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'Nunca quise ser actor': Alejandro Suárez

Su historia comenzó mucho antes de que pudiera imaginar que algún día sería una figura reconocible para varias generaciones

Alejandro Suárez lleva 66 años haciendo reír, pero lo curioso es que a estas alturas todavía asegura que no sabe exactamente cómo lo hace, ya que no se considera maestro ni presume haber estudiado actuación.

"Me da pena, pero nunca quise ser actor ni estoy enamorado de mi carrera. Ni sé quién es Shakespeare ni sé nada de esas cosas, sino que Dios me dio lo que soy. Por eso es mi amigo, hablo con Él y le agradezco todo lo que me ha dado", dijo Suárez, en entrevista.

A los 85 años conserva una peculiar mezcla de desparpajo y timidez. Habla con la seguridad de quien lleva décadas ante las cámaras, pero insiste en que fuera del escenario es poco sociable, que no frecuenta fiestas y que al terminar de trabajar prefiere irse a descansar.

"Además, soy tímido y nadie me cree. No soy de los que anden en los camerinos, siempre estoy solo y no me meto con nadie. Yo acabo mi trabajo y me voy a mi casa. Soy como toda la gente y me pasan las mismas situaciones que a ellos", aseguró.

Su historia comenzó mucho antes de que pudiera imaginar que algún día sería una figura reconocible para varias generaciones, ya que durante su infancia vivió en la céntrica Colonia Santa María la Ribera, en la Ciudad de México, y le gustaba ir solo al cine.

"De niño iba mucho al cine y nadie me decía que fuera. Saliendo de la escuela iba, y a diario veía tres películas por un peso en los cines de la colonia. Me creía el protagonista de lo que había visto".

La imitación no terminaba al salir de la sala: en casa reproducía escenas, personajes y aventuras. Si el protagonista había recibido un balazo, él encontraba la manera de representarlo. Si la película era de guerra, regresaba lleno de lodo.

Suárez empezó en la televisión mexicana en blanco y negro, sin videotape ni la ayuda del apuntador en Chucherías, programa en el que compartió créditos con su medio hermano Héctor Suárez, Chucho Salinas y Manuel "El Loco" Valdés.

En la década de los 70 también formó parte de Ensalada de Locos, programa de culto que protagonizó con "El Loco" Valdés y Héctor Lechuga. Marcaron una época de oro en la comedia.

Durante los 80, La Carabina de Ambrosio reafirmó su éxito en la comedia, y ahí se inmortalizó su sección "La Palabra Canta", donde recitaba la Oda al Ratón Miguelito, y posteriormente tuvo El Show de Alejandro Suárez, donde desplegó todo su ingenio actoral.

"He podido trabajar con mucha gente. Toda mi vida he estado en todos los programas, conozco a los productores. Todo el mundo me dice cosas maravillosas y me respetan aquí y en todos lados, por eso soy feliz", aseguró.

Suárez ha encarnado más de 14 personajes icónicos, como El Simpatías, quien se creía el alma de la fiesta; Vulgarcito, con su doble sentido y chispa, y Telúrico, con diálogos internos y dudas como "lo haré, no lo haré, en fin".

"Todos los personajes que tengo han existido, no los inventé. Manuel Ajenjo es mi escritor de Ensalada de Locos, y Antonio Ferrer, quien también es escritor, son claves en mis personajes que he trabajado en televisión, en cabaret, en el Teatro Blanquita, de gira por todo México, Estados Unidos...".

Sus dones actorales lo llevaron a trabajar en el cine en películas como El Señor Doctor (1965), donde compartió escena con Mario Moreno "Cantinflas".

"Con todos los artistas que vi de niño trabajé con ellos de adulto, es una cosa maravillosa. 'Cantinflas' era mi gigante de niño y joven. Recuerdo estar cenando con él en su restaurante, Rioma, que es Mario al revés, y era mágico. Estar con don Fernando Soler en una película y en el Teatro Blanquita con todos los cómicos de México me hace un hombre feliz.

"Soy feliz no por dinero, sino porque la televisión entra gratis a las casas y te ve toda la familia. Emilio Azcárraga decía 'en la televisión tiene que haber un respeto porque ha entrado gratis a las casas'. Te ve toda la familia, y cuando un miembro de la familia te ve en la calle, te trata como si fueras un tío, un primo, un hermano o un padrino, y te dice cosas maravillosas".

También actuó en cintas como ¡Persíguelas y... Alcánzalas! (1969), El Cuerpazo del Delito (1970), La Criada Bien Criada (1972), Acapulco, la Vida Va (2017) y El Diablo Entre las Piernas (2019), dirigida por Arturo Ripstein.

El teatro, sin embargo, ocupa un lugar particular. Para Suárez, la diferencia está en que ahí no existe la posibilidad de repetir una escena hasta conseguirla.

"El teatro es mágico y lo más maravilloso que hay. Un actor en las películas y en el teatro no es lo mismo porque en la película está repitiendo y repitiendo hasta que salga, y en el teatro sabes si gustas o no gustas en el momento", puntualizó.

Actualmente participa de nuevo en Perfume de Gardenia, obra que ya había realizado años atrás y que ahora produce Omar Suárez, con funciones los fines de semana en el Teatro San Rafael.

También mantiene contacto con el público mediante YouTube en Alejandro Suárez y su Canal, donde en plena pandemia comenzó a compartir entrevistas y experiencias de sus giras.

Su objetivo parece reducirse a la idea de trabajar, disfrutar y no creerse demasiado los elogios que llega a recibir de sus admiradores.

"Si les creo, pierdo el piso y ya me creo muy acá. No le creo a nadie lo que me dice, se lo agradezco, pero hasta ahí. Tampoco me gusta que me llamen 'maestro', porque ese título implica una responsabilidad y yo ni enseñar sé. Siempre les digo '¿dónde ven el pizarrón?'. No he podido decirle a alguien cómo hacer las cosas porque ni yo sé cómo le hago", afirmó.

Esa aparente contradicción entre ser reconocido por generaciones de actores y, al mismo tiempo, negar cualquier intención de convertirse en referente, es la esencia de su manera de entender la carrera y seguir actuando.

 

ASÍ LO DIJO

"Soy hijo del capitán Suárez y soy primer actor porque llego primero a todo. Nunca me he creído nada en mi vida y seguiré trabajando".

Alejandro Suárez.

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