Desde el Lunar Azul
Buen día, estimados lectores y lectoras de este rincón azulado.
Lo ocurrido en Torreón, Querétaro y otros lugares de nuestro país debería obligarnos a bajar un poco el volumen del hatey de la grilla barata.
En Torreón, dos jóvenes de 18 años, exalumnos de la Secundaria 13 del ejido La Unión, irrumpieron armados con machetes y petardos. La subdirectora perdió la vida y cuatro personas resultaron heridas. Los hermanos fueron detenidos y posteriormente vinculados a proceso.
México ya había conocido episodios semejantes: Monterrey en 2017, Torreón en 2020 y otros casos posteriores.
Algo está ocurriendo.
Y reducirlo a “jóvenes violentos” sería demasiado cómodo. En Aguascalientes tenemos, por cierto, el nada honroso primer lugar nacional en tasa de adolescentes imputados: 841 por cada 100 mil adolescentes durante 2024.
La investigación de Torreón ha puesto nuevamente sobre la mesa algo incómodo: comunidades digitales de odio, radicalización, misoginia, glorificación de agresores y espacios virtuales donde jóvenes aislados encuentran identidad y reconocimiento alrededor de la violencia.
La machósfera y las comunidades incel existen. Pero convertirlas en explicación universal sería tan irresponsable como ignorarlas.
La pregunta es otra:¿cuánto odio estamos normalizando?
Porque las redes sociales no inventaron el resentimiento, aprendieron a monetizarlo.
Y nosotros, los medios, tampoco estamos completamente fuera del problema.
En Aguascalientes llevamos días observando otra trifulca entre opinadores, políticos, cuentas digitales y personajes públicos. En medio apareció incluso un comentario interpretado como amenaza contra el obispo.
Aquí conviene detenerse.
No porque los periodistas debamos convertirnos en monjes. Ni porque la crítica deba pedir permiso. Mucho menos porque el gobierno tenga derecho a decidir qué puede publicarse.
Precisamente lo contrario.
Pero existe una diferencia enorme entre criticar y hostigar; investigar y linchar; cuestionar y amenazar; hacer periodismo y practicar sicariato verbal.
Y la frontera se vuelve todavía más delicada cuando hablamos de medios, portales o páginas que reciben recursos públicos.
Entonces surge una pregunta incómoda para quienes administran la comunicación gubernamental:
Si desde las oficinas públicas algunas veces se telefonea para reclamar una nota, pedir contexto, solicitar derecho de réplica o sugerir que determinada información “no ayuda”, ¿existe la misma preocupación cuando desde espacios financiados directa o indirectamente con dinero público se promueven campañas de hostigamiento?
No pedimos censura, pedimos coherencia.
El gobierno no debe decidir qué publica un periodista. Pero tampoco debería convertir el presupuesto de comunicación en premio para amigos y castigo para críticos.
Y los periodistas tampoco podemos exigir libertad absoluta frente al poder y olvidar nuestra responsabilidad cuando somos nosotros quienes ejercemos poder sobre otros.
Porque existe el poder mediático: pequeño, grande, miserable o artificialmente inflado con likes malasios.
Y aquí aparecen nuestros incels mediáticos.
No necesariamente los de la definición estricta del término, sino su versión tropicalizada: personajes instalados permanentemente en el resentimiento, necesitados de un enemigo diario y convencidos de que insultar es argumentar y acumular interacciones equivale a tener razón.
De derecha o izquierda. Ateos, católicos o devotos de San Presupuesto de Comunicación Social.
El algoritmo no tiene ideología, tiene apetito y el odio alimenta muy bien a la bestia.
Así que la pregunta quizá no sea qué periodismo tenemos en Aguascalientes, sino:
¿qué periodismo estamos financiando, consumiendo, premiando y compartiendo?
Porque quien lanza lodo todos los días termina inevitablemente manchado.
Y mientras tanto, la sucesión...
La carrera por la gubernatura continúa.
Desde hace tiempo sabemos que la Gober tiene a su cachorro. Este lunes apareció muy contentote regresando de CDMX en la Central Camionera, con sonrisa de oreja a oreja y un ETN como telón de fondo. No sabemos a quién vio ni qué asunto trató, pero algo traía de buen humor.
Del otro lado está el eterno suspirante, ahora viajero incansable. Dicen quienes le hablan al oído que en los últimos cónclaves de sus panegiristas alzó la voz y dijo fuerte: esta vez ni maíz, que no lo bajan y que ahora sí va en serio.
Aunque pareciera que a quienes no pertenecen al círculo dorado teresitas, incluyendo algunos del Comité Nacional, no les caería nada mal que fuera Toño, él sigue sin enseñar demasiada enjundia: nadando de muertito y soñando con Bukele.
Mientras ellos miden fuerzas, el buen Dr. Galaviz, pian pianito, junta sus canicas. Opera en silencio, amarra voluntades y construye acuerdos. Porque si el choque de trenes entre los dos grupos no encuentra cambio de vías, podría aparecer esa famosa opción B que siempre nace cuando dos proyectos hegemónicos son incapaces de ponerse de acuerdo.
¿Y el cacique de Jesús María?
Dicen que ya cuenta los días para ocupar la gubernatura, aunque sea unos meses.
La ley elctoral establece que los servidores públicos que pretendan competir por algun cargo de eleccion popular, deben separarse del cargo 90 días antes de la elección. Así que habrá que ver cuándo comienza realmente el movimiento de piezas.
Porque mientras unos hacen maletas, otros cuentan votos.
Y algunos ya cuentan los días.
Ahí dejo esta roca.
Empújela usted.
Yo vuelvo, como siempre.