Hijo del actor Daniel Giménez Cacho y de la cineasta Maya Goded, el actor recién concluyó temporada en Ángeles en América y Madre Coraje
El curioso caso de Lucio Giménez Cacho Goded respecto a su profesión es a la inversa del común denominador.
Porque cuando les dijo a sus papás que en vez del arte prefería la programación y los videojuegos, se asombraron, aunque no lo coartaron.
Hijo del actor Daniel Giménez Cacho y de la cineasta Maya Goded, el actor que recién concluyó temporada en Ángeles en América y Madre Coraje habló de sus inicios en la profesión.
"Primero dije que quería hacer diseño de videojuegos, programación y ahí sí (mis papás) estaban con '¿cómo? ¿Y eso por qué? Y yo con el 'nooo, no quiero actuación'.
"Toda mi familia está metida en el arte, en la música, el cine, la fotografía y la rebeldía era hacer otra cosa. Sí hubiera sido rebelde les hubiera dicho 'quiero ser abogado'", dijo en entrevista.
Egresado de La Casa del Teatro, Lucio experimentó la actuación con una intervención a los 14 años en el filme Club Sándwich, de Fernando Eimbcke. Y en la escuela descubrió que lo único que lo motivaba era subirse a un escenario a ser el alter ego de alguien más.
"Sólo completaba las otras materias para ir a teatro, y que nadie me molestara, ahí encontré un refugio. Yo estaba acomplejado de dedicarme a lo mismo que mi papá y por eso me fui a Argentina a estudiar teatro y la pasé muy mal.
"Era muy joven; allá me asaltaron, me navajearon la cara, se me cayó el cachete y me dio un flashazo de luz... Dije '¡no me voy a morir sin saber qué es actuar!'. Corrí al hospital, me cosieron, al día siguiente tomé un vuelo y llegando me inscribí a La Casa del Teatro".
Con 28 años, ya con actuaciones en los montajes Network y El Hijo de Puta del Sombrero, Lucio forma parte de Por Ejemplo: Teatro, un laboratorio interdisciplinario de actuación con estudiantes que autogestionan proyectos y que desarrollan nuevas propuestas de trabajo.
Y algunas de ellas le han supuesto retos importantes, como cantar y desnudarse.
"No estoy para grabar un disco ni para ir a un karaoke, me cuesta mucho, pero tengo otras habilidades. Hoy en día es difícil sólo vivir de la actuación, también hay que bailar, cantar, pero prefiero la danza.
"Para mí es peor cantar que desnudarme. Cuando canto siento que me desnudo del alma y de todo, y encuerarse, es 'ah ok', lo necesita el personaje', ya lo he hecho. Pero cuando me pusieron a cantar... pensé: '¿y si renuncio?'", reconoció.