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Lactancia materna: Más que alimento, una defensa desde el nacimiento

La pediatra y asesora en lactancia Ana Cristina Azúa Nájera destacó los beneficios que esta práctica tiene para bebés y madres, desde fortalecer sus defensas y favorecer su desarrollo hasta reducir riesgos de enfermedades a largo plazo.

La lactancia materna representa mucho más que una forma de alimentar a un recién nacido.    Durante sus primeros meses de vida, la leche humana aporta elementos que contribuyen al desarrollo del bebé y, al mismo tiempo, ofrecen protección frente a distintas enfermedades.   En el marco del mes de agosto, considerado el Mes de la Lactancia Materna, la pediatra y asesora en lactancia Ana Cristina Azúa Nájera explicó que los beneficios de esta práctica pueden extenderse incluso más allá de los primeros meses y tener repercusiones en la salud durante etapas posteriores de la vida.   Una protección que comienza desde los primeros meses   De acuerdo con la especialista, la lactancia favorece tanto el desarrollo sensorial como el cognitivo del niño y funciona como una importante barrera frente a enfermedades infecciosas.   Entre las afecciones ante las que puede ofrecer protección se encuentran la diarrea, neumonía, otitis media aguda, bronquiolitis grave provocada por el virus sincitial respiratorio y enterocolitis necrosante.   Pero sus efectos no se limitan a la infancia temprana.    Azúa Nájera señaló que también existe un efecto protector a largo plazo frente a enfermedades crónicas como diabetes mellitus tipo 2, obesidad, leucemia, asma, hipertensión arterial y alteraciones de los lípidos en sangre.   A ello se suman otros beneficios, como una menor incidencia de muerte súbita y caries.    Además, debido a los componentes inmunológicos vivos presentes en la leche materna, los bebés pueden recuperarse con mayor rapidez de algunas infecciones.   También beneficia a la madre La lactancia no solamente tiene efectos positivos para el bebé.    Para la mujer, puede contribuir a una recuperación más favorable después del parto.   La especialista explicó que amamantar ayuda a disminuir el sangrado posterior al nacimiento y favorece una recuperación más rápida del útero.   También facilita el regreso al peso que tenía la mujer antes del embarazo.   A largo plazo, la lactancia se relaciona con una reducción del riesgo de cáncer de ovario y de mama, diabetes tipo 2, hipertensión arterial, alteraciones de los lípidos, anemia y osteoporosis, entre otras enfermedades.   Además de los efectos físicos, también puede tener un impacto emocional.    Puede disminuir el riesgo de depresión posparto y favorecer el vínculo entre la madre y su hijo.   La primera hora puede marcar la diferencia El momento en que comienza la lactancia también es relevante.   Azúa Nájera destacó la importancia de que, siempre que las condiciones médicas lo permitan, el contacto entre madre y bebé y el inicio de la lactancia ocurran durante la primera hora después del nacimiento.   Un acercamiento temprano favorece el apego y permite que el recién nacido tenga una mejor reserva de energía y regulación de su temperatura.    También se relaciona con un menor riesgo de infección y ayuda a mantener estable su frecuencia cardiorrespiratoria.   El contacto con la piel de la madre, así como los estímulos del tacto y el olfato relacionados con ella y con la leche, pueden brindar tranquilidad al bebé, disminuir el llanto y ayudar a reducir el dolor.   Para la madre, este primer acercamiento también representa el comienzo de la salida del calostro, además de contribuir a disminuir la ansiedad.    Puede generar una mayor satisfacción respecto a la experiencia del parto y favorecer sentimientos de amor, confianza y seguridad.   No obstante, existen situaciones en las que por razones médicas es necesario separar temporalmente a la madre y al recién nacido.    En esos casos, explicó la pediatra, el contacto puede establecerse tan pronto como ambos se encuentren en condiciones para hacerlo.   “No tengo leche”: uno de los principales temores Entre las preocupaciones más frecuentes de las madres está pensar que la cantidad de leche que producen no es suficiente o que su leche no está alimentando adecuadamente al bebé.   Frente a ello, la especialista subrayó que uno de los aspectos fundamentales es conseguir un acople correcto entre el bebé y el pecho, de manera que la alimentación no provoque dolor.   También es importante que las tomas sean a libre demanda, sin establecer horarios rígidos, y que exista un vaciamiento frecuente y adecuado del pecho.    Estos factores permiten mantener una producción suficiente de leche.   Azúa Nájera señaló que existen diversas creencias alrededor de la lactancia, entre ellas establecer horarios para alimentar al bebé, contabilizar los minutos que permanece en cada pecho, pensar que la leche puede “secarse” por recibir aire o creer que después de determinado tiempo deja de aportar nutrientes.   Las señales que sí requieren atención Más allá de los mitos, existen signos que no deben pasarse por alto y que pueden indicar que algo no marcha bien.   Una reducción en la cantidad de orina o evacuaciones, somnolencia, letargo, ictericia, irritabilidad, sequedad de las mucosas o hundimiento de la fontanela anterior son señales de alarma que requieren una valoración médica urgente.   En estos casos, además de revisar el estado de salud del bebé, es necesario evaluar la técnica con la que se está realizando la lactancia.   El acompañamiento puede salvar lactancias La preparación tampoco tiene que comenzar después del nacimiento.    La pediatra destacó la importancia de que las mujeres reciban información desde el embarazo.   De acuerdo con los datos que compartió, las madres que reciben educación e información sobre lactancia durante la gestación pueden alcanzar tasas de inicio y éxito de entre 70 y 90 por ciento durante los primeros días posteriores al parto.   Por ello, recomendó comenzar a buscar orientación desde el embarazo y no esperar hasta que aparezcan las dificultades.   Las asesoras de lactancia pueden tener un papel importante después del nacimiento, pero también cuando surgen problemas durante el proceso.    Su acompañamiento puede realizarse incluso en el domicilio, además de permitir identificar factores de riesgo tanto en la madre como en el bebé.   El trabajo coordinado entre las asesoras y el personal de salud, señaló, puede contribuir a conservar lactancias y prevenir riesgos para los recién nacidos.   Trabajo y falta de apoyo, obstáculos para continuar Aunque muchas mujeres comienzan a amamantar, mantener la lactancia durante el tiempo que desean puede convertirse en un desafío.   La Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2018 analizó la práctica de lactancia materna en México y encontró que 91.1 por ciento de los recién nacidos recibió leche materna en algún momento; sin embargo, únicamente 34.2 por ciento llegó a seis meses con lactancia materna exclusiva.   Entre los factores que pueden dificultar su continuidad se encuentran la presión del entorno, comentarios desfavorables de familiares, poca flexibilidad en los horarios de trabajo, ausencia de espacios apropiados para extraerse leche, además del estrés y cansancio de la madre.   A esto se suma la falta de una red de apoyo, elemento que puede resultar determinante para que una mujer consiga continuar amamantando.   Espacios que buscan facilitar la lactancia Ante estas dificultades, actualmente ya existen algunas salas de lactancia en empresas y otros lugares, espacios que permiten a las mujeres contar con un sitio destinado para la extracción y manejo de su leche.   Sin embargo, la especialista señaló la importancia de que las madres tengan también información, acompañamiento y una red de apoyo que les permita enfrentar las dificultades que pueden presentarse durante el proceso.   La lactancia, concluyó Azúa Nájera, no depende únicamente de la voluntad de una madre.    El conocimiento previo, el acompañamiento profesional, las condiciones laborales y el entorno pueden influir de manera importante en que una mujer logre mantenerla.
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