Lo que dicen las encuestas

Bajo presión

En las elecciones del 2027, la capital de Aguascalientes va a ser ganada, otra vez, por el Partido Acción Nacional. A quienes les pregunto porque aseguran con tanta convicción que el panismo mantendrá la ciudad, de inmediato me responden citando alguna encuesta. Es cierto, la inmensa mayoría de estos estudios indican que el PAN se mantiene como la fuerza política dominante en la entidad, manteniendo una ventaja competitiva frente a su más cercano contendiente, el Movimiento de Regeneración Nacional.

De acuerdo a un estudio de CRIPESO con datos a julio de este año, los datos más recientes señalan que la batalla por la presidencia de Aguascalientes la fidelidad preelectoral coloca a Acción Nacional arriba en las preferencias con un 47.20%, y en segundo lugar a Morena con un 25.45%. Este reporte preelectoral, como muchos, le concede la razón a los panistas que festejan desde ya que volverán a encabezar el Ayuntamiento capitalino.

Sin embargo, esta es una lectura superficial de la información y que necesariamente se modifica cuando se analizan otras respuestas a preguntas de la encuesta, porque los porcentajes entre el PAN y Morena que definen Aguascalientes como una entidad bipartidista, re refieren a la identidad y el voto duro de la ciudadanía a la que se le preguntó “¿Por cuál partido generalmente vota?”. La marcada polarización del aguascalentense entre esos partidos se sustenta en que debajo de Morena y el PAN, el resto de los institutos políticos se posicionan muy por detrás, incluso por debajo de la población que respondió que No sabe por cuál partido va a votar: Movimiento Ciudadano registra un 6.80% y el Partido Revolucionario Institucional (PRI) alcanza apenas un 6.40%, el resto de los partidos queda debajo de quienes Anulan su voto y quienes No votan.

Al análisis habría que agregar que más allá de la inclinación partidista, existe un fuerte rechazo hacia los liderazgos tradicionales en ciertas fuerzas políticas y una agenda de exigencias ciudadanas concentrada en la seguridad y la transparencia.

La fidelidad partidista no necesariamente representa lo que se conoce como el “voto duro”, esa fidelidad se modifica cuando se agregan nombres, la decisión de votar por Acción Nacional se ve afectada cuando se designa candidato.

La encuesta de CRIPESO rumbo a la Alcaldía Aguascalientes 2027 perfila una competencia interna cerrada entre panistas. Mónica Becerra Moreno lidera las preferencias de los simpatizantes blanquiazules con un 19.91%, le sigue a corta distancia Alma Hilda Medina Macías con el 16.64%, Luis Enrique García López con un 14.38%, José Juan Sánchez Barba con el 10.33%,y Paloma Amézquita Carreón registra un 5.62%. Mientras que el porcentaje de encuestados que optó por la opción Ninguno se ubicó en 20.33%.

Primer punto para tomar en cuenta al leer las encuestas, la fidelidad partidista no le asegura a ninguno de los aspirantes el triunfo, eso se decide en la campaña; el orden en que aparecen los aspirantes no significa que alguno de ellos vaya a ser, eso ni siquiera lo decide la militancia blanquiazul; entonces hay que matizar la aseveración de que el PAN va a ganar, de nuevo, la capital en el 2027.

Para la clase política de Aguascalientes hay varias lección en esta encuesta, en especial para los aspirante a la candidatura:

La primera es la más obvia y, sin embargo, la que más se olvida: una encuesta no gana elecciones. Sirve para conocer un momento específico, identificar fortalezas, debilidades y oportunidades, pero convertir un estudio demoscópico en una profecía sólo conduce a la complacencia de unos y a la desesperación de otros. Las campañas modifican percepciones, los candidatos cambian la conversación y los errores también se reflejan en las mediciones. Quien crea que julio de 2026 define el 2027, está leyendo la encuesta como si fuera una boleta electoral.

La segunda lección tampoco debería pasar inadvertida. Estar bien ubicado en una medición no equivale a tener asegurada la candidatura. Las encuestas son apenas uno de los muchos elementos que ponderan los partidos: pesan los acuerdos internos, la competitividad, las alianzas, el contexto político y las decisiones de las dirigencias. Confundir posicionamiento con nominación ha llevado a más de un aspirante a celebrar demasiado pronto y a descubrir, meses después, que el partido (y en el caso de Aguascalientes la gobernadora) tenía otros cálculos.

La tercera lección contradice uno de los lugares comunes de la política local. Se repite hasta el cansancio que las campañas se ganan con dinero y exposición publicitaria. Los datos obligan a matizar, hay aspirantes que durante meses han invertido en espectaculares, entrevistas, promoción personal y presencia permanente en el espacio público sin que esa inversión se traduzca proporcionalmente en reconocimiento o preferencia. La propaganda puede hacer visible un nombre, pero no sustituye el trabajo político cotidiano, el contacto con la militancia y la construcción paciente de una reputación.

La cuarta lección debería preocupar especialmente a quienes hoy encabezan equipos de precampaña. Una encuesta no sólo evalúa al aspirante; también pone a prueba la eficacia de quienes diseñan la estrategia. Si después de meses de inversión económica y exposición mediática los resultados son pobres y apenas alcanzan para segundos o terceros lugares, el problema no es el candidato, sino el diagnóstico y las decisiones de quienes lo rodean. Las mediciones sirven precisamente para corregir el rumbo, no para fabricar optimismo.

Leída más allá de la superficie, la encuesta deja de ser un ranking para convertirse en una herramienta de análisis. Lo verdaderamente interesante no es quién aparece uno o dos puntos arriba o abajo, sino cómo llega y se mantiene. Mientras algunos aspirantes han privilegiado la propaganda, otros parecen estar siendo recordados por un trabajo menos visible, pero más constante. No es casual que Mónica Becerra encabece esta medición con una exposición pública menor que otros contendientes, ni que Paloma Amézquita haya irrumpido rápidamente en la conversación apenas después de levantar la mano. Ambas sugieren que el territorio, la estructura y el trabajo político siguen pesando más que el espectacular mejor iluminado. Esa quizá sea la lectura menos superficial de todas: hacer política premia el trabajo antes que la propaganda

 

Coda. El problema nunca ha sido la encuesta, sino quien la confunde con una bola de cristal, por eso George Gallup aseguraba que “Las encuestas nunca deben usarse para manipular o engañar al público; su propósito debe ser medir y comprender objetivamente la opinión pública”.

 

@edilbertoaldan

 

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