Aguascalientes no vive simplemente otro proceso electoral. Vive una reconfiguración de su geografía política y del poder: no sólo se trata de quién ocupará la silla de gobernador, sino si su relevo dará continuidad al proyecto personal de la gobernadora Tere Jiménez, su manera de entender el Estado, sus alianzas y su estilo de mando, si su red de lealtades sobrevivirá la elección del 2027 y cómo se transformará.
Llamar a estos comicios “históricos”, es cómodo pero insuficiente. Todos los procesos electorales son históricos por definición: ocurren en el tiempo, dejan actas, producen gobernantes. Lo que ocurre en Aguascalientes es distinto, no tiene precedentes, porque nunca antes se había puesto en juego con tanta intensidad la continuidad o la ruptura de un proyecto político personal en una elección concurrente de esta magnitud.
El 6 de junio de 2027 se renovarán la Gubernatura, las 27 diputaciones locales y los ayuntamientos, en una jornada concurrente con la elección federal. Detrás de las boletas hay una pregunta más simple y brutal: ¿Aguascalientes seguirá siendo gobernado bajo la lógica del teresismo, o abrirá una nueva etapa política?
Tere Jiménez llegó al poder en 2022 como la primera mujer en gobernar Aguascalientes, bajo la coalición encabezada por el PAN. Su administración concluye en 2027, y con ella termina también el ciclo de un proyecto que se ha construido tanto desde el gobierno como desde una red de operadores, grupos y lealtades personales.
Dentro del PAN, la disputa por la candidatura a la gubernatura se concentra, por ahora, en dos perfiles: Leonardo Montañez y Antonio Martín del Campo. Cada uno representa una tesis distinta sobre qué hacer con el legado de la gobernadora.
Está implícito que el presidente municipal de Aguascalientes, Leonardo Montañez representa la continuidad directa, heredero del proyecto de Tere Jiménez, la extensión natural de un modo de gobernar al que, con el tiempo, se le iría dando el toque personal de cada gobernante, los cambios entre las relaciones del gobierno y todos los sectores se modificarán lentamente.
El senador Antonio Martín del Campo ofrece una promesa de cambio inmediato, reconoce la relevancia del proyecto de la gobernadora, continuidad de las formas panistas de gobernar con una versión distinta a la que hoy rige la dinámica de las relaciones del poder con sus gobernados, menos atada a la figura de Tere Jiménez para concentrarse en la personalidad del exalcalde.
La diferencia no es menor. Si gana Montañez, el “teresismo” se consolida como corriente dominante. Si gana Martín del Campo, el oficialismo se renueva sin romper del todo con la gobernadora, pero abre la puerta a una relectura de su proyecto. En ambos casos, el PAN juega con fuego: retener el poder sin parecer una simple prolongación de un quinquenio.
Lo más revelador del momento actual es que los actores políticos ya se mueven antes de las fechas oficiales. Las precampañas no comienzan hasta enero de 2027, pero la puja por posiciones, alianzas y candidaturas ya está en marcha.
Cada actor calcula dos cosas al mismo tiempo: demostrar fidelidad a la gobernadora, porque su respaldo sigue pesando y, al mismo tiempo, presentarse ante el electorado como una opción de cambio dentro del propio oficialismo. Es una danza delicada: demasiado cerca de Tere Jiménez y se vuelven “más de lo mismo”; demasiado lejos y pierden el respaldo que los sostiene.
Ahí está la paradoja central: el proyecto de Tere Jiménez es lo que da cohesión al oficialismo panista, pero también es lo que podría volverse su lastre. Si el electorado asocia la continuidad con estabilidad, el candidato oficialista gana. Si la asocia con desgaste, el propio PAN podría pagar el costo.
En entrevista con Rodolfo Franco, Jael Pérez Sánchez reveló un dato a considerar, a la pregunta ¿quieres que siga gobernando el PAN en Aguascalientes?, el 47% dice que sí, un porcentaje bastante alto, esta percepción de la forma de gobernar está ligada al estilo personal de Tere Jiménez no necesariamente a las formas del partido.
Conviene insistir: todo es “histórico”, no todo tiene precedentes. Nunca antes en Aguascalientes se había jugado tanto en una sola elección: la continuidad de un proyecto personal, la reconfiguración de la geografía política municipal, con la creación de Villa Juárez como municipio 12, la renovación completa del Congreso local y la definición del rumbo del PAN como fuerza dominante.
Lo que esté en juego no es sólo un cargo. Es la pregunta de si un proyecto político personal puede sobrevivir a su propia sucesión, o si, como suele pasar en la política mexicana, la velocidad con que la lealtad se disuelve en cuanto aparece la urna.
La contienda interna del PAN entre Leonardo Montañez y Antonio Martín del Campo no es una simple disputa de ambiciones personales; es el ensayo de dos respuestas posibles ante la misma pregunta: ¿se continúa el “teresismo” tal cual, o se renueva sin romper con él?
Lo que está en juego no es un cargo, es una tesis de poder: la de que un proyecto puede sobrevivir a su propia sucesión, o la de que, como suele ocurrir en la política mexicana, la lealtad se disuelve en cuanto aparece la urna. La respuesta no la darán los discursos ni los respaldos públicos, sino el electorado, cuando decida si Aguascalientes quiere más de lo mismo con otro rostro, o algo distinto con la misma bandera.
