La santidad no parece ser lo de la Congregación para la Causa de los Santos

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Un famoso dicho aconseja nunca debatir sobre deporte, política, ni religión. Sin embargo, la tremenda popularidad editorial, repetida después en el cine, de El Código Da Vinci (2003) y Angeles & Demonios (2000) del escritor Dan Brown (nacido en 1964), sólo por dar un par de ejemplos, atestigua que a pesar de la debilitada religiosidad del Occidente, y contando, esa impresionante institución literalmente milenaria que es la Iglesia está muy lejos de no importar a nadie, ya sea a favor o en contra. Esto la mantiene como un blanco favorito del periodismo sensacionalista. Y si a esto sumamos una tradicional opacidad de la institución, el resultado son infinitos debates acalorados entre sordos y ciegos. ¿Se ha preguntado alguna vez el lector qué le preguntaría al Papa en el hipotético caso de que pudiera preguntarle directamente lo que fuera? Yo le preguntaría qué le gustaría conocer sobre la Iglesia que él mismo preside pero que él mismo desconoce.   En las últimas semanas me ocurrieron dos accidentes independientes pero relacionados. Por un lado, uno de mis guías espirituales en la orden religiosa de los Carmelitas Descalzos en San Angel en la Ciudad de México, el Padre Mario, recientemente pasó dos semanas en Roma en un curso de actualización, y al volver nos compartió anécdotas personales sobre los Papas León XIV (nacido en 1955) y Francisco (1936-2025), con quienes ha interactuado en persona en Roma. Por otro lado, en la biblioteca de Ernesto de la Peña, en donde actualmente trabajo como investigador, conocí a Eduardo Angel Cruz, un historiador que acaba de publicar La Conquista del Paraíso, una investigación sobre la elevación de Isidro Labrador (1082-1172) y Fernando III (1199-1252) a los altares. Ambos fueron canonizados en el siglo XVII: en 1622 y en 1671, respectivamente.    Al comparar a León XIV y a Francisco, el Padre Mario confesó extrañar lo muy humano del segundo, quien creía que en nuestros tiempos la Iglesia debía acercarse más a la gente en vez de esperar a que la gente se acercara a la Iglesia. Esta fue una de las razones, continuó el Padre Mario, por las que Francisco no fue muy querido en la curia romana, un conjunto de tribunales que gobiernan a la Iglesia. Esta observación del Padre Mario es consistente con una anécdota de Eduardo Angel sobre los motivos de su libro.   En 2013, el mismo año en que se convirtió en el Papa 266, Jorge Mario Bergoglio nombró una comisión para examinar las finanzas vaticanas. El objetivo era recabar información para emprender reformas. Francisco estaba consciente de que la tarea no iba a ser sencilla: “el origen de nuestros problemas está en nuestra actitud de ‘nuevo rico’ que nos permite gastar indiscriminadamente”. Los primeros en oponerse fueron la Congregación para la Causa de los Santos, fundada en 1588. Su portavoz respondió al Papa mismo: “no tenemos documentos, ni siquiera sabemos si existen”. Eduardo Angel describe a este tribunal como extremadamente opaco, tanto en su funcionamiento como en sus finanzas.   Como dijimos arriba, un interés malsano de la gente, el sensacionalismo periodístico, y la tradicional opacidad de la Iglesia se han alineado perfectamente para reforzar el debilitamiento de la religiosidad en el Occidente. El tercer elemento, además, sigue haciendo muy difíciles estudios académicos sobre la Iglesia como institución. Así, quienes tenemos un interés sano en la Iglesia, su bienestar incluido, celebramos el trabajo de Eduardo Angel. ¿Qué aprendió Eduardo Angel de analizar las canonizaciones de San Isidro Labrador, mediador para obtener lluvias, y de San Fernando III, quien quitó Sevilla a los árabes? No hay forma de reseñar La Conquista del Paraíso “como dios manda” en un espacio como éste, pero si me obligaran a hacerlo, rescataría tres puntos. Si bien los santos no suelen ser políticos, sus cultos sí han sido usados de forma abiertamente política. En particular, durante la era de los Austria (o Habsburgo) en España, entre 1500 y 1700, la monarquía realizó significativas inversiones financieras y diplomáticas para canonizar un “tsunami de santos”. Dos, sin el apoyo económico de América, hubiera sido imposible un número tan elevado de canonizaciones de españoles en el mismo periodo. Este apoyo no fue incondicional: las élites americanas tenían sus propios fines, religiosos y políticos. Tercero, en los procesos destacaban unos agentes de rango medio: los “lobistas piadosos”. “Quizá no sea casual que en 2013 el Vaticano haya mostrado nulo interés en transparentar el aspecto financiero de su ‘fabrica de santos’”, concluyó Eduardo Angel.   El espacio se me ha agotado, y ya sólo alcanzo a invitar a aquellos cuya curiosidad haya logrado despertar a leer directamente a Eduardo Angel en formato PDF y de manera gratuita (cortesía de Firenze University Press) en https://www.academia.edu/165825791/La_conquista_del_para%C3%ADso_Modelos_de_santidad_procesos_de_canonizaci%C3%B3n_y_limosnas_en_la_Monarqu%C3%ADa_Hisp%C3%A1nica_1500_1700 (accesado el 9 de octubre de 2026). Por último, pero no menos importante, creo que la Iglesia, nuestra Iglesia, seríamos los primeros beneficiados de debates informados y razonados entre nuestros críticos y nosotros sus guardianes: nos ayudarían a corregir errores y a consolidar aciertos.    PD: una última anécdota de Eduardo Angel. Arrinconado, Rafael Pérez, un padre agustino que estuvo 10 años en la Congregación para la Causa de los Santos, confesó lo siguiente cuando se le preguntó sobre la canonización en 2002 de Josemaría Escrivá (1902-1975), fundador del Opus Dei (¡Villanos favoritos de Dan Brown, por cierto!): “sin recursos no es posible llevar una causa adelante porque los que trabajan en ella no son ángeles… pero cuesta mucho menos de lo que imaginan. De hecho, cuando la causa es justa, el dinero no es obstáculo”.   
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