¿Lo dije o lo pensé?
Morena concentra hoy una cantidad de poder que México no veía desde los años en que el PRI dominaba casi toda la vida pública. Tiene la Presidencia, controla con sus aliados el Congreso, tiene gran influencia en el poder judicial, gobierna la mayor parte de los estados y ha eliminado o debilitado organismos autónomosque antes funcionaban como contrapeso. El PAN nunca dispuso de algo parecido. Vicente Fox y Felipe Calderón gobernaron con congresos divididos, una oposición fuerte y la necesidad permanente de negociar.
Esta realidad representa una oportunidad extraordinaria. Morena cuenta con votos, recursos públicos, respaldo popular y presencia en casi todo el país. Pocas veces un gobierno ha tenido tantas condiciones a su favor para realizar cambios de fondo. Si quiere corregir problemas que llevan décadas sin resolverse, puede hacerlo. Ya no tiene manera de argumentar que la oposición no lo dejó trabajar.
Podría construir un sistema de salud que garantice atención y medicamentos, profesionalizar a las policías y fiscalías, mejorar la educación pública, atender la crisis del agua y emprender una reforma fiscal que amplíe la recaudación sin seguir presionando a los mismos contribuyentes. También tiene la posibilidad de fortalecer a los municipios, combatir la impunidad y utilizar los programas sociales para generar mejores condiciones de vida, no únicamente apoyos permanentes.
El problema es que tener poder suficiente para aprobar reformas no garantiza que estas sean correctas. Cuando las decisiones se toman dentro de un grupo cada vez más reducido, los errores se detectan tarde y pocas personas se atreven a cuestionarlos. El viejo PRI es una advertencia. Durante décadas construyó instituciones y realizó obras importantes, pero también protegió a funcionarios, toleró la corrupción y confundió la lealtad al partido con el servicio al país.
Morena tampoco llega a este momento con el expediente limpio. Después de casi ocho años en el gobierno, carga con errores, cuestionamientos sobre el uso de recursos y retrocesos que ya no pueden atribuirseal pasado. La desorganización del sistema de salud y el desabasto de medicamentos afectaron a millones de personas. Casos como el deSegalmexy el huachicol fiscal contradicen el discurso de honestidad. Varias obras han costado mucho más de lo previsto y todavía estamosesperando su utilidad. A eso se suman la creciente participación de las Fuerzas Armadas en tareas civiles, la desaparición de organismos autónomos y una reforma judicial realizada con demasiada prisa y con grandes cuestionamientos de su efectividad.
También persisten la inseguridad, las desapariciones, el narcotráfico y la extorsión. No basta con el discurso mañanero afirmando que algunos delitos disminuyeron si comerciantes, transportistas y familias siguen modificando su vida por miedo. Gobernar exige algo más que presentar algunas cifras favorables.
Hay aciertos que deben reconocerse, como el aumento del salario mínimo, algunos programas sociales y ciertas obras de infraestructura. Sin embargo, la prueba definitiva está en lo que haga con el poder que hoy concentra. Aprobar leyes resulta relativamente sencillo cuando se tienen los votos. Lo difícil es lograr que esas leyes mejoren la vida cotidiana.
Morena tiene una oportunidad que el PAN nunca tuvo y que recuerda al poder hegemónico del PRI. Puede utilizarla para transformar asuntos esenciales o limitarse a conservar el poder y el control. Si fracasa, esta vez no habrá oposición, herencias ni falta de apoyo a quien responsabilizar. Tendrá que responder por completo por lo que hizo y, sobre todo, por lo que decidió no hacer.