Lo que no se parezca a lo que para mí es familiar, aquello que vaya en contra de mis creencias, costumbres, hábitos e incluso prejuicios, más vale que quede fuera y lejos de mi enfoque. ¿Te es familiar esta frase? ¿Te has sentido fuera de lugar en un grupo o en tu familia de origen o extendida? ¿Cuál es la razón por la que lo diferente sea visto con malos ojos y no solamente eso, sino que reverbere el odio, el desprecio y muchas veces el ataque hacia quien se está atreviendo a desafiar lo conocido o simplemente esté siendo auténtico(a) o diferente?
Lo que es distinto, quien se atreve a nombrar lo que ha permanecido como tabú porque incomoda y puede hacer caer el telón de las mentiras, es entonces, un o una rebelde que hay que sacar de la escena, a veces, de formas sutiles o en otras ocasiones y muy lamentables de maneras violentas y directas.
A quien habla de lo que no debe ser nombrado o da miedo o nos recuerda traumas colectivos, sociales o familiares, entonces, es mejor llamarle loco o loca. Y entonces patologizamos lo que es muchas veces simples naturalezas del espíritu.
O bien se hace un esfuerzo inconsciente por seguir escondiendo secretos de sucesos muy enterrados que más valdría no volver a nombrar. Y entonces, así van quedando olvidados(as) esas personas que sufrieron indeciblemente y que nadie se atrevió a mirar su dolor.
En ocasiones es posible que se prefiera no mirar, porque si lo hacemos, descubriríamos que la maldad, el egoísmo o cualquier otro vicio o energía disarmónica nos habita. Y entonces, podría versar una madre; hijo(a), por favor, aliénate porque no quiero que te desprecien como yo lo he hecho con otros que me han pesado.
Y entonces se le vuelve a poner la máscara a quien estaba ya logrando realizar su individuación, incluso en la primera infancia. Si no piensas como nosotros, entonces quedas fuera. Nos estás traicionando.
Y entonces, viene la cuestión: ¿Si no podemos ser libres con los nuestros, entonces en dónde? Porque si estamos sometidos a apagar nuestra esencia y verdadera naturaleza álmica, para ser aceptados(as) e incluidos(as), ¿acaso estamos destinados a no ser?
A lo que no entendemos lo llamaremos locura y así mataremos socialmente y familiarmente a quienes traen los regalos y bendiciones del cielo a la tierra, porque es verdad que el miembro o elemento de un sistema que es disruptivo para bien, para evolucionar, para sanar, para trascender y digerir lo que allá y entonces quedó como un miedo cristalizado, por supuesto que trae cosas buenas, vivencias hermosas, sabiduría y libertad.
Por eso los prejuicios crean una herida de abandono familiar. Se va proyectando la sombra de la familia en los más pequeños y quienes en muchas ocasiones señalan como la enfermedad, cuando en realidad son el síntoma de una enfermedad grave que ya está en la familia. Estos seres lo que hacen, es poner en escena lo no dicho, las injusticias, la maldad, los traumas o los sinsabores que no han sido nombrados y mucho menos trabajados. ¿Es esto una crítica a los sistemas? No, en absoluto.
Es verdad que, así como cada individuo utiliza de forma inconsciente muchos mecanismos de defensa para asegurar su supervivencia y en ocasiones a un ego que aún no es lo suficientemente fuerte para encarar la sombra, también así el sistema familiar utiliza esos mecanismos de defensa a partir de compensaciones.
Por ejemplo, un rebelde que se niega rotundamente a obedecer órdenes a ciegas y sin ningún tipo de análisis, mira hacia su historia y se da cuenta de la obediencia de sus ancestros hacia autoritarismos tiránicos que cobraron vidas y sembraron desdicha, pérdidas y sufrimiento profundo en su sistema familiar y que entonces, compensa de esa forma, para que no vuelva a suceder. En este caso al honrar los destinos de aquellos familiares que se batieron en las guerras, esta persona puede discernir entre una ley que guía, protege y cuida y otra que destruye y distorsiona hasta la locura.
Una mujer que es obligada por su sistema a quedarse al lado de su perpetrador, porque ha faltado tanto la figura del Padre en su familia, que se le pide ese sacrificio, esa autodestrucción lenta, con tal de que no vuelva a suceder el dolor de antaño. Y en estos dos casos, ambos, al expresar la peculiaridad de no querer obedecer esas reglas implícitas, son excluidos y hasta desterrados de esos sistemas para seguir en evasión.
A una chica sensible, artística y con una sabiduría inherente le hacen entrar en un psiquiátrico por sus dones de videncia, cuando en la familia esos regalos existen desde antaño y prefieren llamarle locura a lo que no se entiende o no se conoce.
¿Has sido excluido(a) por tu esencia que muestra con su luz la sombra de un grupo? ¿Has excluido a otros miembros por lo mismo? Honrar a los que han sido excluidos(as) de nuestro sistema familiar, con amor y respeto, nos da el regalo de un corazón que florece más allá de los miedos paralizantes del ego petrificado y dormido. Incluir todas las partes nos ordena y nos une en un amor conciente.
A veces ser excluidos es también un gran regalo, pues nos lleva a nuestra verdadera esencia. Gracias por abrir los caminos. Gracias por viajar hacia las profundidades.
Gracias por caminar juntos.
Tu terapeuta.
Claudia Guadalupe Martínez Jasso.