Mirar con malos ojos, desde la serie de prejuicios amontonados en los cuarteles de guerra de la psiquis, inflamar el corazón de rabia ácida y proyectar como misiles esa energía caliente y densa hacia una persona, idea, ser u objeto, esa podría ser una imagen de la hostilidad tejida en los espacios.
El rechazo hacia la ostra sin maravillarse con la perla, la agresión sin sentido, el insuflo de la envidia, la falta, el odio, la proyección y los programas de antaño como proyectiles hacia el corazón inocente, o no tanto, de quien entra en campos espinosos.
¿Te ha pasado? Se siente en el cuerpo al entrar en espacio hostil, algo así como caminar entre líquido espeso, como una miel podrida. Las palabras son golpes, las miradas flechas que se inyectan en la piel como pequeñas espinas llenas de ponzoña.
A veces, no sabes lo que está pasando porque la hostilidad también puede experimentarse con abrazos, por ejemplo, algunos de éstos fríos, con golpecitos cortos y rápidos, como de condescendencia en vez de cariño genuino.
Te saludan con una mueca y se nota el esfuerzo para fingir porque muchas personas no son buenos actores orgánicos o bien, la rabia es ya tanta, que la respiración se interrumpe inflando como un pez globo las mejillas de quien intenta retener el insulto o el berrinche en cada caso y solamente sale un “Hola, ¿Cómo estás?” cantadito.
Sin embargo, los peces globo son muy tiernos y más bien hermosos y se inflan para defenderse. ¿Será que la hostilidad también es una especie de defensa inconsciente de los monstruos que habitan las profundidades de lo no visto en la psiquis? Porque despreciar a alguien, ya sea a quienes te dijeron que eran tus enemigos porque así lo considera la historia, a los contrincantes deportivos, a las personas que son de otras creencias o al vecino que dejó su automóvil estorbando en la calle, es defenderse de un ataque imaginario por preferencias de antaño o programaciones que de tanto repetirlas, duermen como verdades absolutas.
A veces, podemos realizar ejercicios de discernimiento y cerrar los ojos implorando a la sinceridad con nosotros(as) mismos(as) y reflexionar acerca de ¿Por qué estoy siendo hostil hacia esta persona, idea o espacio? ¿A caso estoy siguiendo al grupo? ¿Estoy obedeciendo ciegamente a un o una líder erigida en el narcisismo o la psicopatía? ¿Me representa a alguien que me ha lastimado pero que ha trascendido o simplemente ya no forma parte de mi vida? ¿Esta gente está siendo hostil conmigo, este espacio me repele porque no quiero fingir que no está pasando nada cuando claramente hay manipulación, violencia y complicidad?
Una casa puede inflarse de energía negativa, de desprecio, de acidez. Esos lugares de habitación que escucharon tantas burlas, críticas, ínfulas de superioridad o llantos por humillación y cuando entras, se siente literalmente escabroso.
Porque tenemos romantizada a la familia, pero en consulta diariamente se escuchan historias de enemistad profunda entre sanguíneos. Y quienes más deberían de ser lugares seguros, en donde se encuentra consuelo, protección y amistad, a veces, sinceramente hay destrucción gota a gota, palabras bala, miradas flecha y energía letal.
La belleza, la verdad, la inocencia, la pureza y el amor no son bien recibidos en sitios devastados por guerras simbólicas, discursivas y emocionales antiguas. Así como las diferencias o la libertad son vistas con malos ojos porque irrumpen con el autoritarismo o el protagonismo de un o una líder de cartón, es decir, frágil y falso(a).
A veces, simplemente desde una ingenuidad triste, podemos ser hostiles con lo tierno o lo auténtico, porque nos lo han inculcado y allí entra el racismo, clasismo, especismo, entre otros ismos de la muerte. Esto tiene cura, porque podemos reflexionar, a veces, llorar, perdonarnos e incluir con respeto, pero cuando lo hacemos desde la ceguera de la proyección y no queremos trabajarlo internamente, entonces, vamos coleccionando víctimas de un maltrato energético, verbal, psicológico y hasta físico que van llenando los armarios de tristezas en nuestra alma.
La hostilidad y el desprecio causan heridas profundas y definitivas. Ver con malos ojos a veces destruye vidas y convierte los hogares en campos de batalla, Y lo más triste de esta energía punzante es cuando lo somos frente al espejo.
Mirarte con malos ojos despreciando al prójimo más cercano que está allí para ser amado, es la canción más triste que haya existido. No estás aquí para curar espacios hostiles, sin embargo, puedes sembrar y cosechar en ti para ti principalmente, la amabilidad, la afabilidad, la generosidad y la benevolencia y de esa manera, encarnas a un ser hospitalario(a) y afable y rechazas sin desprecio y con elegancia a quienes son hostiles contigo y dejas de alimentar con tu energía los espacios hostiles que te drenan.
La hostilidad y la hospitalidad se sienten en la piel, escúchala y cree en tu percepción. Y si estás siendo hostil, recuerda que los miedos que asustan profundamente a tu niño(a) interno(a) por las noches, cuando les miras de frente y les proyectas luz, se convierten en sabiduría.
Gracias por caminar juntos.
Tu terapeuta.
Claudia Guadalupe Martínez Jasso.