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HOMILÍA: La bondad, es más grande que la justicia

Lo justo,tiene una medida justa; pero, sería injusto, que el amor estuviera medido por la justicia.   El amor sabe poner límites, pero el amor en sí, no tiene medida.   Y, el amor de Dios hacia  nosotros, sobrepasa cualquier medida; porque Él, es más misericordioso que justo.   En cambio, el hombre siempre se mide por lo justo, y olvidaser generoso; ya que,piensa de maneramuy distinta,acomo piensa Dios   Dijo Él no son mis caminos, dice el Señor”. (Is.55).   Dios, nos mira con amor desmedido, y esa, es la  medida de su amor.    Decía San Agustín: “La medida del amor, es el amar sin medida” . (Confesiones de San Agustín).   Para Dios, lo más importante, es que volvamos a Él, sin importarque lleguemos tarde.   El Señor, nos presenta el ejemplo del propietario de una viña, que pagó lo mismo a los que llegaron temprano, como aquellos que solo trabajaron una hora.   Para Dios, lo que importa es que el hombre recapacite, sin importar el momento. Él,siempre estará con los brazos abiertos, esperando nuestro regreso.   Y, ante el enojo, de aquellos que trabajaron todo el día, el Señor respondió: “ ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque soy bueno?”. (Mt.20).   Dios es tan grande, que su amor no tiene medida. Y más allá de su justicia, está su misericordia.   Por eso, no hay  que enojarse, por la bondad de Diospara aquellos que llegan hasta el último; pensando, que ellos no merecen el mismo amor.   Pero, Dios no nos ama por nuestros méritos, sino por qué somos suyos.   Por tanto, tratemos de imitar la bondad de Dios,no siendo tan justos, y siendo más misericordiosos.   Porque, el que ama, siempre va a ser amado.   Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.  

 

EVANGELIO

Del santo Evangelio según san Mateo 20, 1-16a   En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: ‹Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo›. Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo.   Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía otros que estaban en la plaza y les dijo: ‹¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?› Ellos le respondieron: ‹Porque nadie nos ha contratado›. Él les dijo: ‹Vayan también ustedes a mi viña›.   Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: ‹Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros›. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno. Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: ‹Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor›.   Pero él respondió a uno de ellos: ‹Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?›   De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos».    Palabra del Señor.
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