Behavioral Economics
Economía Política es un área de la Economía que tiene como preocupación general determinar hacia dónde se debería dirigir una economía, y como una preocupación específica muy importante qué rol debería jugar el gobierno para tratar de llegar a la meta. Es común hablar de 3 paradigmas de Economía Política en la historia económica del Capitalismo Occidental: Liberalismo, de fines del siglo XVIII hasta los 1930s; Keynesianismo, de los 1930s a los 1970s; y Neoliberalismo, desde los 1970s y, en opinión de varios, actualmente en crisis. Este es el tercero y último de una serie de artículos sobre Economía Política y los problemas actuales del Neoliberalismo. En el segundo describimos los 3 paradigmas. En éste nos enfocaremos en la actual crisis del Neoliberalismo, y argumentaremos que más que un paradigma nuevo, necesitamos cambiar, sí, pero apalancados en 250 años de avances de todo tipo no sólo en Economía Política, sino en Economía en general.
El Liberalismo nació en la Inglaterra de fines del siglo XVIII, junto con la Revolución Industrial. Las ideas básicas eran dos. Los mercados libres son capaces de arreglar solos sus desequilibrios. Así, ¿Para qué tener un gobierno? Además, el individualismo no necesariamente es socialmente malo. De hecho, puede ser bueno: tratar bien a un cliente sin más motivo que nos compre más, beneficia tanto al vendedor como al comprador: un juego ganar-ganar.
Pero el gran potencial del Capitalismo industrial para crear riqueza material no implicaba que ésta fuera a ser distribuida equitativamente. De hecho, la repartición resultó tan trágicamente desigual, que se empezaron a desarrollar desequilibrios de todo tipo cada vez más difíciles de sostener. Un desenlace fatal llegó en los 1930s, cuando el Liberalismo cayó en un equilibrio malo del que el libre mercado fue incapaz de sacar.
En los 1930s las principales economías capitalistas del Occidente fueron cubiertas súbitamente por un manto de pesimismo generalizado, y, también de manera súbita, la gente dejó de gastar. Con menos ventas, los negocios despidieron trabajadores. Sin trabajo, la gente gastó todavía menos, llevando a una nueva ronda de despidos. Parecía que este círculo vicioso, llamado la Gran Depresión, no se detendría sino hasta que se colapsara totalmente la economía: aunque malo, un equilibrio con cero tiendas y cero compradores es, bueno, un equilibrio. Era necesario salir de esta espiral destructiva, y el economista inglés John Maynard Keynes(1883-1946) propuso que el gobierno compensara la caída en el gasto de la gente, de tal forma que los vendedores no tuvieran que despedir trabajadores. Tarde o temprano, esperaba Keynes, la gente se curaría de su depresión y volvería a gastar como siempre, permitiendo entonces al gobierno volver a su tamaño chico original: había nacido el Keynesianismo.
Aunque el Keynesianismo funcionó bien durante un par de décadas, el gobierno se dio cuenta de que disfrutaba ser grande, y una consecuencia de no volver achicarse a tiempo fue la Estanflación de los 1970s: estancamiento económico e inflación. La respuesta de política económica fue el Neoliberalismo: un desmantelamiento significativo de gobiernos a lo largo y ancho del Capitalismo Occidental en los 1980s.
Dice un dicho que cuando el gato no está en casa, los ratones hacen fiesta, y, como en la era Liberal, el renovado liberalismo económico de nuevo llevó a una gran creación de riqueza material acompañada, también de nueva cuenta, de una desigualdad extrema en la repartición de los beneficios, además de problemas nuevos de carácter global difíciles de abordar con gobiernos chicos y sociedades individualistas: migración, cambio climático, y la pandemia de coronavirus de 2020-2023, sólo por dar un par de ejemplos.Es por esto que varios consideran que hemos alcanzado los límites del Neoliberalismo y que necesitamos un nuevo paradigma. Personalmente, no creo que necesitemos un nuevo paradigma, sino más bien una versión del Liberalismo más amigable con las mayorías. Curiosamente, el mismo Keynes podría volver a iluminarnos.
Al término de la Primera Guerra Mundial en una conferencia donde Francia, Inglaterra, y EUA, los ganadores, debatieron sobre cómo castigar a Alemania, el perdedor, Keynes argumentó que no mostrar algo de compasión a favor de Alemania podría resultar contraproducente: además de ser uno de los motores principales en toda la economía europea, una Alemania resentida sería un riesgo enorme. Dicho de otra forma, en una economía global no es fácil castigar a los grandes enemigos sin auto castigarnos.Estas reflexiones fueron publicadas como Las Consecuencias Económicas de la Paz (1919).Nome gusta jugar el juego del “hubiera”, pero las advertencias de Keynes no fueron bien atendidas, y 10 años más tarde Alemania era liderada por Hitler, y 20 años más tarde Europa entera estaba hundida en la Segunda Guerra Mundial.
¿A dónde voy? Estoy de acuerdo en que el Neoliberalismo no es particularmente útil para atender varios de los retos planteados por nuestro Capitalismo, pero más que un paradigma nuevo, creo que necesitamos cambios de política económica que pueden ser prescritos bien por la Economía Política existente. Aún más, creo que más que económicas, las principales dificultades son políticas. No por nada, Keynes empezó sus Consecuencias con magníficas semblanzas psicológicas de Georges Clemenceau, Lloyd George, y Woodrow Wilson, líderes de Francia, Inglaterra, y EUA, respectivamente, cuando terminó la Primera Guerra Mundial.