¿De dónde salen los candidatos?

Ahí la llevamos

PRIMER PLANO

En México hablamos mucho de democracia, pero casi siempre empezamos demasiado tarde.

Hablamos de democracia cuando comienzan las campañas, cuando aparecen los espectaculares, cuando escuchamos los debates y, finalmente, cuando tenemos una boleta enfrente.

Pero para entonces alguien ya tomó una decisión fundamental: quién puede aparecer en esa boleta.

Y quizá por eso deberíamos hacernos una pregunta mucho más sencilla: ¿De dónde salen los candidatos?

La pregunta viene a cuento porque Morena acaba de definir sus coordinaciones estatales rumbo a las 17 gubernaturas que estarán en juego en 2027. En Aguascalientes, por ejemplo, la definición recayó en Nora Ruvalcaba.

Después de los cuestionamientos alrededor del proceso, Morena hizo algo que debe reconocerse: publicó los resultados de sus encuestas y explicó su metodología.

Pero conocer las encuestas no termina la discusión. En realidad, abre una mucho más interesante.

Porque una encuesta puede decirnos quién tiene mayor conocimiento, quién genera una opinión más favorable o quién obtiene determinada preferencia.

Lo que una encuesta no necesariamente responde es quién decidió quién podía entrar a esa encuesta.

Y ahí comienza el verdadero debate democrático.

Durante décadas México conoció perfectamente otro mecanismo para construir candidaturas. Hasta nombre tenía: el dedazo.

El presidente decidía. El gobernador decidía. El dirigente decidía. El grupo político decidía.

Después llegaba el candidato y los ciudadanos escogíamos entre las opciones que previamente habían construido los partidos.

México cambió. Tenemos instituciones electorales, competencia política, redes sociales, encuestas, procesos internos y mecanismos mucho más sofisticados.

La pregunta es si también cambió suficientemente la forma en que construimos nuestras candidaturas.

Porque cambiarle el nombre a las cosas no necesariamente cambia las cosas.

Podemos hablar de acuerdos, coordinaciones, consensos, encuestas o procesos internos.

La pregunta permanece: ¿cuánto participa realmente el ciudadano antes de que aparezca la boleta?

Y ésta no es una pregunta exclusivamente para Morena.

También debe hacerse al PAN, al PRI, al Verde, al PT y, por supuesto, a Movimiento Ciudadano. Incluido mi propio partido.

Movimiento Ciudadano contempla en sus estatutos candidaturas provenientes directamente de la sociedad y establece que por lo menos la mitad de las candidaturas que deba postular correspondan a candidaturas externas.

Me parece una discusión particularmente importante porque la política no debería convertirse en una profesión reservada exclusivamente para quienes llevan toda su vida dentro de ella.

Necesitamos médicos. Maestros. Empresarios. Activistas. Jóvenes. Vecinos.

Personas que conocen los problemas no porque los hayan leído en un informe, sino porque los enfrentan todos los días.

Eso tampoco significa que alguien sea mejor candidato simplemente por venir de la sociedad civil. Significa que la puerta debe estar abierta.

Los partidos son necesarios. Necesitamos instituciones, reglas, organización y proyectos políticos.

El problema comienza cuando esas instituciones terminan funcionando como clubes privados.

Porque entonces sucede una contradicción extraordinaria.

Le decimos al ciudadano: “Decide”.

Y el ciudadano pregunta: “¿Entre quiénes?”

“Entre éstos”.

“¿Y quién decidió que fueran éstos?”

“Nosotros”.

Ahí está el problema.

La democracia no debería comenzar cuando recibimos una boleta.

Debería comenzar cuando se construyen las opciones que algún día aparecerán en ella.

Cuando un ciudadano puede levantar la mano. Cuando conocemos las reglas. Cuando sabemos cómo se seleccionaron los perfiles.

Cuando podemos preguntar por qué alguien llegó a una candidatura y existe una respuesta pública, verificable y comprensible.

Porque votar es elegir. Pero también importa quién elige entre quiénes podemos elegir.

México necesita más ciudadanos entrando a la política y políticos capaces de regresar a ser ciudadanos.

Un cargo público debería ser temporal. Una responsabilidad, no una profesión vitalicia ni una propiedad.

Por eso, rumbo a 2027, quizá no deberíamos preguntar solamente: ¿Quién va a ganar?

Antes deberíamos preguntar algo mucho más importante: ¿De dónde salieron los candidatos?

Porque si los ciudadanos solamente podemos escoger entre las opciones que alguien más escogió primero, entonces hay una pregunta que nuestra democracia todavía tiene pendiente:

¿cuánto estamos eligiendo realmente?

Walter Schädtler

 

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