Las fronteras también deben protegerse con ciencia

Opinión

La plaga que comenzó en la herida de un animal terminó cerrando toda una frontera comercial y esto es justamente lo que ocurrió con el gusano barrenador del ganado, cuya expansión provocó que Estados Unidos suspendiera durante más de un año la importación de ganado mexicano y generara pérdidas e incertidumbre para miles de productores.   La buena noticia es que el pasado 24 de julio, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos anunció que la frontera comenzará a reabrirse gradualmente a partir del 24 de agosto y detalló que el primer cruce habilitado será el de Douglas, Arizona, mientras se preparan aperturas posteriores en Nuevo México. No obstante, cada animal deberá pasar por una inspección sanitaria y el proceso dependerá del cumplimiento del plan de acción acordado entre ambos países.   Esto representa un avance pero hay que decir que el problema aún no está resuelto porque el gusano barrenador sigue siendo una amenaza latente dado que la larva puede afectar a animales domésticos, fauna silvestre e incluso seres humanos, por lo que su propagación exige vigilancia permanente, atención inmediata de heridas, control de la movilización pecuaria y liberación de moscas estériles para interrumpir su reproducción.   En junio pasado, las autoridades de San Luis Potosí reportaron 147 casos activos y acciones de vigilancia en los 59 municipios, lo que implica que la presencia de la plaga compromete el patrimonio de las familias ganaderas y golpea con mayor fuerza a los pequeños productores, quienes cuentan con menos recursos para absorber pérdidas, trasladar animales o cumplir nuevos requisitos.   Este episodio deja una enseñanza que rebasa al sector pecuario y es que de poco sirven los acuerdos comerciales sin sanidad animal, cuando una emergencia sanitaria interrumpe exportaciones, reduce ingresos y coloca bajo sospecha cadenas productivas completas.   También demuestra que ninguna frontera puede protegerse mediante decisiones aisladas y una vez más, comprobamos como México y Estados Unidos necesitamos compartir información, coordinar inspecciones y responder con criterios científicos.    Desde el Senado tenemos que dar seguimiento a los compromisos bilaterales, respaldar presupuestos suficientes para la prevención sanitaria y escuchar a las organizaciones ganaderas porque, aunque los controles son indispensables, éstos deben acompañarse de capacitación y apoyo para evitar que su costo recaiga únicamente en quienes producen.   La reapertura de la frontera no es el final de esta emergencia, sino la oportunidad de impedir que vuelva a repetirse. Ambos países debemos convertir la cooperación sanitaria en una política permanente, ya que la confianza comercial no se recupera con declaraciones ni se protege levantando barreras. Se construye con prevención, evidencia científica y capacidad para actuar antes de que la herida de un animal vuelva a cerrar la frontera de todo un país.  
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