Francisco querido amigo

Transeúnte

San Francisco de Asís es sin lugar a duda uno de los santos que más ha marcado la vida de la Iglesia. Su ejemplo y manera de vivir impresiona a creyentes y no creyentes. En medio de una sociedad como la nuestra en la que los avances tecnológicos y sobre todo el uso exacerbado de la inteligencia artificial se hacen presentes, sigue resultando impresionante la figura de este hombre bueno y fiel que hizo de la pobreza su aliada para vivir desde la minoridad y el desprendimiento su relación el Señor. Este año la Iglesia conmemora 800 años de muerte de este gran santo. De 1226 año de la muerte de Francisco, nos separan ocho siglos. Ocho siglos marcados por la huella de este gigante de la fe que logró convertirse en un evangelio viviente. Francisco el hombre desprendido de todo para vivir para el Todo, es decir para vivir únicamente para Dios. ¿Cuál es el mensaje de Francisco para el hombre de hoy? Considero que pretender encerrarlo en una sola expresión podría ser complicado. Pues Francisco no sólo es el hombre pobre y simple, también es el hombre que supo dialogar incluso con quien no compartía su fe y por ende pensaba distinto a él, recordemos su encuentro con el sultán, que le coloca como un hombre cuya simplicidad le ayuda a poder acercarse al otro desde la apertura que se adquiere luego del encuentro con Dios. La conversión de Francisco inició al abrazar a un leproso, tocando la carne del sufriente en lugar de esquivarla. En nuestra era de contactos virtuales e interacciones mediadas por pantallas, el Poverello nos desinstala y nos invita a un encuentro humano real y compasivo, proclamando con su vida el célebre saludo franciscano: «El Señor te dé la paz En él tenemos un ejemplo de que en ocasiones la vida se torna complicada y no por eso debemos desistir de lo que deseamos, y es que los últimos años de vida de Francisco no fueron sencillos, no sólo por estar marcados por el dolor de la enfermedad, recordemos que tan solo un año antes de morir compuso el “Laudato si”, una oración que nace de un alma enamorada de Dios y de la vida misma. Francisco no contemplaba la creación con un romanticismo ingenuo, sino con una mirada teológica y fraterna: el Sol, la Luna, el Viento y la Tierra eran verdaderos hermanos, criaturas de un mismo Padre. Esta intuición, que hoy inspira el concepto de ecología integral, contrapone a la cultura del consumo descartable la mística del cuidado y la reverencia por la vida. Al conmemorar ocho siglos de su nacimiento a la eternidad, la voz de Francisco no llega como un eco distante del pasado medieval, sino como una interpelación urgente. Su vida nos recuerda que, en un mundo fascinado por la eficiencia y la acumulación, la verdadera revolución sigue siendo la del corazón desarmado y humilde: aquel capaz de despojarse de lo superfluo para descubrir en el prójimo a un hermano y en Dios al único Todo.    
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