México necesita volver a confiar

Opinión

El activo más valioso de una democracia

Las naciones no se construyen únicamente con crecimiento económico, carreteras o inversión. También se construyen con algo mucho más difícil de alcanzar: la confianza.

Cuando una sociedad confía en sus instituciones, en sus autoridades y en sus ciudadanos, las decisiones son más fáciles de implementar, las diferencias encuentran cauces de diálogo y los conflictos se resuelven con mayor fortaleza institucional. En cambio, cuando la confianza se deteriora, todo comienza a ponerse en duda: las elecciones, la justicia, los medios de comunicación, los partidos políticos e incluso la palabra de quienes gobiernan. Quizá ese sea uno de los mayores desafíos que enfrenta México en nuestros días.

La confianza no significa pensar igual
En una democracia no todos deben coincidir. Las diferencias son naturales y, de hecho, necesarias. Lo verdaderamente importante es que exista la confianza suficiente para aceptar que las instituciones funcionen conforme a las reglas y que los desacuerdos puedan resolverse mediante el diálogo y el Estado de derecho.

Las democracias más sólidas del mundo no son aquellas donde no existen conflictos. Son aquellas donde las instituciones generan la certeza de que las reglas serán respetadas, independientemente de quién gobierne.

México, un país que necesita reencontrarse

Vivimos una época donde la conversación pública suele dividirse entre quienes están completamente a favor y quienes están completamente en contra. Esa polarización ha terminado por trasladarse a la vida cotidiana.

Con frecuencia dejamos de escuchar para responder, de debatir para descalificar y de construir acuerdos para defender posiciones. Poco a poco, la desconfianza se convierte en una barrera que dificulta la convivencia y debilita la vida democrática.

Sin embargo, confiar no significa renunciar a la crítica. Significa reconocer que una democracia madura puede cuestionar, exigir y al mismo tiempo fortalecer sus instituciones.
La confianza también se construye desde lo cotidiano

La confianza no comienza en los grandes discursos. Comienza cuando una persona respeta la ley aunque nadie la observe; cuando un servidor público actúa con honestidad; cuando un periodista informa con responsabilidad; cuando una maestra inspira a sus alumnos; cuando un empresario cumple su palabra o cuando un ciudadano participa en su comunidad.

Los países con mayores niveles de desarrollo no destacan únicamente por su economía. Destacan porque millones de personas confían diariamente en que las instituciones funcionarán y en que los demás actuarán conforme a reglas compartidas.

Los datos también cuentan una historia

La confianza institucional se ha convertido en un indicador de la calidad democrática. La OCDE sostiene que los gobiernos más eficaces son aquellos que logran ser percibidos como confiables, abiertos, íntegros y capaces de responder a las necesidades de la población. En su más reciente evaluación, México registró un nivel de confianza en el gobierno nacional superior al promedio de los países de la organización, pero el propio organismo advierte que la confianza depende también de que las personas sientan que su voz cuenta, que las decisiones públicas son transparentes y que las instituciones actúan con imparcialidad. (OECD)

En otras palabras, la confianza no se decreta; se construye todos los días.

El dato jurídico

Nuestra Constitución parte de una premisa sencilla pero profunda: el poder público existe para servir a la sociedad. El artículo 39 establece que la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo; el artículo 40 define a México como una República democrática, representativa, laica y federal; y el artículo 134 obliga a que los recursos públicos se administren con eficiencia, eficacia, economía, transparencia y honradez para satisfacer los objetivos a los que están destinados.

Estos principios tienen un propósito común: fortalecer la confianza de la ciudadanía en sus instituciones. Ninguna democracia puede consolidarse si sus ciudadanos dejan de creer en las reglas, en la legalidad o en la capacidad de las autoridades para actuar en beneficio del interés general.

Retos superados

México ha superado crisis económicas, desastres naturales y momentos complejos de su historia. También será capaz de superar la polarización si recupera aquello que ha permitido avanzar a las democracias más sólidas del mundo: la confianza.

Confiar no significa dejar de exigir. Significa creer que las diferencias pueden resolverse mediante instituciones fuertes, leyes respetadas y ciudadanos comprometidos con el bien común.
Para observar en la semana

Conforme se acerca el proceso electoral de 2027, comienza a percibirse un reacomodo de las fuerzas políticas. Entrevistas, declaraciones públicas y los primeros destapes de distintos perfiles muestran que la competencia empieza a tomar forma. Más allá de nombres y partidos, será interesante observar quién logra construir propuestas, generar credibilidad y conectar con una ciudadanía que demanda resultados y una política de mayor cercanía.
 

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