La batalla ya comenzó. Por ahora, se libra en los pasillos, en las reuniones privadas, en los gestos calculados para ser comunicados en redes sociales y la prensa. Es una lucha soterrada, apenas vemos la punta de lo que realmente está ocurriendo. Con una desventaja seria para ambos contendientes: la presión social de que se designe ya, ahora, al candidato, en especial porque Morena en todo el país ya inició los nombramientos.
Quienes exigen definiciones por parte del partido, sus dirigentes y la gobernadora, olvidan que Aguascalientes es una excepción. Que adelantar los tiempos para emparejarse a la forma en que se juega en el ámbito nacional incidirá en Aguascalientes, no necesariamente de forma positiva.
En el momento en que se nombre candidato del PAN, acelerará el declive del poder de la gobernadora, la cargada brindará su lealtad al seguro sucesor. Se entiende que Tere Jiménez quiera prolongar la decisión para que coincida con los tiempos electorales oficiales. No sólo eso, es lo que más le conviene al partido y los candidatos, seguirle el juego a Morena provocará ampliar las posibilidades de cometer un error por parte de los candidatos.
Leonardo Montañez avanza seguro hacia la nominación, no tiene que pelear por estar en las preferencias ciudadanas, carga con los pro y contras del ejercicio actual de su cargo, las críticas y los beneficios del trabajo que realiza desde la presidencia municipal. Si se le elige en este momento tendrá que lidiar con todo lo que está a su favor y en contra ya sin el respaldo del aparato de la alcaldía.
Antonio Martín del Campo ya sufre las consecuencias de este tiempo de espera, más allá de las encuestas de preferencia, cada movimiento del senador evidencia que está desesperado por ser el elegido, lo empujan a cometer errores. Sus informes legislativos son recibidos como promesas de campaña. Sus encuentros con distintos sectores son vistos como el intento de alianzas. Sus declaraciones se interpretan bajo la óptica de la elección.
Mientras que Leo Montañez puede asegurar que quiere, puede y sabe. Antonio Martín del Campo está empeñado en demostrar que ya le toca. Adelantar el nombramiento del candidato no es opción para nadie: la gobernadora cede poder y capacidad de negociación con los grupos que quieren mantenerse en el poder, en el Congreso y las presidencias municipales, mengua el nivel de interlocución con el sector privado y el gobierno federal, sin que necesariamente esa autoridad se traslade al candidato.
De la misma manera, un nombramiento temprano afectaría al candidato, aún sin poder, sólo con capacidad de prometer y, por tanto, comprometerse. Asfixiado por los grupos que los acompañan, los que se quieren mantener dentro de la nómina y los que ya se ven en las oficinas de gobierno. Lo más grave, con tiempo extendido para el error, la declaración equivocada, el gesto tergiversado, el movimiento inadecuado que afectaría la intención de voto.
Lo anterior sin contar si la estructura electoral que ha construido Tere Jiménez está preparada para decidir más allá de las instrucciones de la gobernadora. Sin considerar si todo el apoyo que se le brinda hoy tendrá la capacidad de trasladarse al nuevo elegido, ¿a cambio de qué?
La pregunta no es retórica. Una estructura electoral no se hereda: es un acuerdo que se renueva cada vez que alguien paga, protege o coloca. Los operadores que hoy responden a la gobernadora lo hacen porque ella decide quién entra a la nómina y quién se queda fuera. Cuando ese poder se traslade al candidato, o se disuelva en el trayecto, cada quien hará su cuenta, y la lealtad dejará de ser un principio para volverse una negociación.
El tiempo es el último activo de Tere Jiménez. Mientras no haya nombre, todos le deben a ella lo que esperan del siguiente. Un activo con fecha de caducidad: si la espera se alarga hasta que la estructura deje de obedecer sin que nadie haya decidido nada, el PAN descubrirá que administró bien el calendario y perdió el mando. Esa es la apuesta del oficialismo: administrar la incertidumbre sin que se convierta en vacío.
En medio de ese tablero hay un dato que suele quedar como nota al pie. El 6 de junio de 2027, Aguascalientes no sólo elegirá a quienes gobiernen los municipios que ya existen, sino al primer gobierno del municipio 12, Villa Juárez llega a la boleta con un cabildo por integrar, cargos por repartir y ninguna trayectoria política que lo anteceda. Es quizá el único lugar del estado donde el poder se construye desde cero, y por eso la prueba más limpia de lo que el teresismo puede hacer cuando ya no tiene a su fundadora al frente: quién será candidato, con quién se negociará, a quién se le deberá el favor.
Si la red de lealtades funciona, se notará ahí primero. Y si no, también, con cualquiera de los dos rostros.
Coda. La elección del 27 es histórica; lo que no tiene precedentes es lo que pondrá a prueba: la capacidad de un proyecto personal de adaptarse, de ceder sin perderse. ¿Se puede ceder sin dejar de ser lo que se era, o ceder ya es empezar a perderse?