En alrededor del 90 por ciento de las cárceles estatales del País existe un cogobierno de los internos que les permite cobrar cuotas, controlar la venta de mercancías lícitas e ilícitas e imponer sus condiciones al margen de las autoridades, consideró el penitenciarista José Luis Mussi.
En entrevista, dijo que entre las condiciones que permiten que los internos controlen las cárceles están la corrupción de las autoridades, la sobrepoblación, la mala clasificación criminológica de los internos, la falta de preparación de los directivos de los centros carcelarios y la escasez de custodios.
"El permitir el cogobierno y el autogobierno es un acto de corrupción e inmoralidad, y se dan en la mayoría de las cárceles del país. Yo calculo que en el 90 por ciento no mandan los directores, sino los presos", señaló.
Mussi, quien fue titular del Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social (OADPRS) de 2013 a 2014 y trabajó por más de 40 años en el sistema penitenciario, indicó que el cogobierno de los presos comienza porque a los penales envían, en la mayoría de los casos, a directores que no están capacitados para asumir esa responsabilidad.
"Un gobernador gana una elección y dice: '¿Qué hacemos con fulano que nos ayudó en la campaña?'. Bueno, pues es abogado, que se vaya a un penal para que haga su lana", indicó.
Cuando los presos imponen su ley, dijo, es porque existen complicidades con las autoridades, ya sea por omisión o por comisión, pues parte del dinero que se cobra también se reparte en la estructura de mando.
Mussi dijo que otro factor que incide es la falta de capacitación de los directores, pues carecen de los conocimientos técnicos y profesionales para dirigir un centro de reclusión.
Por principio de cuentas, explicó, debería existir un reglamento interno y esa norma debería regir la vida de los presos; sin embargo, casi ninguna cárcel cuenta con ese documento.
También, dijo, tendría que haber una correcta clasificación criminológica de cada uno de los internos y, con base en ese perfil, deberían ser distribuidos en cárceles de baja, mediana y alta seguridad.
Al mezclar a los internos en los centros de reclusión, explicó, se propicia que quienes tienen mayor poder, por su perfil y por las bandas o cárteles a los que pertenecen, se hagan del control.
"Cuando tú construyes tu cárcel, tienes que saber qué tipo de cárcel es. ¿Qué va a ser, un reclusorio preventivo o una penitenciaría? ¿Un lugar para el proceso o un lugar para la sentencia?
"Luego, en la administración interna, hay que separar a los presos. Tiene que haber -que no las hay- cárceles de mínima, media y máxima seguridad. Y, en base al diagnóstico criminológico, si eres de mínima peligrosidad, vas a una cárcel de mínima seguridad con un mayor grado de libertad. Si eres de media, vas a una cárcel donde hay restricciones, y si vas a máxima seguridad recibes un tratamiento unicelular, es decir, un interno por celda", expuso.