Razones
La Oficina de Política Comercial y Manufacturera de la Casa Blanca publicó el informe The Great TransshipmentScam: Rise, Scope, and Costs (La gran estafa del transbordo). El documento sostiene que China utiliza a terceros países como plataformas para exportar hacia Estados Unidos con el fin de reducir o evadir aranceles.
El informe identifica a 40 países donde existirían prácticas de transbordo para eludir medidas arancelarias. México aparece mencionado por su relevancia estratégica: su cercanía con Estados Unidos, su capacidad manufacturera y las preferencias comerciales del Trtatado de Libre Comercio lo convierten en un punto especialmente sensible para Washington.
Frente a esa interpretación, un análisis de la Reserva Federal de Estados Unidos aporta datos que matizan el diagnóstico. En junio de 2026, investigadores de la Junta de Gobernadores publicaron el estudio Mexico in U.S. SupplyChains: Lessonsfrom 2018-19 Tariffs, cuyo objetivo fue medir cuánto del crecimiento de las exportaciones mexicanas posteriores a los aranceles impuestos a China en 2018 y 2019 podía explicarse por desviación del comercio.
El estudio examina, en particular, si una parte de ese aumento correspondía a mercancía china enviada primero a México y luego reexportada a Estados Unidos, o si reflejaba procesos reales de producción y manufactura realizados en territorio mexicano.
La conclusión de la Reserva Federal es significativa: la reexportación o transbordo directo de productos chinos a través de México representó aproximadamente US$1,000 millones, cerca de 1% del aumento total de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos analizado por la Fed.
Los investigadores califican esa proporción como negligible, es decir, insignificante, y señalan que los datos comerciales no respaldan la existencia de un transbordo directo de gran escala desde México hacia Estados Unidos.
La Reserva Federal calcula que las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos aumentaron en aproximadamente US$125,000 millones en términos anualizados al comparar el periodo 2014-2017 con el periodo 2021-2024. De ese crecimiento, alrededor de US$65,000 millones —equivalentes a 53%— puede relacionarse con desviación comercial posterior a los aranceles estadounidenses contra China.
Esta diferencia cambia la interpretación del debate. No es lo mismo importar un producto terminado de China, enviarlo casi sin modificaciones a Estados Unidos y declarar a México como país de origen, que importar componentes chinos y utilizarlos dentro de un proceso de manufactura realizado en una fábrica mexicana.
En el segundo caso existe producción y valor agregado en México, aunque la cadena de suministro mantenga una participación china. Precisamente por eso, los investigadores de la Fed encontraron que el crecimiento del valor agregado mexicano en las exportaciones manufactureras hacia Estados Unidos fue sustancialmente mayor que el crecimiento de los insumos chinos incorporados en esas exportaciones.
Para los autores, esta evidencia no es consistente con la idea de que México funciona principalmente como una plataforma para hacer pasar mercancía china sin procesamiento significativo. Mientras el documento de la Casa Blanca enfatiza el riesgo de que China utilice terceros países para evadir aranceles, la Reserva Federal encuentra que, en el caso mexicano, la evidencia histórica posterior a los aranceles de 2018 apunta más hacia producción y procesamiento en México que hacia una simple reexportación de mercancías chinas.
Esto no significa que el riesgo de triangulación comercial sea inexistente. La misma Reserva Federal advierte que su metodología puede sobreestimar o subestimar determinadas actividades, por lo que sus cálculos deben entenderse como límites informativos y no como medidas exactas. También reconoce que mayores diferencias arancelarias pueden crear nuevos incentivos para utilizar a México como vía de acceso al mercado estadounidense.
El verdadero debate para la revisión del T-MEC será, por lo tanto, determinar dónde termina una cadena de suministro internacional legítima y dónde comienza una estrategia para evadir las reglas de origen.
Para México, esta diferencia es fundamental. Si Washington trata de la misma manera una mercancía china simplemente reetiquetada y un producto fabricado en México con componentes internacionales, podría afectar inversiones y cadenas productivas legítimas. Pero si México no fortalece la trazabilidad y la documentación del origen de sus insumos, aumentará la presión estadounidense para imponer controles más estrictos.
La cifra de la Reserva Federal aporta una perspectiva indispensable: aproximadamente US$1,000 millones de reexportación directa frente a unos US$17,000 millones vinculados con producción china en México. El problema existe, pero los propios datos de una institución estadounidense sugieren que la historia es más compleja que presentar a México simplemente como la “puerta trasera” de China hacia Estados Unidos.