Dormir también es una forma de cuidar la salud mental

ENTRE NEURONAS

Hay personas que presumen dormir poco.

“Yo con cinco horas estoy perfecto.”

“Ya dormiré el fin de semana.”

“Es que tengo demasiado trabajo.”

Durante años hemos tratado el sueño como si fuera una actividad secundaria: algo que hacemos cuando terminamos todo lo importante.

Pero quizá deberíamos verlo de otra manera.

Dormir no es dejar de hacer cosas. Es permitir que el cerebro haga algunas de las cosas más importantes para nosotros.

Mientras dormimos, nuestro cerebro no se apaga. Al contrario, continúa trabajando intensamente en procesos relacionados con la memoria, el aprendizaje, la regulación emocional y la recuperación del organismo. La investigación científica ha encontrado que la falta de sueño puede afectar la atención, la memoria, la flexibilidad cognitiva y nuestra capacidad para regular las emociones.

Pensemos en algo cotidiano.

Después de una noche en la que dormimos mal, alguien hace un comentario que normalmente no nos molestaría demasiado y, sin embargo, reaccionamos con irritación.

Un problema pequeño parece enorme.

Nos cuesta concentrarnos.

Cometemos errores que normalmente no cometeríamos.

Tenemos menos paciencia.

Y, en ocasiones, tomamos decisiones que al día siguiente nos parecen poco razonables.

No necesariamente hemos cambiado de personalidad.

Nuestro cerebro está funcionando con menos recursos.

Uno de los aspectos más interesantes de la relación entre sueño y salud mental tiene que ver con la regulación emocional.

Nuestro cerebro necesita mantener un equilibrio entre sistemas que detectan y responden a las emociones y aquellos que ayudan a regularlas. Cuando dormimos poco, este equilibrio puede alterarse: aumenta la reactividad emocional y disminuye nuestra capacidad para responder con la misma flexibilidad.

Por eso una persona puede sentirse mucho más ansiosa, irritable o vulnerable después de varias noches de mal descanso.

Y aquí aparece algo que muchas veces pasamos por alto: el sueño y el estado emocional mantienen una relación de ida y vuelta.

Dormimos mal y al día siguiente podemos sentirnos emocionalmente peor. Pero cuando estamos preocupados, ansiosos o estresados, también puede resultar más difícil dormir.

Se puede formar entonces un círculo:

estrés → mal sueño → mayor reactividad emocional → más estrés → peor sueño.

Romper ese ciclo puede ser mucho más importante de lo que parece.

Dormir también tiene una función fundamental para la memoria. Durante el sueño, el cerebro participa en procesos de consolidación que ayudan a transformar determinadas experiencias y aprendizajes en recuerdos más estables. La falta de sueño puede interferir con estos procesos y afectar nuestra capacidad para aprender, recordar y mantener la atención.

Por eso estudiar toda la noche antes de un examen puede parecer una buena estrategia, pero no necesariamente lo es.

El cerebro necesita aprender, pero también necesita dormir para procesar parte de aquello que aprendió.

Lo mismo ocurre con los adultos.

Una persona que trabaja constantemente hasta la madrugada puede sentir que está ganando horas productivas, pero si esa reducción de sueño se vuelve habitual, puede terminar pagando el costo en concentración, estado de ánimo y rendimiento.

Entonces, ¿cuánto necesitamos dormir?

Las necesidades cambian según la edad y la persona, pero las recomendaciones actuales señalan que los adultos necesitan generalmente al menos siete horas de sueño por noche, además de una buena calidad y regularidad del descanso.

Sin embargo, no se trata únicamente de contar horas.

También importa la regularidad, el ambiente, la calidad del sueño y si existen problemas persistentes para dormir.

Una herramienta sencilla consiste en comenzar a tratar el sueño como una cita importante con nuestro propio cerebro.

Intentar acostarnos y levantarnos aproximadamente a la misma hora, reducir estímulos antes de dormir, mantener el dormitorio oscuro y tranquilo y evitar convertir la cama en una extensión de la oficina o del teléfono puede ayudar a establecer mejores condiciones para el descanso.

Y hay una pregunta que puede ser muy reveladora:

¿Qué estamos sacrificando para tener más horas despiertos?

Porque quizá dormir una hora menos no nos está dando realmente una hora más de productividad. Tal vez nos está quitando parte de la capacidad para pensar, aprender, regular nuestras emociones y tomar buenas decisiones al día siguiente.

En una sociedad que premia estar ocupado, dormir puede parecer improductivo.

Desde la perspectiva del cerebro, ocurre exactamente lo contrario.

Dormir es una de las formas más básicas de mantenimiento cerebral.

No podemos controlar todo lo que sucede durante el día. No podemos evitar todas las preocupaciones ni eliminar todos los problemas.

Pero sí podemos preguntarnos si estamos dándole al cerebro una de las condiciones que necesita para enfrentarlos mejor.

A veces cuidar nuestra salud mental no empieza con hacer más.

Empieza por permitirle al cerebro descansar.

Karla Cassio
Maestra en Psicología Humanista | Directora de Fundación DEAS / Especialisita en Neurofeedback

 

Entre Neuronas es un espacio dedicado a acercar la psicología y la neurociencia a la vida cotidiana, con el propósito de comprender mejor nuestra mente y promover una cultura de salud mental basada en evidencia.

 

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