Bajo presión
En su segundo informe de gobierno declaró abiertamente sus aspiraciones, finalizó su mensaje: “Mi mayor anhelo, es seguir trabajando por Aguascalientes, por todo Aguascalientes. Trabajar es lo que sé hacer, es lo que me mueve, con la misma entrega, cercanía y resultados. Desde aquí les digo, que se escuche fuerte y claro, con el apoyo de ustedes, les voy a seguir entregando buenas cuentas a Aguascalientes… y sobre todo a su gente buena”.
Leonardo Montañez no necesita decir que quiere ser gobernador. Lo dice sin decirlo, con la cadencia de quien ha aprendido que en política la ambición explícita se paga más cara que la ambición insinuada.
Entre la herencia y el beneficio
Platico con el presidente municipal unos días antes de que rinda su informe, me interesan sus definiciones, ante la coyuntura política, sé que me va hablar de sus logros, antes de pasar a las cifras, le pregunto por el origen, ¿por qué es panista?
Leo Montañez explica, es una cuestión de dignidad de la persona, de una tradición que hunde raíces en los valores cristianos y en la idea de que el ser humano “no solamente es materia sino espíritu”. No fue una conversión intelectual: fueron sus padres primero y después Manuel J. Cloutier, el Maquío, candidato presidencial en la elección de 1988, la más disputada del priismo tardío. Montañez se cuida de no heredar la etiqueta completa de los bárbaros del norte, “me tocaron otros tiempos”, tiempos donde hacer oposición ya no cuesta la persecución que costaba entonces; prefiere describirse como beneficiario de las conquistas de ese partido antes que como heredero de su radicalismo.
Es una distinción útil para entender el resto de la conversación: Montañez habla como administrador, no como insurgente. Sin embargo, en cuanto la charla cruza hacia el terreno estrictamente político, el tono cambia.
Señalo que es el candidato natural a la gubernatura, no lo niega. Al contrario: enmarca la pregunta en términos casi demográficos. Aguascalientes capital concentra cerca del 69% de la población del estado, dice, y ser presidente municipal de una Ciudad-Estado así es, por definición, una plataforma. Es una respuesta que evade la pregunta y en el mismo movimiento la confirma.
El INE y la propia gobernadora, Tere Jiménez, han pedido no adelantar tiempos. Montañez responde con la fórmula de quien ha decidido no chocar con su jefa política ni con la autoridad electoral: la presión existe, “todos los días”, pero el siguiente paso “vendrá por añadidura”. Es la frase que mejor retrata su estrategia de este momento: no reclamar el lugar, dejar que el lugar lo reclame a él.
Frente a Morena, que en Aguascalientes ya empuja para adelantar sus propias definiciones internas, Montañez elige el registro de la madurez institucional por contraste: “cada quien tiene sus propios intereses”. Lo que le importa destacar no es quién encabezará la candidatura del PAN, sino que, decida quien decida, el partido se mantenga unido. El mensaje: no hay fractura que explotar.
Sobre el método de selección interna del PAN, la vía por la que eventualmente se definirá esa candidatura, es cauto, lo considera el más idóneo “en este momento”, aunque matiza que la madurez democrática mexicana “tendrá que madurar muchas cosas también”. Cita con soltura a Ortega y Gasset ( “Yo soy yo y mi circunstancia”) para justificar que el método correcto depende del momento, no de un principio fijo. Es una defensa condicional, no una convicción.
La pregunta más incómoda para cualquier dirigente de oposición al gobierno federal en 2026 es por qué su territorio sigue siendo la excepción. Montañez la responde con una lectura casi civilizatoria: desde su fundación, Aguascalientes es una entidad que se distingue por la “cultura del esfuerzo”, donde el elector no espera que el gobierno le dé algo sino que le garantice condiciones para que él mismo saque adelante a su familia.
La receta hacia adelante, subraya, no cambia: seguir trabajando, y sobre todo seguir respondiendo a lo que identifica como la prioridad ciudadana número uno, la seguridad.
En esa lógica, la seguridad se convierte en el ejemplo más puro de lo que el Estado sí debe garantizar, aunque no pueda proveer prosperidad; además conecta con el discurso de la gobernadora Teresa Jiménez y la defensa de su proyecto Blindaje Aguascalientes, mejor defensa de la continuidad no pudo encontrar el alcalde.
No hay ahí una propuesta nueva; hay la apuesta, más bien, a que la fórmula que ha sostenido décadas de gobiernos panistas en la capital no necesita reinventarse, solo repetirse con disciplina.
