Organización Mundial de la Salud lo definió con bastante cuidado en la CIE-11, la clasificación de enfermedades que entró en vigor en 2022. Lo describe como un síndrome que resulta del estrés crónico en el trabajo cuando no se ha logrado manejar, y le pone tres ingredientes: sensación de agotamiento, distancia mental del trabajo (o cinismo, o sentimientos negativos hacia él) y menor eficacia profesional. La OMS aclara además que es un fenómeno ligado al trabajo, no una enfermedad como tal.
Vale la pena detenerse en esos tres ingredientes porque en la vida real no se ven tan técnicos. El agotamiento es llegar a las diez de la mañana sintiéndose como a las nueve de la noche. El cinismo es que a uno que antes le importaba su trabajo ahora le da igual, o se descubre contestando con sarcasmo a compañeros que no se lo merecen. Y la eficacia baja se nota cuando una tarea que antes salía en una hora ahora lleva tres, o cuando uno empieza a cometer errores tontos y se asusta de sí mismo.
Muchas veces la persona piensa que se volvió floja. Suele ser al revés: le pasa a gente muy responsable, que lleva mucho tiempo sosteniendo más carga de la que el cuerpo aguanta sin recuperarse. El estrés sostenido mantiene al organismo en alerta durante semanas o meses, y por eso el descanso normal ya no alcanza.
Una aclaración honesta: el burnout se parece mucho a la depresión y a la ansiedad, y es fácil que se mezclen. La propia OMS pide descartar esos cuadros antes de hablar de desgaste laboral. Así que si el cansancio ya se volvió tristeza que no se va, o ya hay pensamientos que preocupan, lo que toca es una valoración con un profesional.
Si te suena familiar, hay algunas cosas pequeñas que ayudan a empezar:
• Ponerle nombre a lo que te pasa. Muchas personas llevan meses sintiéndose mal sin saber qué tienen, y solo nombrarlo ya cambia la forma de ver el problema.
• Distinguir descansar de desconectarse. Dormir más es descansar, pero si sigues contestando mensajes del trabajo a las diez de la noche tu cabeza no se desconectó.
• Fijarte en la carga, no solo en ti. El desgaste casi nunca es solo un asunto personal: tiene que ver con cuánto trabajo hay, cuánto control tienes sobre él y si alguien lo reconoce. En México, de hecho, la NOM-035 obliga a las empresas a identificar y atender factores de riesgo psicosocial, así que no es un tema que le toque resolver solo al trabajador.
No hay que esperar a estar en el piso para pedir ayuda. Si desde hace semanas el trabajo te vacía y el fin de semana ya no te repone, vale la pena platicarlo con alguien, y si se puede, con alguien que pueda mover algo de lo que está pesando.
Fuentes
• OMS, Clasificación Internacional de Enfermedades CIE-11, código QD85 "Síndrome de desgaste ocupacional" (en vigor desde enero de 2022). Resumen en español: INSST (España), "Síndrome de desgaste profesional (burnout) como un problema relacionado con el trabajo", https://www.insst.es/el-instituto-al-dia/sindrome-de-desgaste-profesional-burnout
• Aclaración de la OMS sobre su carácter de fenómeno ocupacional y no de enfermedad (mayo de 2019).
• STPS, NOM-035-STPS-2018, Factores de riesgo psicosocial en el trabajo.
Karla Cassio Maestra en Psicología Humanista | Directora de Mental Flow Center / Fundación DEAS | Especialista en Neurofeedback