El grito sin Allende

¿Lo dije o lo pensé?

Cada 15 de septiembre el Grito de Independencia tiene algo de historia y algo de presente. La ceremonia recuerda lo ocurrido hace más de dos siglos, pero también refleja a quiénes decidimos recordar hoy. Por eso los nombres que se pronuncian desde el balcón de Palacio Nacional importan. Y también importan los que no se pronuncian.

Este año hubo una ausencia difícil de pasar por alto: el Generalísimo de las fuerzas insurgentesIgnacio Allende.

En su segundo Grito de Independencia, Claudia Sheinbaum mencionó a Miguel Hidalgo, Josefa Ortiz, José María Morelos, Leona Vicario, Vicente Guerrero, Gertrudis Bocanegra, Guadalupe Victoria y Antonia Nava. Fueron 21 arengas en total, pero Allende no apareció.

Por supuesto, una ceremonia de unos cuantos minutos no puede mencionar a todos los personajes de once años de lucha independentista. Siempre habrá nombres fuera. También es válido ampliar el reconocimiento a figuras que durante mucho tiempo recibieron menos atención. Antonia Nava, Gertrudis Bocanegra, Leona Vicario o Guadalupe Victoria tienen méritos históricos propios y recordar su participación enriquece nuestra visión de la Independencia.Pero el caso de Allende es distinto por el lugar que ocupó en el nacimiento mismo del movimiento.

Hay razones para considerar a Ignacio Allende tan importante como Miguel Hidalgo en el origen de la insurgencia y, en los preparativos del levantamiento, incluso más determinante. Fue uno de los principales organizadores de la conspiración, invitó al propio Hidalgo a incorporarse y aportó su experiencia militar al movimiento. El cura de Dolores tuvo una capacidad de convocatoria decisiva y dio a la rebelión una dimensión popular que rebasó los planes iniciales. Ambos fueron fundamentales. Por eso resulta injusto presentar a Allende como un personaje secundario: su trabajo precedió al Grito y contribuyó a que aquel levantamiento fuera posible. Al recordar el comienzo de la lucha, su nombre merece un reconocimiento a la altura del que recibe Hidalgo.

La historia de México no necesita convertirse en una competencia para decidir qué héroe merece desplazar a otro. Reconocer a personajes durante años olvidados no exige sacar de la ceremonia a quienes tuvieron una participación decisiva. Hay espacio para Hidalgo y para Allende; para Morelos y Guerrero; para Josefa Ortiz, Leona Vicario, Gertrudis Bocanegra, Antonia Nava y tantas mujeres cuya participación merece conocerse mucho más.

Además, el Grito tiene una carga simbólica especial. No es una clase de historia ni pretende enumerar a todos los insurgentes. Es una selección. Precisamente por eso cada nombre adquiere peso.

Ignacio Allende estuvo en la organización previa, estuvo en el momento del levantamiento y en la primera etapa de la insurgencia. Fue capturado y ejecutado en 1811 junto con otros dirigentes del movimiento. Su lugar en la historia de la Independencia no depende de que cada 15 de septiembre alguien pronuncie su nombre desde Palacio Nacional.Pero tratándose de recordar cómo comenzó todo, resulta difícil contar aquella madrugada de 1810 sin él.

 

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