La corrupción que ya ni se esconde

Desde el Lunar Azul

En Aguascalientes estamos llegando a esa etapa peligrosa en la que el problema ya no es únicamente la corrupción, sino la posibilidad de que nos hayamos acostumbrado a ella.

Porque si la denuncia presentada por Martha Márquez —sí, Martha, la de las cartulinas— sobre el supuesto uso de trabajadores y recursos de Radio y Televisión de Aguascalientes para obras en una vivienda particular resulta cierta, lo preocupante no sería solamente quién mandó pintar qué.

Lo verdaderamente grave sería la naturalidad con que se hizo.

Como si un vehículo oficial fuera un Uber de confianza. Como si el horario laboral fuera una cortesía del contribuyente. Como si los trabajadores públicos pudieran convertirse, por arte de magia administrativa, en cuadrilla particular.

La denuncia tendrá que probarse. Punto.

Pero Beto Romero, director general de RyTA, tiene una responsabilidad política y administrativa que empieza antes de cualquier sentencia: explicar.

¿Los trabajadores que aparecen en los materiales difundidos pertenecen a RyTA? ¿Estaban en horario laboral? ¿Se usaron vehículos, herramientas, combustible o materiales públicos? ¿Quién autorizó la salida? ¿Existió orden de trabajo?

Cinco preguntas. No se necesita una producción de Canal 26 para contestarlas.

Y después está la otra pregunta deliciosa: ¿quién le dio el pitazo a Martha?

Porque alguien sabía.

Y si alguien sabía, quizá el problema no comenzó cuando apareció la cartulina, sino mucho antes, dentro de una administración donde, al parecer, ya hay quienes prefieren filtrar antes que denunciar institucionalmente.

Y aquí aparece otro error del teresismo: creer que todo problema político se resuelve arrinconando al adversario.

Martha Márquez lleva meses confrontada con el aparato teresista. Ella ha denunciado intimidaciones; el secretario del Ayuntamiento sostiene que cualquier eventual sanción corresponde al Órgano Interno de Control.

Quizá alguien debería recordarles a los estrategas oficiales que hacer política también consiste en abrir salidas. Cuando a un adversario solo le dejas como opción defenderse, denunciar y contraatacar, no lo neutralizas: le construyes una tribuna.

Y eso conecta, inevitablemente, con Eugenio Maiz Domene.

Su defensa sostiene que se han abierto sucesivamente cinco investigaciones en su contra, y acusa a la Fiscalía estatal y al Poder Judicial de actuar coordinadamente para impedir su libertad. Es una acusación de la defensa, no un hecho acreditado, pero por su gravedad merece respuestas institucionales, no silencio.

Porque cuando cada expediente incómodo termina acompañado de sospechas políticas, el problema deja de ser solamente jurídico: se convierte en un problema de confianza pública.

Y todavía falta una pregunta incómoda.

Si se acredita documentalmente que un funcionario responsable de áreas relacionadas con regulación, inspección o gobierno municipal mantiene participación empresarial en un establecimiento sujeto a esas mismas facultades, ¿existe conflicto de interés?

Eso no se responde con chismes ni fotografías. Se responde publicando declaraciones patrimoniales y de intereses, participación societaria, licencias, permisos, verificaciones, multas, y los nombres de los servidores públicos que intervinieron en cada procedimiento.

Transparencia radical. Así de sencillo.

Aguascalientes entra en la recta final del sexenio de Teresa Jiménez con una acumulación de expedientes, denuncias, amparos, filtraciones y pleitos que empieza a modificar el paisaje político.

La pregunta ya no es si aparecerá otro caso. La pregunta es qué hará el gobierno cuando aparezca.

¿Explicar? ¿Investigar? ¿Separar funcionarios mientras se esclarecen los hechos? ¿Transparentar documentos?

¿O mandar abogados, operadores y comunicadores a convencer al respetable de que aquí no pasó nada?

Porque la corrupción tiene varias etapas: primero se oculta, después se niega, luego se justifica… y finalmente se normaliza.

Y cuando una sociedad llega a esa última etapa, ya ni siquiera hace falta esconder la brocha. Total, la pintura la pagamos todos.

Aquí dejo esta roca. Empújela usted.

Yo vuelvo. Como siempre.

 

 

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