Ahí la llevamos
Hay momentos en la vida en los que uno piensa que ya no puede más. Problemas económicos, una separación, la pérdida de alguien, una enfermedad, soledad o simplemente esa sensación de que todo se juntó al mismo tiempo.
Lo curioso es que muchos podemos voltear hacia atrás y recordar alguno de esos momentos que entonces parecían imposibles de superar. Y aquí estamos.
El problema es que no todos alcanzan a verlo desde la distancia.
El pasado 10 de septiembre se conmemoró el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Y quizá el error comienza precisamente cuando hablamos del suicidio solamente cuando alguien ya murió.
Deberíamos hablar mucho más de lo que sucede antes.
La Organización Mundial de la Salud estima que más de 720 mil personas mueren por suicidio cada año en el mundo y que, por cada una de ellas, puede haber más de 20 personas que lo intentan.
En México, durante 2024 se registraron 8 mil 856 suicidios.
Pero hay un dato que debería incomodarnos particularmente a quienes vivimos y tomamos decisiones en Aguascalientes.
Nuestro estado registró una tasa estandarizada de 14.3 suicidios por cada 100 mil habitantes. La tercera más alta de todo México.
Terceros.
Y ese no es un podio que podamos presumir.
El suicidio no tiene una sola explicación. Sería irresponsable reducirlo a depresión, problemas económicos, adicciones, violencia, ansiedad, una ruptura sentimental o soledad. Generalmente intervienen múltiples factores.
Pero hay algo mucho más sencillo que todos podemos comenzar a hacer: preguntar.
“¿Cómo estás?”
Y esperar la respuesta.
No el “bien” automático que todos contestamos.
Preguntar de verdad.
También debemos quitarnos de la cabeza una idea peligrosa: hablar directamente sobre el suicidio no “mete ideas” en la cabeza de una persona. Hablar, escuchar y acercar oportunamente ayuda profesional puede abrir una puerta cuando alguien siente que todas están cerradas.
Acompañar tampoco significa convertirnos en psicólogos. Significa no minimizar, no juzgar, no responder simplemente “échale ganas” y, ante una situación de riesgo, buscar ayuda profesional y activar una red de apoyo.
En Aguascalientes existe la Línea Vive, en el 449 977 72 05, con atención psicológica gratuita y confidencial las 24 horas, los 365 días del año. También existen centros comunitarios de salud mental, incluido uno en Jesús María.
Pero aquí viene la parte política del problema.
Una entidad que ocupa el tercer lugar nacional no puede tratar la salud mental como una campaña de septiembre, una fotografía institucional o un programa que dependa de quién esté gobernando.
Necesitamos presupuesto, prevención, atención profesional, seguimiento y políticas públicas permanentes.
En escuelas. En colonias. En centros de trabajo. En municipios. Y especialmente entre nuestros jóvenes.
Porque prevenir un suicidio no empieza cuando llega una ambulancia.
Empieza mucho antes.
Empieza cuando una familia sabe reconocer señales. Cuando una escuela tiene herramientas. Cuando un amigo decide preguntar. Cuando existen profesionales disponibles. Cuando pedir ayuda deja de ser motivo de vergüenza. Y cuando los gobiernos entienden que la salud mental también es infraestructura pública.
Quizá hoy alguien cercano a nosotros está atravesando el peor día de su vida y nosotros ni siquiera lo sabemos.
Por eso, antes de publicar otra fotografía por el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, antes de colocar otro moño y antes de pronunciar otro discurso, hagamos algo mucho más sencillo.
Preguntemos.
¿Cómo estás?
Pero esta vez quedémonos a escuchar la respuesta.
Porque aquello que hoy parece insoportable puede cambiar.
Y a veces, para llegar a mañana, alguien solamente necesita saber que hoy no está solo.
Walter Schädtler