Los países de África oriental y austral ya están realizando preparativos para hacer frente al fenómeno de El Niño, ante las predicciones que pronostican unos efectos más devastadores que en ocasiones anteriores, y con potencial de desplazar a millones de personas en la región.
Las Naciones Unidas alertaron el 30 de julio de que El Niño de este año "no tendrá precedentes", una situación que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) achaca a las "excepcionalmente cálidas" aguas del océano Pacífico.
El Niño es un cambio en las dinámicas atmosféricas ocasionado por el aumento en la temperatura del océano Pacífico.
Ese fenómeno se traducirá próximamente en fuertes lluvias o falta de precipitaciones, según el país, declara a EFE el jefe del Programa de Sistemas Regionales de Alerta Temprana del Centro de Predicción y Aplicaciones Climáticas (ICPAC) de la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD), Jully Ouma.
Mientras el incremento de las temperaturas y las sequías afectarán más a Yibuti, Sudán y Sudán del Sur, países como Uganda, Kenia, Ruanda, Burundi, Somalia, Tanzania y algunas partes de Etiopía serán golpeados por inundaciones.
Los expertos esperan que el punto álgido llegue entre noviembre y diciembre, aunque sus efectos podrían alargarse hasta febrero de 2027.
"Si no estamos bien preparados, el desplazamiento será de millones (de personas). Pero si los países están bien preparados, se prevé que el número de desplazados sea de unos pocos miles", dice Ouma en su despacho en la sede de ICPAC, situada en el condado de Kajiado, limítrofe con Nairobi y desde donde se monitoriza el clima del este africano.
Según datos del Consejo Danés de Refugiados (DRC), el peor de los escenarios contempla hasta tres millones de desplazados hacia finales de 2026, con especial impacto en Somalia y Kenia.
No obstante, Ouma se muestra tranquilo al afirmar que algunos países como Kenia, Somalia o Uganda se encuentran "bien preparados".
Kenia y Somalia, en alerta
El Ministerio del Interior de Kenia detalló el 1 de septiembre medidas de actuación como el mapeo de las zonas de riesgo de inundación y deslizamientos o la desobstrucción de sistemas de drenaje.
Del mismo modo, se llevan a cabo tareas de sensibilización de la población en zonas de riesgo, de inspección de infraestructuras, de establecimiento de sistemas comunitarios de alerta temprana, de envío de suministros de emergencia y de refuerzo de los equipos de respuesta rápida.
Por su parte, la Agencia de Gestión de Desastres de Somalia (SoDMA) también avisó el 1 de septiembre de que las fuertes lluvias plantean "riesgos significativos" en un país que vive una prolongada sequía, inestabilidad y conflicto.
La SoDMA emitió entonces una alerta nacional, activó mecanismos de coordinación entre las diferentes instituciones federales y socios humanitarios e inició campañas públicas de alerta temprana y comunicación de riesgos.
"A lo largo de los años, los países han aprendido mucho (...). Ahora vemos que muchos países están haciendo grandes preparativos para mitigar los impactos negativos. En general, diría que los países están haciendo mucho para prepararse", sostiene a EFE la científica climática de ICPAC Masilin Gudoshava.
Sequías en el sur de África
En el sur del continente, los efectos impactarán en forma de falta de precipitaciones y altas temperaturas, aclara a EFE el investigador principal del Instituto Meteorológico Real de los Países Bajos (KNMI, en neerlandés), Izidine Pinto, especializado en África austral.
"Más allá del lado humanitario, puede afectar a casi todos los sectores del país. Básicamente influye en todo lo que depende del agua", detalla Pinto.
Sudáfrica, Zimbabue, Zambia, Malaui, Lesoto, Mozambique o Namibia podrían ver perjudicado su sector alimentario en una época en la que los agricultores preparan sus tierras para cultivo.
Aunque cada país cuenta con sus propios planes de contingencia, se vertebran en torno al ahorro de agua, la conservación de alimentos o la inversión en semillas resistentes a las sequías.
El Gobierno de Mozambique anunció el 16 de julio que intensificaría el uso de aguas subterráneas para regar los campos agrícolas, además de movilizar recursos para apoyar a agricultores y distribuir semillas resilientes a la falta de agua.
Desde el Ministerio de Agricultura de Zambia también se impulsan prácticas como la gestión estratégica de las reservas de grano, la ampliación de iniciativas de riego y gestión del agua, la agricultura de conservación, la mínima alteración del suelo, la retención de residuos de cultivos o la rotación adecuada de cultivos.
"Si no llueve -concluye Pinto-, la agricultura se ve afectada y, a partir de ahí, las consecuencias se multiplican. Hay menos alimentos, probablemente su precio aumentará y la desnutrición y las enfermedades se agravarán. Los efectos pueden durar meses o años, dependiendo de la región y de la vulnerabilidad de la población".