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El Sol no está en llamas: esta es la razón por la que brilla

Aunque desde la Tierra parece una enorme bola de fuego, el Sol no arde como una fogata. Su luz y su calor se producen gracias a un proceso llamado fusión nuclear.

En el centro del Sol existen temperaturas de alrededor de 15 millones de grados Celsius y una presión gigantesca. Bajo esas condiciones, los átomos de hidrógeno se unen para formar helio. Durante este proceso, una pequeña parte de la materia se transforma en enormes cantidades de energía.

Esa energía comienza un largo recorrido desde el interior del Sol hasta su superficie y finalmente es liberada al espacio en forma de luz y calor. Una pequeña fracción llega hasta la Tierra y hace posible prácticamente toda la vida que conocemos.

Por eso el Sol brilla de manera constante desde hace aproximadamente 4 mil 600 millones de años y todavía tiene suficiente hidrógeno para continuar haciéndolo durante miles de millones de años más.

Dato curioso: la luz del Sol tarda aproximadamente ocho minutos y 20 segundos en recorrer los cerca de 150 millones de kilómetros que separan al Sol de la Tierra. Esto significa que, cuando miramos el Sol, en realidad estamos viendo cómo era hace poco más de ocho minutos.

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