Ahí la llevamos
Todos podemos equivocarnos. Perder un empleo, enfrentar una enfermedad, ver caer un negocio o simplemente tomar una mala decisión financiera. La vida cambia en un instante y, cuando eso ocurre, muchas personas dejan de pagar una tarjeta, un crédito o un préstamo. Hasta ahí, cualquiera puede entenderlo.
Lo que pocas veces vemos es el enorme esfuerzo que hacen miles de mexicanos para levantarse. Trabajan más horas, venden su patrimonio, piden ayuda a la familia y durante meses o incluso años hacen sacrificios para cumplir con sus obligaciones. Finalmente pagan su deuda y creen que, por fin, podrán empezar de nuevo.
Sin embargo, descubren que liquidar una deuda no siempre significa recuperar las oportunidades. En México, ciertos incumplimientos pueden permanecer hasta 72 meses en el historial crediticio. Es decir, seis años en los que conseguir un crédito para una vivienda, un automóvil, herramientas de trabajo o un negocio puede seguir siendo mucho más difícil.
Quiero ser muy claro. No estoy hablando de borrar deudas ni de premiar a quien decidió no pagar. Estoy hablando de quienes sí asumieron su responsabilidad, hicieron el esfuerzo y cumplieron. Si ya pagaron, ¿por qué el castigo continúa durante tantos años?
Un sistema financiero debe protegerse, pero también debe reconocer el valor de quien corrigió su situación. Diversos reportes muestran que muchas personas siguen enfrentando rechazos de crédito aun después de haber liquidado sus adeudos, limitando su capacidad para emprender, generar empleo o mejorar el bienestar de sus familias.
Por eso vale la pena abrir una discusión seria sobre una segunda oportunidad financiera. Reducir la permanencia de ciertos incumplimientos de 72 a 36 meses cuando la deuda ya fue liquidada, facilitar el acceso gratuito a una constancia oficial de deuda saldada y dar mayor transparencia al historial crediticio no significa debilitar al sistema; significa fortalecer la confianza y premiar la responsabilidad.
Una deuda puede explicar un momento difícil de nuestra vida, pero no debería definir todo nuestro futuro. Todos hablamos de segundas oportunidades. Tal vez ha llegado el momento de que también existan dentro del sistema financiero. Porque un país crece cuando permite que quien cayó, se levantó y cumplió, tenga la oportunidad de volver a avanzar.