Lo dije o lo pensé
El segundo informe del llamado “segundo piso de la Cuarta Transformación”, encabezado por Claudia Sheinbaum, es políticamente el octavo de la 4T. Este proyecto político no comenzó con ella, así que estos dos años no pueden evaluarse sin considerar los seis anteriores. Sheinbaum heredó el proyecto, las obras, los programas sociales y las promesas pendientes de López Obrador. Por eso, el balance debe hacerse desde 2018. Cuando todavía no hay cifras cerradas de 2026, corresponde utilizar el último dato oficial disponible, no fabricar resultados ni hacer cortes temporales a conveniencia.
La primera gran deuda sigue siendo el crecimiento económico. El Plan Nacional de Desarrollo de AMLO prometía un promedio anual de 4% y alcanzar 6% en 2024. El sexenio terminó con un crecimiento promedio cercano al 0.8% anual. Para 2026, Banxico calcula 1.5%; el FMI, 1.2%, y la OCDE, 0.8%. Muy lejos de aquella prosperidad que se anunció.
Hay avances sociales que deben reconocerse. El salario mínimo pasó de 88.36 pesos diarios en 2018 a 315.04 en 2026, según la Conasami. La pobreza multidimensional bajó de 41.9% en 2018 a 29.6% en 2024, es decir, 13.4 millones de personas salieron de esa condición. Es un logro importante, aunque necesita contexto. En el segundo trimestre de 2026, el INEGI reportó que 31.9% de la población vivía en hogares cuyo ingreso laboral no alcanzaba ni para comprar la canasta alimentaria. En el medio rural la proporción llegaba a 44.7%.
También está la informalidad. En 2018 representaba el 56.7% del empleo y en julio de 2026 fue de 56.2%, más de 34 millones de trabajadores. Prácticamente no se movió en ocho años. Millones de mexicanos siguen sin seguridad social ni estabilidad laboral y tienen un acceso muy limitado al crédito hipotecario.
Y comprar casa se volvió mucho más difícil. De acuerdo con la Sociedad Hipotecaria Federal, el precio promedio de una vivienda adquirida con crédito pasó de 804 mil 752 pesos en 2018 a un millón 960 mil pesos durante el primer semestre de 2026. Es un aumento nominal cercano a 144%. Subió el salario mínimo, sí, pero el encarecimiento de la vivienda y las altas tasas hipotecarias siguen complicando su adquisición para millones de familias.
En salud, la contradicción es todavía mayor. Se prometió un sistema “mejor que el de Dinamarca”, pero la carencia por acceso a los servicios de salud pasó de 16.2% en 2018 a 34.2% en 2024. Son 44.5 millones de personas con esta carencia.
En educación, ampliar las becas escolares ayuda, pero no resuelve por sí solo el problema de fondo. El rezago educativo apenas se redujo de 19% de la población en 2018 a 18.6% en 2024; en números absolutos aumentó de 23.5 a 24.2 millones de personas, según el INEGI. Tampoco hay mucho que celebrar en aprendizaje. En la prueba PISA 2022, la evaluación más reciente disponible, México obtuvo 395 puntos en matemáticas, 415 en lectura y 410 en ciencias, por debajo del promedio de la OCDE. Apenas 34% de los estudiantes alcanzó el nivel mínimo en matemáticas, frente a 69% del organismo. La pandemia afectó, claro, pero después de varios años la recuperación educativa continúa pendiente.
La tasa de homicidios bajó de 29 por cada 100 mil habitantes en 2018 a 21.4 en 2025, según cifras preliminares. Es una mejoría importante. Sin embargo, el balance queda incompleto si se omiten las desapariciones. En 2018 se hablaba de unas 37 mil personas no localizadas; para 2026 el registro oficial superaba las 130 mil. La comparación exige cautela porque el padrón fue reconstruido, pero la magnitud no puede ignorarse. Más de 43 mil expedientes completos no muestran actividad desde hace buentiempo y menos de 10% contaba con investigación penal, según datos revisados por Reuters. Mientras no se localice a alguien ni se confirme su muerte, normalmente no aparece en la estadística de homicidios. Decenas de miles llevan años sin regresar.
También se prometió erradicar la corrupción. En 2018 México obtuvo 28 puntos sobre 100 en el índice de Transparencia Internacional; en la medición más reciente obtuvo 27 y cayó del lugar 138 al 141. Aquí no hay avance que presumir.
El saldo de estos ocho años es contradictorio. Tenemos salarios más altos y menos pobreza multidimensional, pero crecimiento muy bajo, vivienda cara, informalidad casi intacta, rezagos en salud y educación, menos homicidios registrados pero una crisis de desapariciones que sigue creciendo. Después de ocho informes, el discurso ya no basta. La 4T ha tenido pocos avances concretos, y está muy lejos del país casi perfecto que prometió.