Bajo presión
Es una memoria persistente, quizá mi único recuerdo real, al que no le he agregado o eliminado elementos. Toda memoria es ficción, me digo; sin embargo la escena me la contó mi madre, con una simetría absoluta entre lo que me dictaba la memoria y su relato. Siempre me golpea en octubre:
Camino tomado de la mano de mi madre, llegamos a la esquina de San Cosme e Insurgentes. Dos jóvenes grafitean la vitrina de un BurgerBoy, uno de ellos escribe las líneas de arriba y su compañero la continuación. Agitan el bote de aerosol. Detrás de ellos, sobre la calle, avanza un contingente de manifestantes, el contingente está formado por estudiantes de diversos planteles escolares que avanzan hacia la Alameda central para alcanzar el Zócalo. Gritan consignas, brincan, ondean banderas y levantan sus pancartas.
Los jóvenes que grafitean el establecimiento terminan su obra, uno de ellos da un paso atrás y el otro le sigue, observan lo que acaban de hacer. Mi madre y yo también observamos. Le aprieto la mano, finaliza la década de los 70, le hago una pregunta en voz baja, ella tiene que agacharse para atender mi duda.
-Pregúntales -me dice y con un gesto me acerca a los jóvenes, sin lograr que suelte su mano.
-Quihubo, mano -uno de los grafiteros se adelanta, más por mi madre que por mí.
-¿Qué no se olvida? -me atrevo en voz baja.
-¿Qué?
-¿Qué es lo que no se olvida?
-Pues el 2 de octubre -el grafitero señala la pinta en el cristal.
-Sí, pero ¿qué es lo que no se olvida?
-Pues eso, el 2 de octubre -me mira con el mismo hartazgo de quien previene sobre los peligros del fuego y permite que el otro se queme sólo para tener la razón. Su compañero lo apura, qué hace perdiendo el tiempo respondiendo a un niño, el contingente avanza y hay muchas pintas por hacer, se arrancan al mismo tiempo, cruzan Insurgentes y se unen a la marcha.
Mi madre y yo esperamos en la esquina para poder cruzar la calle, que se aleje el contingente.
-¿Qué no se olvida? -le pregunté a mi madre.
-Que mataron a muchos estudiantes -responde y avanzamos- Yo tuve suerte, casi estuve ahí.
Es octubre, de nueva cuenta esa memoria me aprieta.
Años después, ya como estudiante, realicé el mismo recorrido con los compañeros de mi generación y muchos, demasiados, no sabíamos qué era lo que no debíamos olvidar. Hijos de los jóvenes que sí vivieron el 68 mexicano, fuimos conociendo los detalles de la matanza de fuentes secundarias. Crecimos en un país donde cuando se cuestiona al poder se reciben confusos informes oficiales, se prometen investigaciones a fondo, maniobras burocráticas que intentan resolver el conflicto con una disculpa, casi siempre vana, hueca, un lo siento o perdón que no está atado a las causas, que generaliza las consecuencias de los actos y pretende excusarse disolviendo en el olvido.
25 años después del 2 de octubre de 1968, la sociedad civil (apenas comenzábamos a llamarla así) organizó una Comisión de la Verdad para esclarecer lo ocurrido en esa fecha en la Plaza de las Tres Culturas, Tlatelolco. La investigación incluyó la identificación de las víctimas.
La conmemoración de la fecha adquirió un sentido diferente, en esa marcha fuimos miles los que escuchamos a los líderes históricos del movimiento, quienes atendimos el testimonio de quienes sí estuvieron ahí. Se fue clarificando el propósito de no olvidar.
No fue un momento sencillo, se buscaban héroes y mártires, se demandaban villanos y asesinos, en búsqueda de la verdad se negaron los matices, en búsqueda del absoluto se polarizaron las posiciones, incluso se polemizó acerca de la obligación moral de acusar al gobierno de haber cometido genocidio, se quiso obligar a caracterizar así la matanza en Tlatelolco, quienes no estuvieron de acuerdo fueron denostados, quienes no quisieron pensar como todos, fueron expulsados de la rotonda de los luchadores por la democracia, señalados como fascistas, traidores, enemigos.
El Informe Oficial que sobre la noche del 2 de octubre elaboró Fernando Gutiérrez Barrios, director federal de Seguridad en 1968, consta de 4 hojas a renglón seguido, está clasificado como D.F.S.-2-X-68 y se titula: PROBLEMA ESTUDIANTIL, ahí indica:
“Con relación a los acontecimientos suscitados en la Plaza de las Tres Culturas, de la Unidad Santiago-Tlatelolco, en esta Ciudad, hoy por la tarde fueron detenidas 1,043 (UN MIL CUARENTA Y TRES) personas, las cuales se encuentran como sigue:
“363 (TRESCIENTAS SESENTA Y TRES) en el Campo Militar No. 1. 83 (OCHENTA Y TRES) en la Jefatura de Policía. 597 (QUINIENTAS NOVENTA Y SIETE) distribuidas en la Cárcel Preventiva de la Ciudad y en la Penitenciaría del Distrito Federal.
