Campañas que todavía no se llaman campañas

¿Lo dije o lo pensé?

Morena ya tiene prácticamente definidos a quienes encabezarán su proyecto político en los 17 estados donde habrá elecciones para gobernador en 2027. Solo que no les llama candidatos ni precandidatos, son “Coordinadores Estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional”.

No es la primera vez que Morena utiliza esta fórmula. Ya ocurrió antes de la elección presidencial de 2024 y el desenlace lo conocemos.

En junio de 2023, cuando todavía faltaban meses para que comenzaran formalmente las precampañas presidenciales, Morena abrió un proceso para elegir a quien ocuparía la “Coordinación Nacional de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación”. Participaron Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard, Adán Augusto López, Ricardo Monreal, Gerardo Fernández Noroña y Manuel Velasco. Recorrieron el país, realizaron eventos, aparecieron en propaganda por todos lados y compitieron en encuestas. Al final de aquel proceso interno, Sheinbaum resultó nombrada coordinadora y posteriormente se registró formalmente como precandidata única a la Presidencia.

Las autoridades electorales tuvieron que intervenir desde entonces. El INE estableció reglas para esas actividades: no pedir el voto, no buscar abiertamente respaldo para una precandidatura y no presentar propuestas ligadas a una aspiración electoral. Incluso hubo múltiples denuncias por posibles actos anticipados de precampaña y campaña. No todas prosperaron, porque jurídicamente no basta con decir que alguien se está adelantando; deben acreditarse determinados elementos.

Sin embargo, al estudiar aquel proceso, el Tribunal Electoral señaló que la “Coordinación de Defensa de la Transformación” era una figura *sui géneris* que ni siquiera estaba prevista como cargo ordinario en los estatutos de Morena. También dejó asentado que, históricamente, quienes habían ocupado esas coordinaciones estatales terminaban registrados como precandidatos únicos y después como candidatos a las gubernaturas.

Por eso resulta difícil analizar lo que ocurre ahora en 2026 como si fuera algo completamente distinto. Morena acaba de repetir el procedimiento para las elecciones de 2027. En Aguascalientes, por ejemplo, Nora Ruvalcaba fue designada Coordinadora Estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional. Formalmente no es todavía candidata a gobernadora,pero el nombramiento forma parte del proceso político con el que Morena está definiendo quién encabezará su proyecto en cada uno de los estados que renovarán gubernatura.

Ahí está el punto.

Los partidos tienen derecho a organizarse, hacer encuestas, formar estructuras y preparar elecciones. Eso no está en discusión. Lo cuestionable es que el calendario electoral diga una cosa mientras la competencia política empieza muchos meses antes mediante figuras creadas específicamente para ese periodo.

Y hay otro asunto que tampoco debería pasar de largo: el dinero. Si esos coordinadores realizan recorridos, eventos, encuestas, propaganda partidista, traslados y actividades territoriales meses antes de las precampañas, ¿bajo qué rubro se está pagando todo eso y cuándo comenzará a contabilizarse como gasto destinado a posicionar a quien terminará siendo candidato?

En el 2023,el propio INE determinó que aquellas actividades eran, jurídicamente, “actividades partidistas de carácter ordinario” y ordenó llevar un control de los recursos utilizados para reportarlos dentro del gasto ordinario del partido. Es decir, mientras políticamente los aspirantes recorrían el país en una competencia que terminaría definiendo la candidatura presidencial, contablemente esos recursos todavía no eran tratados como gastos de precampaña. Y eso no implica por sí mismo que hubiera una irregularidad, es decir, era la clasificación establecida por la autoridad electoral,pero ¿en dónde termina la actividad ordinaria de un partido y dónde comienza, en los hechos, el posicionamiento de una futura candidatura?

En los papeles son coordinadores. Después vendrán las precandidaturas y finalmente las candidaturas. El problema es que ya vimos esa secuencia con Sheinbaum: primero aspirante a una coordinación, después coordinadora, luego precandidata única y finalmente candidata presidencial.

Legalmente cada etapa tuvo un nombre distinto. Políticamente formaron parte de un mismo camino.

Por eso el debate sobre los actos anticipados no debería reducirse únicamente a buscar un literal “vota por mí”. También vale la pena preguntarnos si tiene sentido conservar fechas oficiales para precampañas cuando los partidos pueden comenzar mucho antes a posicionar a quienes probablemente serán sus candidatos mediante cargos internos creados para ese propósito.

Y esto debería preocupar independientemente de quién lo haga. Porque si una fórmula resulta jurídicamente válida para Morena, mañana PAN, PRI, Movimiento Ciudadano o cualquier otro partido puede crear sus propios coordinadores, defensores, enlaces ocomo quiera llamárseles.Entonces terminaremos teniendo campañas que duran un año, aunque durante los primeros meses nadie se atreva a llamarlas campañas.

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