Entre la doctrina de la primera pregunta y la estrategia sucesoria del final, el hilo es el mismo: Leo Montañez construye su discurso político evitando los verbos en primera persona del futuro. No promete, no declara, no confronta. Administra la ambigüedad con la misma prudencia con la que dice administrar el gobierno. Falta ver si esa prudencia sobrevive al momento en que Acción Nacional tenga, finalmente, que nombrar a alguien.
El balance a dos años: ajustes y decisiones correctas
A días de rendir su segundo informe de gobierno, Leonardo Montañez elige un escenario simbólico para hablar de su gestión: La Pona, casi cuarenta hectáreas de bosque urbano en el corazón de la ciudad, rodeadas de mancha urbana por todos sus costados, a quince minutos del centro histórico. Fue, dice, una decisión polémica cuando se tomó. Hoy la reivindica como la que mejor resume su método de gobierno: decisiones correctas antes que decisiones populares, señala Montañez: “las decisiones que he tomado no han sido decisiones populistas”.
El proyecto para La Pona, explica, se mueve entre dos figuras jurídicas: área natural protegida o bosque urbano, y busca evitar el error que él mismo identifica en otros espacios naturales conservados a costa de volverlos inaccesibles: “que no hagamos algo donde te digan, ya no lo puedes tocar”. La comparación que usa, de forma insistente, es con el Bosque de Chapultepec de la Ciudad de México: un pulmón que la ciudad pueda caminar, no sólo mirar de lejos. Parte del riego del área proviene del agua reutilizada de los baños termales de Ojocaliente, un dato que Montañez destaca como ejemplo de aprovechamiento poco conocido. La figura que evalúa para sostenerlo a futuro es un patronato con participación de empresas locales, un modelo mixto para que los ciudadanos sigan disfrutando de La Pona, así responde el alcalde al cuestionamiento sobre el proyecto concreto que tanto le ha exigido la ciudadanía: “debe ser un área donde la gente la puede caminar; que no hagamos algo que nos impida tocar el área y las familias ya no la puedan disfrutar”.
Si hay un tema que Montañez presenta como el eje de su legado, es la municipalización del servicio de agua, operado hoy bajo el modelo MIA. Su argumento central no es sólo técnico sino de rendición de cuentas: antes, dice, el ciudadano podía reclamar pero no había “quien diera la cara”; hoy el gobierno municipal es responsable directo, sin intermediario al que culpar.
El alcalde ofrece una serie de números sobre el aprovechamiento del agua: recuperación de fugas no visibles, se duplicó el número de desazolves, el parque de camiones especializados pasó de tres a seis unidades, se destinaron recursos para cinco pozos nuevos en zonas específicas donde admite que el servicio sigue siendo irregular, lo que Leo Montañez suma a la cuenta de su administración veinte pozos puestos en operación.
Sobre el costo del servicio, adelanta una defensa antes de que se la reclamen, tan sólo en tarifa eléctrica el municipio paga más de 430 millones de pesos anuales, y más de 70 millones adicionales en derechos de extracción, más de 500 millones de pesos que no dependen de decisiones de gestión sino de estructura de costos, así justifica por qué un servicio más barato no es una opción real a corto plazo e intenta atajar las protestas sobre las tarifas.
Aquí aparece la tensión más citable de la conversación: Montañez asegura que, por ética, prefiere no prometer, ser “prudente”, enseguida enumera todo lo que no prometió, pero sí hizo: la compra de La Pona, la municipalización del agua, un hospital veterinario municipal, mil contenedores, veinte pozos, protección civil de primer nivel. Presenta como compromisos cumplidos lo que ya está hecho, precisamente para blindarse frente a la acusación de incumplimiento. Es, en cualquier caso, la construcción discursiva más trabajada de toda la entrevista.
Certificación contra la percepción
Son tiempos electorales, el deterioro de la ciudad es evidente, pero no es espontáneo, son décadas acumuladas de gobiernos de diversos partidos que ni la oposición ni el fuego amigo reconocen, antes de asumir la responsabilidad de administraciones anteriores o de la propia ciudadanía, le repito al presidente municipal la frase simplona de “Aguascalientes vive su peor momento en cuanto a los servicios que proporciona el municipio”, reacciona de inmediato con el ejemplo de la recolección de basura: el relleno sanitario municipal cuenta con cinco certificaciones consecutivas, algo que ningún otro relleno del país ha logrado, y recibe mil toneladas diarias. Antes de terminar su informe, el municipio entregará veinte camiones compactadores nuevos, que se suman a otros diecisiete ya entregados, hasta sumar cerca de cincuenta unidades repuestas en lo que va de la administración, además de mil contenedores nuevos.
