Razones
La inteligencia artificial,a solicitud, y esto es muy importante, puede escribir un poema, resolver una ecuación, traducir un documento en segundos asi mismo es capaz de analizar miles de datos.
La máquina puede reproducir el lenguaje de la empatía. No existe, sin embargo, evidencia alguna de que experimente empatía y precisamente ahí comienza el espacio que debemos defender como profundamente humano.
La discusión sobre la inteligencia artificial se ha centrado en preguntarnos qué profesiones desaparecerán, cuáles empleos serán automatizados o qué actividades podrá realizar una máquina mejor que nosotros.
Por ello, conviene reformular las preguntas sobre el futuro de la inteligencia artificial. Más que preguntarnos únicamente qué tareas podrá realizar gracias a su capacidad de procesamiento y a la rapidez de sus respuestas, deberíamos cuestionarnos qué cualidades humanas serán más valiosas en un entorno marcado por su desarrollo.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos ha señalado recientemente que los sistemas educativos deberán cultivar capacidades especialmente humanas: pensamiento crítico y creativo, resolución de problemas complejos, comunicación, colaboración, juicio ético, empatía e inteligencia emocional.
No se trata de competir contra las máquinas realizando aquello que ellas hacen mejor, sino de desarrollar aquello que permite al ser humano dirigirlas y decidir para qué utilizarlas.
ElFuture of Jobs Report 2025del Foro Económico Mundial llegó a una conclusión igualmente interesante. Al analizar más de 2,800 habilidades, encontró que capacidades vinculadas con la interacción humana, entre ellas la empatía y la escucha activa, presentan actualmente un potencial muy bajo de sustitución por inteligencia artificial.
Al mismo tiempo, las empresas esperan que las habilidades tecnológicas crezcan en importancia sin que desaparezca la necesidad de creatividad, resiliencia, liderazgo y colaboración.
Un algoritmo puede recomendar una decisión, pero alguien deberá responder por sus consecuencias. Puede analizar los antecedentes de un estudiante, de un paciente, de un trabajador o de una persona que solicita un crédito, pero no debería convertirse en refugio para que los seres humanos dejemos de asumir nuestras decisiones.
“Lo decidió el algoritmo” podría convertirse en una de las frases más peligrosas del siglo XXI.
Claro que la inteligencia artificial puede ser engañada o manipulada. Aunque es capaz de analizar patrones y reconocer expresiones asociadas con distintas emociones humanas, no puede comprender plenamente las intenciones que hay detrás de las palabras ni descifrar con certeza el lenguaje no verbal.
La experiencia humana es compleja y está llena de matices emocionales. No puede reducirse a simulaciones ni explicarse únicamente mediante patrones. A diferencia de una máquina, el ser humano construye sus juicios a partir de vivencias concretas: errores, fracasos, frustraciones, aprendizajes y éxitos. Esa historia personal, muchas veces contradictoria, es precisamente lo que da profundidad a sus decisiones.
No se trata de sustraer la tecnologia de los centros educativos y solo volver al papel y lapiz se trata de construir un pensamiento racional sobre el uso de la tecnologia el cual por cierto paradojicamente tiene que reconocer la emoción detrras de cada reflexión o desición
Por ello considero un error convertir la llegada de la inteligencia artificial en una batalla entre tecnología y educación. La educación es, precisamente, nuestra mejor oportunidad para aprender a utilizar racionalmente esta tecnología.
La prohibición nunca es la respuesta, enfrentamos en las aulas el reto de enseñar su valor y sus riesgos . Pensar y aprender no son tecnologicamente limitantes, el tema no es copiar, ese fenomeno existe desde el origen mismo de la escuela. Se trata de generar un esfuerzo de pensamiento e intelectual.
La inteligencia artificial debe visualizarse en el aula como un agente en el aprendizaje, pero que no sustituye el proceso cognitivo que debe desarrollarse.
Por eso la alfabetización del siglo XXI deberá incorporar una nueva competencia: saber trabajar con inteligencia artificial sin delegarle el proceso derazonamiento humano y la desición.
Significa aprender a formular preguntas, contrastar fuentes, identificar errores, reconocer sesgos, verificar datos, distinguir hechos de opiniones, proteger información personal, identificar contenido artificial y, sobre todo, conservar una mirada crítica frente a respuestas que pueden sonar extraordinariamente convincentes y estar equivocadas.
UNESCO ha planteado justamente un enfoque de inteligencia artificial centrado en el ser humano y sostiene que los estudiantes deben convertirse no solamente en usuarios, sino en ciudadanos responsables y cocreadores de estas tecnologías. Su marco de competencias educativas incorpora pensamiento centrado en la persona, ética, conocimiento técnico, aplicación y juicio crítico.
Ese debería ser también el objetivo de nuestras escuelas.
No necesitamos estudiantes capaces únicamente de obtener mejores respuestas de una máquina. Necesitamos personas capaces de formular mejores preguntas.
Personas capaces de preguntarse no solamentequé podemos hacer con la inteligencia artificial, sinoqué debemos hacer con ella.
La diferencia entre ambas preguntas es enorme.La primera pertenece a la tecnología.La segunda pertenece a la ética.
En los próximos años tendremos sistemas incomparablemente más poderosos que los actuales. Sería imprudente asegurar cuáles serán sus límites tecnológicos definitivos.
La gran misión de la educación no será entonces preparar al ser humano para competir contra la inteligencia artificial.Será prepararlo para dirigirla.
Porque podemos construir máquinas capaces de procesar cada vez más conocimiento, pero todavía necesitamos seres humanos capaces de convertir ese conocimiento en decisiones responsables.
La inteligencia artificial puede ayudarnos a encontrar información. La educación deberá enseñarnos qué hacer con ella.
Y quizá, en una época fascinada por construir máquinas cada vez más parecidas a nosotros, el desafío más importante sea exactamente el contrario:formar seres humanos cada vez más humanos.