Aquel o aquella que yace, que ha sido alcanzado(a) por la muerte con todo su cuerpo tocando ya la tierra y con sus manos sobre el pecho. El arte ha representado así a las personas que se han desprendido de su cuerpo físico ahora inerte, descansando, como en un eterno sueño. También, yacente es esa herencia que aún no llega a su destino, pero que existe ya como una energía que está en espera de llegar a las manos de los herederos. Para nosotros, en biodescodificación y constelaciones familiares, significa estar habitado(a) por un muerto.
En primera instancia puede ser un(a) hermano(a) no nacido(a) que estuvo antes o bien una persona del árbol genealógico que falleció alrededor de la fecha de nacimiento de la persona, que nació en el aniversario luctuoso de un(a) ancestro(a), o bien que mientras que experimentaba el estadío gestacional algún miembro de su familia partió de este mundo. Entonces, puede ser un hijo de reemplazo, lo cual es sumamente conflictivo para la persona porque no es vista por quien es y también alguien que carga con duelos no resueltos, con vacíos, con muerte.
Puede darse también que alguien de la familia haya sido olvidado(a) o excluido(a), que murió en soledad y alguien de los nuevos, de los más pequeños(as) le representen. También el o la yacente cargan con muertes trágicas, suicidios, muertes repentinas, en accidentes o pérdidas en el vientre materno.
Cuando estos dolores tan profundos, no se trabajan, no se han podido elaborar, ni siquiera mencionar o sentir, algunas veces se convierten en secretos de familia y es bien sabido que todo secreto tarde o temprano crea mucho dolor y sufrimiento en el sistema familiar, en las siguientes generaciones, porque es algo no visto, no honrado, no asimilado ni reconocido.
El trauma transgeneracional no ha sido sanado y el sistema busca el equilibrio en las nuevas generaciones. Otra forma de convertirse en yacente es cuando la persona lleva el nombre de un pariente que falleció y que ha sido nombrado(a) con la intención inconsciente o conciente de sustituir o regresar a dicha persona.
El problema es que ese ser, está condenado(a) a repetir, compensar o reparar el destino de quien ya está en otro plano de existencia. Hay que hacerle saber en un nivel del inconsciente que Él o Ella no es la persona que murió, que son destinos distintos, que no tiene porque cargar con un destino ajeno y que tiene derecho, bendiciones y permiso para ser visto(a) por quien es.
Es una liberación enorme y afortunada. Recuerdo una vez que llegó un hombre amable, de corazón noble, muy afanoso y sereno a la consulta a compartir que sentía un dolor profundo en el pecho, una melancolía que no le dejaba respirar en las noches, que sentía que extrañaba algo o a alguien pero no entendía porqué, si en su vida todo era en ese momento tranquilo y agradable a su alrededor. Cuando buscamos el origen, descubrimos muy claramente como su síndrome era el de ser yacente.
Le recuerdo venir a la consulta siempre vestido de negro, parecía enlutado y no solo en su atuendo, sino que también su rostro tenía un tono griscaseo, ojeras y una mirada triste, muy triste. Cuando honró, miró y le devolvió su destino a la persona que ya pertenecía a otro plano pero que aún habitaba en su persona, ese buen hombre tuvo un cambio impresionante.
La siguiente sesión fue, para mí, muy sorprendente. Él llegó vestido con una camisa azul cielo, la mirada ya no era baja, ni triste y parecía que se había estirado,algo así como si pudiera erguirse por fin, después de haber dejado atrás una carga que no le correspondía en absoluto. Fue liberador. Y aunque no todos los casos son tan gráficos, en materia del espíritu, la mente, la emoción y la energía es seguro que todo cambia para bien.
Porque honrar es respetar el destino del otro. Por eso es muy importante buscar el nombre que resuene con el alma de los(as) hijos(as), darles desde ese momento una mirada hacia su autenticidad. De esa forma les libramos de dolor y sufrimiento. Y es que a pesar de que es una tradición, no deja de ser básicamente el endilgamiento de historias ajenas en las espaldas de un ser que tiene todo el derecho a vivir en su ser esencial.
Cuando es de forma inconsciente, ¿Qué le vamos a hacer? Habrá que trabajarlo, pero si podemos hacer conciencia para intentar con todo el ánimo de no repetir historias dolorosas o dejar en las espaldas de la progenie lo que ya no es de su época, podemos abrirles un camino evolutivo, conciente y amoroso, uno más sonriente.
Las características de un(a) yacente son: Profunda melancolía, pesadez, una mirada constante hacia el suelo, una sensación de no estar viviendo el propio destino, es decir hacer actividades, seguir una carrera o profesión que miran hacia la muerte, o llevar una vida que no cuadra con los anhelos de su espíritu, se siente como vivir una vida ajena, no permitirse el placer y la alegría de vivir porque dirían: “¿Quién soy yo para disfrutar de la vida, si tú estás muerto(a)?”, vestir de luto, generalmente en tonos oscuros, sentir atracción hacia el mundo de la muerte en la cuestión artística, musical, o bien tener trabajos que les acerquen a ello, dormir con suma rigidez, tener bruxismo y de algunas otras formas experimentar ese jalón hacia el mundo de los muertos.
La persona yacente puede experimentar la liberación con algún acto de psicomagia, constelación familiar, biodescodificación, metagenealogía o algún otro trabajo terapéutico que le ayude a tomar conciencia de que Él o Ella es otra persona, que puede seguir en la vida y de esa forma honrar a quien ya ha trascendido hacia la luz. Si esto te resonó te invito a extender tus alas y a echar raíces en la alegría de vivir y en el dulce sabor de estar en la tierra siendo tú, sin cargar con otros destinos, solo de esa forma haces que sus almas se alegren allá en donde estén, viéndote experimentar tu destino en plenitud.
Gracias por caminar juntos
Tu terapeuta
Claudia Guadalupe Martínez Jasso.