PISA 2025 y la deuda que México sigue teniendo con sus estudiantesDr. José Mauricio LópezEducador. Psicoterapeuta. PsicoanalistaCada cierto tiempo aparece un nuevo informe sobre educación y, durante algunos días, volvemos a preocuparnos.Comparamos países. Observamos gráficas. Discutimos posiciones. Buscamos responsables. Después ocurre algo más en la conversación pública y regresamos a nuestra vida cotidiana hasta que una nueva evaluación vuelve a recordarnos que tenemos un problema.El 8 de septiembre fueron publicados los resultados de PISA 2025, la evaluación internacional que coordina la OCDE y que en esta ocasión reunió a más de 760 mil estudiantes de 15 años pertenecientes a 91 países y economías. El panorama internacional no es alentador: el desempeño promedio de los países de la OCDE alcanzó sus niveles históricos más bajos en matemáticas y lectura. Uno de cada cinco jóvenes presenta ahora bajo desempeño simultáneamente en ciencias, matemáticas y lectura.México tampoco tiene razones para sentirse satisfecho.Los resultados mexicanos fueron inferiores al promedio de la OCDE en las tres áreas tradicionales. Respecto de 2022, matemáticas volvió a descender, mientras lectura y ciencias permanecieron aproximadamente estables. Sólo 30% de nuestros estudiantes alcanzó al menos el nivel 2 de competencia matemática; alrededor de 50% lo consiguió en lectura y una proporción semejante en ciencias.Podríamos quedarnos allí.Podríamos convertir nuevamente la educación en una competencia de números.Pero quizá la pregunta verdaderamente importante sea otra:¿Qué significa que un adolescente haya permanecido años dentro de una escuela y, aun así, encuentre dificultades para comprender un texto, utilizar matemáticamente información cotidiana o evaluar una explicación científica?Porque detrás de cada porcentaje existe un joven.Y detrás de ese joven hay una historia.Hay escuelas con recursos y otras que apenas sobreviven. Hay maestros extraordinarios y maestros agotados. Hay familias que pueden acompañar y otras cuya prioridad cotidiana consiste simplemente en conseguir lo necesario para llegar al día siguiente. Hay niños que duermen bien y otros que llegan cansados. Hay hambre, violencia, desigualdad, sobreexposición a pantallas, dificultades emocionales y hogares en los que nunca hubo un libro.Por eso resulta intelectualmente pobre buscar un solo culpable.No es únicamente el maestro.No es únicamente la familia.No es únicamente el alumno.Tampoco un plan de estudios o un gobierno explican, por sí solos, la complejidad del problema.La educación es un ecosistema.Y cuando un ecosistema comienza a deteriorarse, sus síntomas aparecen en muchos lugares al mismo tiempo.Quizá hemos confundido durante demasiado tiempo escolarización con aprendizaje.Un niño puede asistir a clases sin aprender. Puede copiar sin comprender. Memorizar sin integrar. Aprobar sin desarrollar pensamiento. Incluso puede obtener un certificado sin haber descubierto jamás el placer de formular una buena pregunta.Aprender es algo mucho más complejo que recibir información.Para aprender se necesita atención.Curiosidad.Lenguaje.Tolerancia a la frustración.Capacidad para equivocarse sin experimentar el error como humillación.Y se necesita algo de lo que hablamos poco cuando discutimos políticas educativas: sentido.Un ser humano aprende mejor cuando descubre que aquello que está aprendiendo tiene alguna relación con el mundo que habita.¿Qué sentido tienen las matemáticas para un adolescente?¿Para qué sirve leer profundamente cuando gran parte de la información que consume llega fragmentada en segundos?¿Por qué estudiar ciencias en una sociedad donde una afirmación falsa puede circular millones de veces antes de que alguien se detenga a verificarla?Tal vez una parte de nuestra crisis educativa sea también una crisis de sentido.La escuela nació durante siglos alrededor de una idea relativamente sencilla: el maestro poseía un conocimiento al que el estudiante difícilmente podía acceder por otros medios.Ese mundo terminó.Hoy un adolescente lleva en el bolsillo acceso a una cantidad de información que ninguna biblioteca escolar habría podido contener hace apenas algunas décadas.Pero disponer de información no significa saber.Mucho menos significa comprender.Ésa debería ser una de las grandes conversaciones educativas de nuestro tiempo.La escuela del futuro quizá tenga que preocuparse menos por cuánto contenido puede almacenar un estudiante y mucho más por lo que puede hacer intelectualmente con aquello que sabe.Leer.Relacionar.Dudar.Argumentar.Contrastar.Preguntar.Cambiar de opinión cuando la evidencia lo exige.PISA no debería servirnos solamente para saber qué lugar ocupa México.Debería incomodarnos.Porque el verdadero fracaso educativo no ocurre cuando un país desciende algunos lugares en una clasificación internacional.Ocurre cuando un joven termina años de escolaridad convencido de que aprender no tiene nada que ver con su vida.PISA vuelve a colocarnos frente al espejo.La pregunta es si esta vez utilizaremos el espejo para discutir quién tiene la culpa...o para atrevernos finalmente a mirar lo que nos está mostrando.[email protected]