Dolor, callos, deformaciones en los dedos y problemas de equilibrio son algunas de las consecuencias relacionadas con el uso frecuente de tacones altos.
Las zapatillas de tacón pueden completar un atuendo, pero utilizarlas durante varias horas o de manera frecuente también modifica la forma natural en la que el cuerpo distribuye su peso. Al elevar el talón, una mayor parte de la presión se desplaza hacia la zona delantera del pie, especialmente hacia los metatarsos y los dedos.
Una de las molestias más comunes es la metatarsalgia, caracterizada por dolor o sensación de ardor en la planta del pie, justo detrás de los dedos. Además, los modelos estrechos o con punta pueden comprimir los dedos, favorecer la aparición de callos y agravar deformidades como juanetes o dedos en martillo. El roce constante también puede afectar las uñas.
El problema no termina en los pies. Investigaciones sobre biomecánica han encontrado que caminar con tacones cambia el movimiento del tobillo y la rodilla, desplaza la presión plantar hacia adelante y reduce el equilibrio tanto estático como durante la marcha. Otros estudios han observado modificaciones en la postura que pueden extenderse hacia las rodillas y la zona lumbar.
El uso frecuente también puede provocar tensión en los músculos de las pantorrillas. Al mantener durante mucho tiempo el pie inclinado hacia abajo, estos músculos pueden adaptarse a esa posición y generar molestias cuando posteriormente se camina descalzo o con calzado plano.
Esto no significa que los tacones tengan que desaparecer del armario. Especialistas en pie y tobillo recomiendan reducir el tiempo de uso, preferir tacones más bajos y estables, elegir zapatos con suficiente espacio para los dedos y alternarlos con calzado cómodo y con buen soporte. La Asociación Médica Podológica Americana recomienda, cuando sea posible, utilizar tacones inferiores a aproximadamente cinco centímetros para disminuir la presión sobre el antepié.
Si después de utilizar zapatillas aparecen dolor persistente, entumecimiento, inflamación o molestias que dificultan caminar, es recomendable acudir con un especialista, ya que el dolor constante en los pies no debe considerarse una consecuencia normal de usar determinado tipo de calzado.