Aquellos que no tienen nada que perder

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El panorama político en San Luis Potosí se encuentra en un cruce crítico, donde las decisiones que se tomen en los próximos meses definirán no solo el futuro inmediato de los partidos, sino también el rumbo de la política estatal. 

 

¿La apuesta amigo lector? Bien vale la pena para realización de un balance y saber en donde están parados algunos de los principales actores políticos de esta historia que se escribe en San Luis Potosí. 

 

En medio de este contexto, Enrique Galindo, alcalde de la capital y figura emblemática del PRI, ha comenzado a explorar la posibilidad de revitalizar alianzas, especialmente con el PAN. Sin embargo, esta postura, que podría parecer pragmática, encierra riesgos significativos que merecen un análisis detenido.

 

Dicen por ahí que el fin justifica los medios y bien puede ser el pretexto perfecto para consolidar esta alianza “otra vez” con el que ahora consideran el enemigo a vencer y no se trata de MORENA como lo han dicho en la capital del país, en San Luis Potosí se trata de vencer a como dé lugar a PVEM, que tiene la ventaja política sin dudas al día de hoy. Alito Moreno visitará tierras potosinas pronto y muy a pesar del desdén con que la presidenta estatal de este instituto político Sara Rocha ha visto la posibilidad de coalición, bien dicen que donde manda capital… a lo mejor se da, y no podemos perder desdén vista que al día de hoy hay mucho que ganar y nada que perder. 

 

La reciente aprobación de nuevos partidos por el Instituto Nacional Electoral (INE) ha agregado una nueva capa de complejidad al escenario político. Con la llegada de fuerzas como PAZ y Somos México, las dinámicas de competencia se reconfiguran, y el PRI, sumido en un desgaste de imagen y credibilidad, se encuentra ante la necesidad de redefinir su estrategia. Galindo, consciente de la creciente popularidad del Partido Verde, que actualmente lidera las encuestas con un impresionante 43% de intención de voto, parece inclinarse hacia la idea de reconstruir puentes con el PAN. Pero, ¿es realmente esta la solución que los ciudadanos demandan?

 

Las turbulencias recientes en la coalición oficialista entre Morena y el PVEM, marcadas por acusaciones de nepotismo y desacuerdos internos, han dejado un vacío que podría ser aprovechado por el PRI. Sin embargo, la historia reciente de la política mexicana sugiere que las alianzas no siempre son la respuesta. La desconfianza generada por las decisiones anteriores, tanto del PRI como del PAN, ha dejado una huella profunda en la percepción pública. Los votantes, cansados de promesas incumplidas y resultados decepcionantes, son cada vez más escépticos ante la posibilidad de que estas fuerzas se unan nuevamente en una coalición.

 

Además, el hecho de que el PRI se esté planteando un regreso a los brazos del PAN puede ser visto como un signo de debilidad, más que de fortaleza. La falta de una propuesta sólida y renovadora puede hacer que Galindo y su partido parezcan más interesados en mantener el poder que en realmente representar las necesidades y aspiraciones de la ciudadanía. En este sentido, el reto no es solo estratégico, sino también ético: ¿cómo puede el PRI demostrar que está comprometido con un cambio real y no con una mera maniobra política para sobrevivir?

 

No podemos perder de vista y sería una ilusión no reconocer que una candidatura no cuesta nada pero una campaña efectiva si. Aquel que suspira por convertirse tiene que tener una maniobra de gasto holgado para no solo utilizar estrategias permitidas, sino haber echado cimientos a un proyecto político desde hace tiempo a la fecha. 

 

La reciente reforma electoral que reduce el tiempo para precampañas y establece nuevos requisitos para los candidatos podría complicar aún más este escenario. Las limitaciones temporales para la selección de candidatos y la necesidad de cumplir con criterios de transparencia y representación son un recordatorio de que la política contemporánea exige más que nunca autenticidad y compromiso con la ciudadanía. 

 

En lugar de buscar una alianza que podría resultar efímera y en última instancia decepcionante, Galindo podría considerar la posibilidad de presentar un proyecto que dialogue con las preocupaciones reales de los habitantes de San Luis Potosí. La oportunidad de construir un PRI renovado, que se aleje de los viejos vicios y se enfoque en las necesidades de la gente, podría ser el verdadero camino hacia la recuperación de la confianza y el apoyo popular.

 

El Partido Verde Ecologista de México (PVEM) se ha posicionado como la fuerza política predominante en San Luis Potosí, una transformación que se manifiesta con claridad ante la inminente sucesión gubernamental. Bajo el liderazgo del gobernador Ricardo Gallardo Cardona, el partido no solo ha consolidado su influencia, sino que ha logrado convertirse en una auténtica "aplanadora" electoral. Este fenómeno es reflejo de una combinación de factores que han llevado al PVEM a encabezar las encuestas, marcando una distancia notable con respecto a sus competidores.

 

La reciente encuesta de Grupo Reforma revela un panorama contundente: el PVEM lidera con un 43% de la intención de voto, dejando atrás a Morena, que se sitúa en un 23%. Esta ventaja de 20 puntos se traduce en un apoyo popular que no solo se aferra al discurso político, sino que encuentra su razón de ser en el respaldo a la gestión estatal, donde seis de cada diez potosinos aprueban la administración de Gallardo. Este respaldo se ha cimentado en acciones concretas, como programas de infraestructura y apoyos sociales que han resonado bien en la población.

 

Además, la estructura territorial del PVEM es notable. Con más de 500,000 afiliados y comités activos en la mayoría de los municipios, la capacidad de movilización del partido es formidable. Sin embargo, la consolidación de esta fuerza no está exenta de desafíos, especialmente en el contexto de las alianzas. Aunque a nivel nacional se ha conversado sobre la posibilidad de una competencia unificada entre los miembros de la "4T", las tensiones locales revelan un panorama complicado. Las directrices de Morena, que limitan el nepotismo, podrían obstaculizar la postulación de figuras del PVEM que están directamente vinculadas al gobernador, como la senadora Ruth González Silva. A pesar de estas tensiones, las encuestas de agencias como De las Heras Demotecnia sugieren que el PVEM podría mantener su ventaja incluso sin la necesidad de coaliciones, lo que plantea interrogantes sobre el futuro de las alianzas políticas en la región.

 

En este contexto, el PVEM no solo se presenta como un actor político relevante, sino que también invita a reflexionar sobre el futuro del sistema de partidos en San Luis Potosí. ¿Podría esta consolidación del Verde representar una transformación en la dinámica política local, o estamos ante la simple reproducción de un modelo que privilegia la concentración de poder en un solo partido? La respuesta podría definir el rumbo político del estado en los próximos años.

 

En conclusión, la posibilidad de una alianza entre el PRI y el PAN debe ser evaluada con cautela. Enrique Galindo se enfrenta a un dilema fundamental: optar por la conveniencia política o arriesgarse a construir una alternativa genuina que represente los anhelos de una ciudadanía cada vez más exigente. La política no puede ser solo un juego de alianzas; debe ser un compromiso real con la sociedad.

 

HASTA LA PRÓXIMA.

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