¿Y si después de morir todavía pudieras salvar una vida?

 

Hay preguntas que preferimos no hacernos.

¿Qué queremos que pase con nuestro cuerpo cuando muramos?

¿Ser enterrados? ¿Incinerados?

Pero existe otra pregunta bastante más incómoda:

Antes de cualquiera de esas dos cosas, ¿estaríamos dispuestos a que una parte de nosotros salvara la vida de alguien más?

La pregunta importa especialmente en Aguascalientes.

Nuestro estado terminó 2025 como primer lugar nacional en donación de órganos y tejidos por millón de habitantes. Se registraron 109 donaciones, una tasa de 70.8 por cada millón de habitantes, y durante ese año se realizaron 90 trasplantes de riñón.

Es una cifra para sentir orgullo.

Habla de instituciones, médicos y capacidad hospitalaria.

Pero, principalmente, habla de familias que en uno de los momentos más dolorosos de su vida fueron capaces de tomar una decisión pensando en alguien más.

Sin embargo, el otro lado de la historia es igual de importante.

Al cierre de 2025 todavía había 115 personas en Aguascalientes esperando un riñón.

Y a nivel nacional, el Registro Nacional de Trasplantes reporta 17,844 personas esperando un órgano; 15,785 esperan precisamente un riñón.

Pero cuidado con acostumbrarnos a los números.

No son 15 mil riñones.

Son 15 mil historias.

Personas que trabajan, estudian, tienen hijos, pagan cuentas y hacen planes mientras una enfermedad renal reorganiza prácticamente toda su vida.

Para muchos pacientes, esperar un trasplante significa además vivir alrededor de la hemodiálisis: varias sesiones a la semana, horas conectados a una máquina, traslados, cansancio y una rutina que no solamente modifica la vida del enfermo.

Modifica la de toda la familia.

Alguien tiene que acompañarlo.

Alguien pierde horas de trabajo.

Alguien recoge a los hijos.

Alguien paga gasolina, taxis, alimentos y medicamentos.

Porque una enfermedad renal no solamente afecta un órgano.

Te cambia la agenda.

Te cambia el trabajo.

Te cambia la economía.

Y termina cambiando la vida de todos los que están alrededor.

Por eso resulta especialmente interesante que justamente desde esta realidad haya surgido una discusión política que México debería tomarse en serio.

El diputado federal de Movimiento Ciudadano Alfonso Armando Vidales Vargas presentó una iniciativa para avanzar hacia un modelo de consentimiento presunto en materia de donación de órganos. La propuesta plantea que, después de la muerte, una persona pueda ser considerada potencial donadora mientras no haya expresado previamente su negativa.

La diferencia parece pequeña.

No lo es.

Hoy la lógica parte principalmente de preguntar quién manifestó que quiere donar.

El nuevo modelo partiría de otra premisa:

Todos podemos ser potenciales donadores, excepto quien expresamente diga que no quiere serlo.

Y aquí comienza el verdadero debate.

Porque estamos hablando del cuerpo, de libertad personal, de creencias y de autonomía.

Quien no quiera donar debe tener todo el derecho de decir que no.

Pero también tendríamos que preguntarnos cuántos mexicanos sí donarían y simplemente nunca llenaron un formato, nunca hicieron un registro o jamás hablaron del tema con su familia.

Quizá uno de nuestros mayores problemas no sea la falta de solidaridad.

Quizá sea la falta de una decisión.

Aguascalientes tiene además algo que le permite entrar a esta conversación con autoridad.

El Hospital Hidalgo tiene alrededor de 35 años de experiencia realizando trasplantes renales y desde 2025 se encontraba ya muy cerca de alcanzar los 2,000 procedimientos de este tipo.

Tenemos médicos.

Tenemos experiencia.

Tenemos instituciones.

Tenemos familias que donan.

Pero todavía tenemos personas esperando.

Por eso el debate no debería reducirse a decidir si estamos a favor o en contra del consentimiento presunto.

La discusión tendría que ser mucho más seria.

¿Cómo incrementamos la disponibilidad de órganos sin atropellar la voluntad individual?

¿Cómo construimos un registro confiable?

¿Cómo garantizamos que una negativa sea respetada?

¿Cómo fortalecemos hospitales, logística, especialistas y capacidad de trasplante?

Y, sobre todo:

¿Cómo conseguimos que cada mexicano hable de este tema antes de que una tragedia obligue a su familia a decidir por él?

Porque quizá ahí está la verdadera política pública.

No solamente en cambiar una ley.

Sino en conseguir que millones de personas tomen una decisión consciente.

Algún día todos vamos a morir.

La pregunta incómoda es si ahí necesariamente tiene que terminar todo.

Porque para nosotros donar puede representar una decisión tomada en unos cuantos minutos.

Para alguien que lleva meses o años esperando…

puede significar toda una vida.

 

 

Fuentes de referencia

• Gobierno del Estado de Aguascalientes. “Solidaridad que salva vidas: Aguascalientes, primer lugar nacional en donación de órganos y tejidos”.

• CENATRA. Registro Nacional de Trasplantes.

• Cámara de Diputados / información legislativa sobre la iniciativa de consentimiento presunto en donación y trasplantes de órganos.

 

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