“Hasta las 6.00 horas del día 3, estos detenidos todavía estaban llegando a los reclusorios indicados, por lo que ha sido imposible tomar los nombres de todos ellos, lo que ya se está procediendo a hacer para poder clasificarlos de acuerdo con su importancia.
“Los miembros del Consejo Nacional de Huelga que se encontraban presidiendo el mitin en la citada Plaza, fueron detenidos y por el señalamiento anterior, hasta el momento sólo se tienen los nombres de SÓCRATES AMADO CAMPOS LEMUS y FLORENCIO LÓPEZ OSUNA, estudiantes del I.P.N.
“Hasta esa misma hora, en las diferentes Delegaciones y Hospitales, se encontraban 26 personas muertas, entre ellas 4 (CUATRO) mujeres, la mayoría de las cuales no han sido identificadas; una de ellas fue un soldado del Ejército.
“Los heridos, en número de 100 (CIEN), también se encuentran en diferentes Hospitales y Cruces: 73 (SETENTA Y TRES) hombres y 27 (VEINTISIETE) mujeres, entre ellos está el Gral. JOSÉ HERNÁNDEZ TOLEDO, Comandante del Batallón de Fusileros Paracaidistas, así como 12 (DOCE) soldados y 7 (SIETE) elementos de diferentes policías (tres de la D.F.S., dos de la Policía Judicial Federal, uno de la Policía Judicial del D.F. y un policía preventivo).”
Más de mil detenidos y 26 muertos según ese reporte de Gutiérrez Barrios; el periodista John Rodda, corresponsal de The Guardian reportó que habían muerto 500 personas; Oriana Fallaci, periodista italiana que fue herida ese 2 de octubre, sostuvo que eran miles los muertos; Octavio Paz en Posdata indica que la cifra probable era de 325 asesinados.
En la explanada de la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco se encuentra el monolito en memoria de los fallecidos (inaugurado el 2 de octubre de 1993), bajo la imagen de unas palomas dice:
Adelante!!
A los compañeros caídos
El 2 de octubre de 1968 en esta plaza
Se enlistan los nombres completos y edades de 20 víctimas identificadas que concluye:
Y muchos otros compañeros cuyos nombres y edades aún no conocemos
Sólo 20 víctimas identificadas, apenas 20 nombres y un terrible final. Muchos otros compañeros cuyos nombres y edades aún no conocemos. Décadas después seguimos igual, no tenemos una versión única de lo que ocurrió en la Plaza de las Tres Culturas. El informe de la sociedad civil y el del Estado únicamente consiguieron polarizar, ninguno resolvió los hechos de fondo.
La impunidad es tal que bloquea a quienes la combaten, cuando la Comisión de la Verdad intentó llenar el vacío de conocimiento enfrentó la cerrazón de las autoridades y poco pudo sacar de los archivos oficiales. Quienes investigaron tuvieron que llenar los huecos con absolutos y eso generó bandos que defienden una verdad montada en supuestos.
En México el sentimiento ocupa el lugar del conocimiento, no por una cuestión cultural, es una respuesta a la impunidad que las autoridades mismas promueven.
Este 2 de octubre, a 58 años seguirá la conmemoración, a esa marcha se unirán contingentes con otras causas, nuevas víctimas del silencio oficial, de la construcción de verdades históricas: las madres y padres de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, de otros miles de desaparecidos en todo el país, mexicanos que van de oficina en oficina sin obtener respuesta, que recorren el territorio descubriendo fosas clandestinas.
Víctimas sin respuesta. Víctimas a las que el Estado reduce a expresiones genuinas del dolor y responde con comunicados de prensa. Víctimas que son vigiladas desde los palcos de los gobiernos para que no se excedan en sus peticiones. Víctimas para las que, sin importar el origen de su dolor, no habrá respuesta.
A inicios de octubre, se volverá a salir a las calles, se gritarán consignas, una vez más habrá señalamientos, gestos que se estrellaron contra las vallas metálicas con que se protegen quienes gobiernan, con las que intentan enterrar a las víctimas en el olvido.
Coda. De Sobre todo cuando el viento de octubre, de Dylan Thomas:
Encerrado también en una torre de palabras
trazo en el horizonte que anda como los árboles
las siluetas verbales de mujeres, y las filas de niños
con sus gestos de estrella sobre el parque.
@edilbertoaldan