«¡Chicos!»: ¿cercanía o infantilización?

Columna semanal

¿Qué sucede en la mente de ejecutivos adultos cuando su gerente se refiere a ellos con el término «chicos»?   Aunque parezca algo trivial, en realidad su uso tiene ventajas y riesgos para ambas partes. Recordemos: el lenguaje influye en la identidad, las relaciones y las conductas. Hagamos una pausa para tomar conciencia de esta y otras formas de nombrar.   Por supuesto, en cada cultura organizacional la interpretación de «chicos» es diferente. En unas, es una expresión de confianza, cercanía con el equipo, un ambiente ameno y espontáneo, camaradería y escasa distancia jerárquica. Puede fortalecer los vínculos.   En otras, en contraste, adquiere un sentido jerárquico. «Mi jefe me minimiza, me considera inferior, me resta protagonismo», dirían algunos. «Yo soy quien decide, ordena y tiene el poder; los demás solo deben obedecer», podría pensar quien cultiva —sin advertirlo— una relación asimétrica que puede generar resistencia pasiva. ¡Acertó: nada saludable!   El ansiado sentido de pertenencia crece cuando las personas se sienten protagonistas, participan y toman decisiones. Pero eso puede truncarse cuando los «chicos» entienden que su papel es esperar órdenes, ser dirigidos y obedecer. ¿Qué participación promovemos?   Quizá sin percatarse ni pretenderlo, ciertos términos o etiquetas refuerzan relaciones adulto-niño, dependencia y creencias como «el jefe es el responsable, él es quien sabe». Así se crea el caldo de cultivo para el paternalismo y el control en la toma de decisiones.    En el deporte también sucede. «¡Los chicos se esforzaron, perdimos y vamos poco a poco!», dice el entrenador que dirige a jugadores adultos. Una posible lectura: «¡Somos “chicos”, entonces podemos equivocarnos y no es tan grave!». ¿Qué estamos legitimando?   Por supuesto, lo relevante no es el término, sino su interpretación por ambas partes y su efecto en los vínculos y el clima laboral. La excesiva formalidad crea distancias que afectan la confianza; lo contrario puede restar profesionalismo. ¿Qué relación queremos?   De modo similar, se suelen usar otros términos que reflejan formas de influencia, poder y cultura organizacional. Ejemplos: subalternos, subordinados, encargados, empleados, supervisores. ¿Los recuerda? Ahora escuchamos colaboradores, socios, asociados, colegas, embajadores y hasta «líderes», aunque algunos podrían estar lejos de serlo. ¿Qué revelan?   La espontaneidad, el respeto mutuo, la calidad humana en el trato y la claridad de roles y exigencias no deben quedar supeditadas a las palabras elegidas, sean las que sean. Eso sí, cada término suma o resta; el ego no debe debilitar la conexión del equipo.   Observe las «etiquetas» que usa y su efecto en usted y en su equipo. Los tiempos cambian; las edades también. No hay recetas: hay prácticas que revisar y aprendizajes que construir. 
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