El otro lado de la política
Está a punto de terminar agosto.
Y quizá para muchos ha sido simplemente otro mes del calendario. Para mí, no.
Agosto movió mi ruta de vida por completo. Fue un mes de cambios, de incertidumbres, de buenas cosas y también de otras con las que no me siento del todo bien conmigo misma.
Pero, sobre todo, agosto representa a una persona que hace poco más de un año me cambió la vida.
Y quizá de eso casi nunca hablamos.
Hablamos de política, de cargos, de fotografías, de reuniones, de decisiones, de triunfos y derrotas. Hablamos de lo que se ve.
Pero existe otro lado de la política.
Uno del que casi nadie habla.
El de las batallas que no aparecen en las redes sociales.
Porque detrás de una fotografía, de una sonrisa, de un discurso o de una decisión política, somos personas que tenemos miedo, que dudamos, que noscansamos, que nos rompemos y que, muchas veces, no sabemos cómo decirlo.
Nos enseñaron a ser “fuertes”.
A aparentar que “todo está bien”.
A no mostrar debilidad porque, en política, siempre existe alguien dispuesto a utilizarla en tu contra.
Y entonces construyes una especie de armadura.
Tu piel se vuelve como la de los elefantes: dura, áspera y grisácea.
No necesariamente porque seas una mala persona, sino porque aprendes que sobrevivir también implica protegerte de tus depredadores.
Aprendes a resistir.
A callar.
A seguir.
Aunque por dentro estés librando una batalla que nadie conoce.
Y justamente cuando estás en ese punto aparece esa persona.
Una persona que no sabe a lo que llega.
Que no conoce tus luchas internas, tus miedos, tus inseguridades ni todo aquello que llevas cargando.
Llega sin saber la historia completa.
Y poco a poco comienza a descubrir la trama.
Pero lo verdaderamente valioso no es que descubra todo.
Lo verdaderamente valioso es que, después de conocerlo, se queda.
¿Saben lo valioso que es que alguien se quede?
¡Que se quede!
Especialmente para personas como nosotros, que vivimos constantemente luchando contra la incertidumbre, contra la falta de confianza y contra esa necesidad de aparentar que podemos con todo.
Hay personas que no intentan huir de tu mundo.Se quedan en él.
Y, sin darte cuenta, te dan ese respiro que necesitaba el alma.
Hay personas cuya calma logra tranquilizar cada espacio de tu mente.
Personas que, desde otra perspectiva, te ayudan a encontrar caminos que tú no alcanzabas a ver.
Te impulsan hacia nuevos retos, nuevas posibilidades y nuevas formas de entender la vida.
Porque sí: al otro lado de la política también existe el amor.
El amor de pareja.
El amor de los amigos.
El amor de la familia.
Ese amor que te hace fuerte, que te llena, que te comprende y que no tiene miedo de estar a tu lado.
Incluso cuando eres testaruda.
Incluso cuando eres intensa.
Incluso cuando la política te lleva a tomar decisiones irresponsables, a reaccionar con el hígado o a cargar con problemas que ni siquiera tendrías que llevar a casa.
Y aun así…
Hay quienes deciden quedarse.
Quizá esa sea una de las formas más profundas del amor: conocer tu caos y no salir corriendo.
Gracias por estar.
Gracias por soportar.
Gracias porque, a pesar de los enojos que, al menos yo, puedo causar, te quieras quedar.
Sé que mi mundo no es fácil.
Sé que nado contra la corriente día a día.
Y también sé que puede ser agotador ser siempre el salvavidas, el oasis en el desierto o el paracaídas en los saltos de la vida de alguien más.
Por eso gracias.
Gracias por ser fortaleza.
Por ser inteligencia.
Por ponerme los pies sobre la tierra cuando mi mundo parece ir en otra dirección.
Porque en esta vida de política, de inseguridad, de decisiones, de arrebatos y de batallas que casi nadie ve, hay algo que me da vida:
saber que está tu mano.
Y quizá, después de tantos años aprendiendo a ser fuerte, entendí algo que nunca me enseñaron en política:
Que también es válido dejarse cuidar.
Que no siempre tenemos que poder con todo.
Que incluso quienes aparentamos tener la piel más dura necesitamos, de vez en cuando, que alguien nos recuerde que no estamos solos.
Y que, al final del día, cuando las luces se apagan, cuando desaparecen las fotografías y cuando ya no hay cargos ni discursos…
lo verdaderamente importante es saber quién se queda.