Asegura que recibe las críticas de manera positiva, señala sobre las denuncias en redes sociales, muchas de ellas anónimas, “incluso cuando publican algo les contestó”, en lugar de molestarme, actúo: “Yo siempre he dado la cara, nunca me he victimizado ni he culpado a nadie, ni en el tema del agua, ni en otros temas, siempre he asumido mi responsabilidad y siempre he dicho que si protestaste el cargo, fue porque ibas a dar resultados, no te eligieron para que te fueras a hacer víctima, no te eligieron para que dieras justificaciones, no te eligieron para que dieras excusas, la responsabilidad es mía y de nadie más”.
El argumento se repite en seguridad. Montañez atribuye buena parte de la percepción de inseguridad a un conflicto entre estados vecinos que Aguascalientes no controla, y contrapone cifras: mil 485 elementos en la corporación policiaca, 384 nuevos policías graduados durante su gestión, patrullas y cámaras de solapa nuevas. Sobre abusos de autoridad, apuesta por la trazabilidad tecnológica: puede rastrear en tiempo real, desde su teléfono, la ubicación y el recorrido de cada patrulla; como mecanismo de control antes que como negación del problema: “no es justificación”, admite, “somos una policía muy numerosa”.
Leo Montañez muestra un gesto de poder personal que lo distingue, es un presidente municipal que prefiere microgestionar. Revisa los recorridos de patrullas desde su celular. Sale junto con una cuadrilla a levantar un árbol caído. Hace rondines nocturnos que transmite a través de redes sociales. Prefiere recorrer el territorio antes que la conferencia de prensa donde se hace el recuento de daños. La microgestión se ve, se nota, no es campaña de aire, es presencia en territorio. Las encuestas que miden las preferencias partidistas no necesariamente reflejan esas acciones. Habrá que esperar cómo sopesan estos factores el PAN para elegir a su candidato a gobernador.
En materia de movilidad, la apuesta de mediano plazo: un proyecto estatal con colaboración municipal, es un cable bus urbano que conecte oriente, centro y poniente, en una ciudad que, reconoce Montañez, tiene más de un automóvil por cada dos habitantes.
El presidente municipal encadena el trabajo que hace ahora el municipio con semáforos inteligentes, con tiempos variables según hora pico, en un centro de operación que sustituyó al antiguo monitoreo pasivo de semáforos, y en ciclovías más seguras.
En desarrollo urbano, el énfasis discursivo está puesto en el oriente de la ciudad: entre 30 y 40 parques nuevos o rehabilitados, una nueva casa de música en Cactus, siguiendo el modelo de las de Pocitos y Lomas del Mirador, pavimentación en diversas colonias del oriente; procesos de regularización de polígonos de vivienda que, una vez resueltos, permitirían al municipio introducir pavimento, drenaje y agua potable formales.
Leo Montañez condiciona la autorización de nuevos desarrollos habitacionales a que exista ya infraestructura educativa, laboral y de transporte alrededor; una respuesta indirecta a décadas de crecimiento inmobiliario desordenado hacia los extremos de la ciudad.
La apuesta de cierre: turismo médico
Para el tercer año de gobierno, el proyecto que Montañez presenta como bandera es un clúster de turismo médico certificado, inspirado en modelos de ciudades de la frontera norte: hospitales, hoteles y agencias de viaje certificados para atraer pacientes de Estados Unidos, con costos menores a los de Houston o la Ciudad de México.
Es, dice el presidente municipal, una apuesta de diversificación económica para una ciudad que hasta ahora ha basculado entre la industria automotriz y el turismo religioso y ferial. Un proyecto que se alinea a una promesa de la gobernadora Teresa Jiménez, una que parece posible por el desarrollo de instituciones de salud locales. Una, también, que lleva años como anhelo y que siempre se queda cerca de consolidarse.
Al cierre, cuando se le pide resumir los dos años de su gestión, Leo Montañez elige la palabra “ajustes”, no cambios radicales, sino mejora continua sobre un modelo que ya decidió no tocar de fondo. Es, otra vez, el mismo patrón que atraviesa toda la conversación: la gestión como administración prudente de lo heredado, no como refundación.
Para finalizar, le pido al presidente municipal que describa cómo quiere que sea el tercer año de su gestión, responde rápido “queremos que sea de cerrar muy fuerte, un año donde estemos consolidando las obras pendientes”. Leo Montañez quiere cerrar fuerte el tercer año. Lo que no dice es quién lo va a cerrar: si el alcalde que administra, o el candidato que ya se fue.
@edilbertoaldan