Una broma entre economistas dice que si logramos que un perico responda “oferta y demanda” a cualquier cosa que le preguntemos, entonces habremos formado un economista. Broma no es sinónimo de mentira, y hay mucho de verdad en la broma anterior: ¿Qué sería de una economía llena de tiendas, pero sin compradores?, ¿Qué sería de una economía llena de gente con ganas de comprar, pero sin tiendas?Cuántas tiendas y compradores debería tener una economía, cuál es la mejor manera de alcanzar los números óptimos,y qué rol debería jugar el gobierno son problemas de la Economía Política.
En el artículo anteriorde esta serie de 3 sobre historia económicae historia de la Economía Política, mencionamos 3 paradigmas de la Economía Política del Occidente: Liberalismo, de fines de los 1700s a los 1930s; Keynesianismo, de los 1930s a los 1970s; y Neoliberalismo, desde los 1970s. Además, dijimos que el tercero parece estar en crisis, y, por Keynes mismo, parece que necesitamos un cambio: “cuando cambian los hechos, yo cambio de opinión. ¿Usted qué hace, señor?”. Cambio no es sinónimo de nuevo, y éste será el tema del tercer artículo. En este segundodescribiremos los 3 paradigmas anteriores y la crisis actual del tercero. Es importante advertir que Economía Política es un campo enorme y polémico,y porque éste sólo es un artículo de divulgación, vamos a simplificar significativamente, pero tratando de no distorsionar.
La idea básica del Liberalismo es que no sólo el gobierno no es necesario, sino además que no es bueno. Si hay tiendas en exceso, algunas cerrarán, o empezarán a vender más barato para atraer a más compradores, eliminando así automáticamente el exceso. Similarmente, si lo que sobran son compradores, entonces las tiendas seguramente empezarán a vender más caro, ahuyentando así a algunos de ellos, o se abrirán nuevas tiendas. ¿Lógico, no? Entonces, ¿Por qué necesitaría la economía un gobierno? Aún más, no sólo sería inútil, sino además malo: los gobiernos cuestan: ¡Viva la libertad… siempre y cuando los compradores no roben las tiendas… porque a los primeros les encantaría no pagar nada por sus compras! Así, una razón por la que vale la pena tener gobiernos es que aseguren la seguridad [sic]. Por supuesto, la seguridad es sólo una de muchas razones para establecer gobiernos, o instituciones en general. Sin embargo, los gobiernos deben ser lo más pequeños posible. El Liberalismo, típicamente asociado al economista inglés Adam Smith, es un paradigma que data de fines de los 1700s, cuando estaban naciendo la Revolución Industrial en Inglaterra y, además, EUA como nación independiente.
Brinquemos 150 años: 1930s. Buena parte del Occidente quedó hundido súbitamente bajo una ola de depresión económica, la Gran Depresión: de repente, la gente dejó de comprar. Sin compradores, los negocios empezaron a cerrar, despidiendo gente. Sin trabajo, la gente gastó todavía menos, detonando así un círculo vicioso. Entonces el economista inglés Maynard Keynes propuso 2 soluciones que involucraban al gobierno: que éste gastara más para que los negocios reabrieran, y que financiara este gasto adicional imprimiendo más dinero y endeudándose más. Lo primero no lo podía hacer el sector privado, y al gobierno le era más fácil endeudarse que al sector privado. Así nació el Keynesianismo, bautizado así en honor a Keynes. Este paradigma funcionó bien durante un par de décadas… hasta que dejó de funcionar en los 1970s. ¿Pero por qué se había deprimido súbitamente la economía 40 años antes en primer lugar?Casi 100 años después seguimos sin estar totalmente seguros… Keynes mismo hablaba de “espíritus animales”. En EUA, por cierto, Harvard jugó un papel importante en la adopción del Keynesianismo.
A pesar de los éxitos iniciales del Keynesianismo, en los 1960seconomistas de la Universidad de Chicago,muy acertadamente, empezaron a sospechar que debía haber algún error en la lógica keynesiana, según la cual las economías deberían poder volverse infinitamente ricas simplemente estableciendo gobiernos infinitamente gastalones y con imprentas de dinero gigantes. Y errores encontraron. Por ejemplo, y sólo como un ejemplo, el Keynesianismo suponía implícitamente gobiernos totalmente responsables: ¡Un supuesto muy malo! Había nacido el Neoliberalismo en la teoría. En la práctica nació unos cuantos años más tarde, con la Estanflación de los 1970s (“estanflación” es muchos billetes en circulación, o inflación, y estancamiento económico). A este evento trágico siguió una ola de desmantelamientos de gobiernos por todos lados, México incluido, en los 1980s. El Neoliberalismo tuvo al economista Milton Friedman, de Chicago, como ícono.
Sorpresa, sorpresa, sin el gato, los ratones hicieron fiesta. Con gobiernos achicados, no pocos negocios se volvieron socialmente irresponsables, como, por ejemplo, operar sin considerar problemas de cambio climático. Aún más, la segunda presidencia deTrump sugiere que parecen estar comprando al gobierno mismo.Así, tenemos buenas razones para preguntarnos si no es momento de cambiar de paradigma de Economía Política. Los economistas Paul Krugman y Joseph Stiglitz me parecen “descontentos” buenos contra el Neoliberalismo.
Como ya dijimos arriba, en historia cambio y nuevo no son sinónimos, y éste será el tema del siguiente, y último, artículo de esta serie.Por lo pronto, adelantamos que el paradigma que siga al Neoliberalismono podrá llamarse “Neokeynesianismo”: ¡Este nombre ya está ocupado!