¿Qué está pasando con el Bachillerato de la UAA?

Así como va

  Por décadas, el Bachillerato de la Universidad Autónoma de Aguascalientes ha sido mucho más que una escuela. Ha sido parte de la historia de miles de familias, de generaciones enteras que han pasado por sus aulas y que hoy forman parte de la sociedad que somos. Por eso preocupa que, de pronto, aparezca en el debate público por una cuestión que parece menor, pero que en realidad toca asuntos mucho más profundos: la libertad, la dignidad y los derechos de sus estudiantes.   La polémica surgió luego de que alumnas de la también llamada cariñosamente Prepa Petróleos, colocaran mensajes en los espejos de los baños para manifestar su inconformidad ante la indicación de no utilizar shorts o faldas “muy cortas”.   La propia autoridad educativa ha aclarado que el reglamento no prohíbe expresamente estas prendas y que únicamente se solicita que no sean “muy reducidas”. Y, justamente ahí comienza el problema y surge la pregunta inevitable: ¿quién determina qué tan corta es una falda o qué tan reducido es un short?    ¿Existe una medida establecida? ¿Un criterio objetivo? ¿O queda a la interpretación de quien observa, supervisa o considera que una estudiante está vestida de una manera que no corresponde con lo que los directivos de la institución consideran apropiado?   No estamos hablando solamente de ropa. Estamos hablando de jóvenes que crecieron escuchando que sus derechos deben ser respetados, que nadie debe ser discriminado por su apariencia, que el cuerpo propio pertenece a cada persona y que las instituciones educativas deben ser espacios de libertad, respeto e inclusión.   Por eso resulta difícil no mirar con preocupación una disposición que, aun cuando no esté plasmada como una prohibición formal en el reglamento, termina produciendo un efecto muy parecido: decirles a las alumnas cómo deben vestir y hasta dónde pueden mostrar su cuerpo.   Y aquí hay algo que la Universidad Autónoma de Aguascalientes debería preguntarse seriamente: ¿Estamos educando para el futuro o reproduciendo criterios del pasado? La Prepa Petróleos nunca ha necesitado controlar el largo de una falda para formar buenos estudiantes.   En su aulas han estudiado miles de jóvenes. Ahí estudiaron nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros amigos y, en muchos casos, nuestros abuelos y bisabuelos. Es una institución que pertenece ya, a la memoria colectiva de Aguascalientes.   Por ahí han pasado generaciones enteras de una sociedad que se siente orgullosa de sus tradiciones, de sus valores y de sus costumbres. Pero también somos una sociedad que ha cambiado, y cambiar no significa renunciar a nuestras tradiciones. Por el contrario, una tradición que vale la pena conservar, no necesariamente está peleada con el respeto de los Derechos Humanos.   Aguascalientes puede ser orgullosamente tradicional y, al mismo tiempo, respetar las libertades individuales. Puede conservar sus costumbres sin convertirlas en reglas sobre el cuerpo de sus jóvenes. Puede defender la disciplina y la formación académica sin confundirlas con la vigilancia de la vestimenta.   Pero sobre todo, puede enseñar que la convivencia se construye desde el respeto y no desde la imposición. El Bachillerato de la UAA es precisamente el lugar donde caben todas las personas. O debería serlo.   Un espacio universitario no tendría que tener filias ni fobias. No debería clasificar a sus estudiantes por su forma de vestir, ni hacer sentir a una joven que su cuerpo es inapropiado por utilizar determinada prenda. La universidad y todos los espacios que de ella dependen, están llamados a enseñar a pensar, no a decirles a sus estudiantes cuánto pueden enseñar.   Y si existe una preocupación genuina por la convivencia, la seguridad, el respeto o la imagen institucional, entonces vale la pena hablar con los estudiantes, escuchar sus argumentos y construir acuerdos, porque también eso es educar.   Probablemente, el error no radica en pedir ciertas condiciones de convivencia. El error podría estar en no preguntarnos primero qué mensaje estamos enviando. Una adolescente a la que se le dice que su falda es demasiado corta puede no escuchar únicamente una recomendación sobre vestimenta. Puede escuchar que su cuerpo es motivo de vigilancia. Que su libertad tiene límites que son determinados por otros. Que debe modificar su apariencia para ajustarse a una idea externa de lo que resulta apropiado. Y esto, merece cuando menos, una profunda reflexión.   No se trata de convertir al Bachillerato de la UAA en un territorio sin reglas, primero debemos preguntarnos qué reglas son necesarias para formar mejores ciudadanos y cuáles simplemente reproducen prejuicios que como sociedad ya deberíamos estar superando.   La UAA tiene una enorme responsabilidad, y no solamente porque forma estudiantes, sino porque forma parte de la identidad de Aguascalientes, y forma a quienes en el futuro tomarán decisiones. Sería lamentable que una institución que ha sido casa de tantas generaciones terminara siendo señalada por algo tan ajeno a su tradición académica como la longitud de una falda.   Esperamos que la Prepa Petróleos vuelva a ser noticia por sus estudiantes destacados, por sus maestros, por sus proyectos, por sus logros y por las generaciones de jóvenes que de ahí salen para transformar nuestra sociedad, porque Aguascalientes puede mirar hacia atrás con orgullo, reconocer de dónde viene y defender aquello que le da identidad.   Pero también debe tener el valor de mirar hacia adelante. Conservar nuestras raíces no significa quedarnos atrapados en el pasado. Significa llevarlas con nosotros mientras construimos una sociedad más libre, más respetuosa y más incluyente.   Y quizá esa sea la verdadera lección que hoy el Bachillerato de la UAA tiene frente a sí: No qué tan corta puede ser una falda, sino qué tan grande queremos que sea la libertad de quienes estudian bajo su techo.
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