El espejismo de la censura

Bajo presión

Tras 16 años al frente del noticiero matutino, Luis Cárdenas se despidió de MVS con voz entrecortada y un mensaje claro: “nadie pidió mi cabeza”. El periodista aseguró haber trabajado con libertad, sin presiones ni censura, y definió su partida como el cierre de un ciclo profesional. Sin embargo, apenas se anunció su salida, las redes y ciertos medios se llenaron de teorías sospechosistas que lo presentaron como un caso emblemático de censura.

Cárdenas fue explícito: nunca le impusieron líneas editoriales, pudo cuestionar a políticos, empresarios y poderes fácticos, y su decisión responde a razones personales y de trayectoria. También advirtió sobre el clima hostil del periodismo en México, donde “hay miedo de hablar, opinar e informar”, y recordó a colegas amenazados, desplazados y asesinados. La empresa no ofreció una versión que contradiga esa explicación; las razones exactas: reestructura, ratings, diferencias internas… siguen sin confirmación oficial.

La reacción del gremio fue mixta. Varios colegas y analistas le dedicaron mensajes de reconocimiento por su credibilidad e independencia, y subrayaron que su salida es una pérdida para la información de calidad. Otros, como Manuel Pedrero, frenaron la hipótesis de censura y apuntaron a factores de mercado y desgaste natural. Aun así, el caso se convirtió en un campo de batalla simbólico.

No es casualidad. México es un país dónde Artículo 19 ha documentado 451 agresiones contra periodistas en 2025 y un aumento del acoso judicial; donde, según el informe Barreras Informativas, al menos 27 periodistas han sido objeto de acoso judicial, demandas por daño moral o acusaciones por violencia política de género en los últimos 18 meses; donde cada 12 o 14 horas se registra un ataque a la prensa y cada tres semanas se documenta un nuevo caso de censura. En ese entorno, sospechar de cualquier salida es casi un reflejo de supervivencia gremial. El problema no es que la sospecha carezca de lógica. El problema es que tenga tanta que ya no distingue.

Porque cada alarma falsa cobra un precio: gasta el crédito de la próxima alarma real. Si “censura” se grita con cada salida de un conductor, incluso cuando el propio protagonista la niega, la palabra se desgasta justo en el país donde más peso necesita tener. No es un asunto semántico: es que la próxima vez que un periodista sea silenciado de verdad, la audiencia ya habrá escuchado esa palabra tantas veces en falso que dudará en creerla. Banalizar la censura no protege a los periodistas; adelgaza la herramienta que los protege.

Ahí está la diferencia que importa. Artículo 19 ha denunciado el uso del aparato judicial como herramienta de censura y ha documentado casos concretos, como el de un diario en Campeche sometido a un censor judicial. Esos son los casos que merecen la palabra completa, con toda su carga. Cárdenas, que salió hablando y sin juicio de por medio, no es uno de ellos, tratarlo como si lo fuera no es solidaridad gremial, es inflación verbal.

La salida de Cárdenas debe servir para reflexionar sobre tres cosas. Primero, la vulnerabilidad del oficio: si un periodista con 16 años de trayectoria y audiencia nacional habla de “miedo de hablar”, es porque el entorno es hostil, aunque a él no le haya tocado directamente. Segundo, la responsabilidad de los medios: MVS y otras empresas deben ser transparentes sobre sus decisiones editoriales para evitar que el vacío se llene con rumores. Tercero, la responsabilidad del gremio: la urgencia de defender la libertad de expresión no autoriza a diluirla en cada despedida; hacerlo no multiplica la defensa, la debilita.

Luis Cárdenas se fue diciendo que no fue censurado. Que su voz se apague en MVS no significa que lo hayan silenciado; significa, en todo caso, que los ciclos terminan. La censura real avanza más fácilmente en un país que ya se acostumbró a gritarla en falso.

 

Coda. No hay censor más eficiente que un algoritmo que paga mejor la sospecha que la verdad. Y no hay cómplice más barato que un gremio dispuesto a cobrar el clic.

 

@edilbertoaldan

 

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