No es suficientecon tener vida, también necesitamos saber vivirla.
Tener bienes,no bastacuando no sabemos, silos tenemos, o si nos tienen.
La vida es para saborearse. Aunque para eso, necesitamos sabiduría.
Es mucho lo que pedimos a Dios; pero olvidamos pedir lo primordial: “sabiduría de corazón”.
De lo contrario, para quéqueremos vida, sino sabemos cómo vivirla.
Por eso, la vida óptima, es la que se vive con sabiduría.
Antes de pedir cualquier cosa, lo primeroque hay que pedir, essabiduría. Porque ésta, es un don que viene del cielo.
Diosofreció a Salomón, darle todo lo que él pidiera; sin embargo, él prefirió pedir sabiduría.
Así lo dice la Escritura: “Soy tu siervo y me encuentro perdido en medio de este pueblo tuyo, tan numeroso, que es imposible contarlo. Por eso te pido que me concedas sabiduría de corazón para que sepa gobernar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal. Pues sin ella, ¿quienserá capaz de gobernar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal?”. (1Re 3).
Es importantela sabiduría de corazón; así, el cerebro estará conectado con el corazón.
La sabiduría, esel tesoro escondido, por la hay que dejarlo todo.
Ya lo dice el Evangelio: “El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, va y vende cuánto tiene y compra aquel campo”. (Mt.13).
La sabiduría, lo es todo, con ella podemos conservar lo que tenemos, y recuperar lo que hemos perdido.
Sabiduría, essaborear lavida.
Siempre que pidamos algo, loprimeroes pedir sabiduría; solo así, sabremos cómo caminar en esta vida.
Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.
EVANGELIO
Del santo Evangelio según san Mateo 13, 44-52
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo. El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra.
[También se parece el Reino de los cielos a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.
¿Han entendido todo esto?» Ellos le contestaron: «Sí». Entonces él les dijo: «Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas».] Palabra del Señor.